Historia

Cinco películas, una guerra de Vietnam y ningún acuerdo: por qué el cine de Estados Unidos nunca contó la misma historia

Molly Se-kyung

La voz gastada que lleva al capitán Willard río arriba en Apocalypse Now la escribió alguien que sí pisó la guerra. Michael Herr, el corresponsal de Despachos de guerra, le dio esa narración exhausta a Francis Ford Coppola. Años después coescribió Full Metal Jacket con Stanley Kubrick. Un mismo testigo, dos películas, dos guerras que no se parecen. Así funciona Vietnam en el cine: el mismo terreno produce películas que se contradicen.

El cine de Estados Unidos tiene guerras sobre las que se puso de acuerdo. La Segunda Guerra Mundial halló su forma hace décadas. Vietnam, nunca. Los títulos que cualquiera nombra — Apocalypse Now, Platoon, Full Metal Jacket, Nacido el 4 de julio y la primera de Rambo, Acorralado — no arman un solo relato. Discuten.

La guerra de la que discuten

La guerra terrestre arrancó en una playa: el 8 de marzo de 1965 desembarcaron cerca de Da Nang los primeros marines de combate. Lo que siguió no tuvo forma clara. La ofensiva del Tet, en enero de 1968, lanzó a más de ochenta y cinco mil combatientes contra un centenar de ciudades al mismo tiempo; fracasó como operación militar, pero quebró la idea de que la guerra se estaba ganando. Poco después llegó la matanza de My Lai.

Los números son lo que ninguna película suaviza. La guerra costó 58.220 vidas militares estadounidenses. Las muertes vietnamitas se cuentan por millones; el cálculo oficial de Vietnam, de 1995, habla de unos dos millones de civiles y más de un millón de combatientes. Terminó el 30 de abril de 1975 con los tanques en Saigón. Sin rendición que consolara al perdedor, sin final pactado.

Alguaciles federales se llevan cargando a un manifestante contra la guerra en una protesta en Washington
Alguaciles federales retiran a un manifestante contra la guerra en una protesta en Washington, octubre de 1967. Foto: Archivos Nacionales de EE. UU. (dominio público).

Quién puede contarla

Ahí se dividen, y es una decisión antes que un estilo. Coppola le entrega el relato a Willard (Martin Sheen), un asesino tan vacío que apenas registra su misión. Partiendo de El corazón de las tinieblas, empujó la guerra hacia la fiebre. El rodaje casi lo destruye — 238 días, un tifón, el infarto de Sheen, su propia plata — y la película llegó a Cannes sin terminar y se llevó la Palma de Oro. Como el narrador pierde la cabeza, la guerra parece locura.

Kubrick hace lo contrario. Full Metal Jacket se parte en dos. La primera mitad no sale del campo de instrucción de Parris Island, donde un instructor desarma a una sección de reclutas y la rearma para matar a la orden. El cuartel es la guerra. Recién entonces salta a Hue durante el Tet, que Kubrick reconstruyó en una vieja gasificadora británica. Donde Coppola filma una alucinación, Kubrick filma una cadena de montaje, más fría porque es más razonable.

Desde el barro, y el cuerpo que regresa

Oliver Stone tenía algo que los demás no: estuvo ahí, en la 25.ª División de Infantería cerca de Camboya, herido dos veces, de vuelta con una Estrella de Bronce. Platoon narra desde dentro del pelotón, donde el enemigo a menudo son los propios estadounidenses; ganó mejor película y mejor dirección. Después, Nacido el 4 de julio siguió a Ron Kovic, un marine que volvió paralítico y se volvió contra la guerra. Las dos sostienen la cámara sobre el cuerpo roto cuando ya nadie dispara.

Pequeñas banderas de Estados Unidos al pie del muro de granito negro del Memorial de los Veteranos de Vietnam
Banderas dejadas junto al muro del Memorial de los Veteranos de Vietnam, en Washington. Foto: Austin Kirk (CC BY 2.0).

Y está la película que se fue de Vietnam. Acorralado mete toda la pregunta en un pueblo estadounidense. John Rambo (Sylvester Stallone) es el veterano que las otras dejan en el frente: vuelve a un país que no sabe qué hacer con él, se entera de que su último compañero murió de un cáncer ligado al agente naranja y termina cazado por la policía. Antes de las secuelas, el primer Rambo hablaba del abandono.

Por qué el desacuerdo es el punto

Juntas, no compiten por ser la Vietnam definitiva. Son cinco testigos que vieron cosas distintas y no fingieron lo contrario. La alucinación, la cadena de montaje, el barro, la silla de ruedas, el pueblo que lo rechaza: cada una fiel a su mirada, falsa para las otras. Herr pudo escribir la fiebre y la fábrica porque cubrió una guerra que daba para ambas.

Hoy, décadas después, esa falta de acuerdo es lo más honesto que tienen. No te dicen qué fue Vietnam. Te dicen que hay hechos demasiado grandes para una sola cámara, y que la única forma fiel de filmar esta guerra era seguir discutiéndola. Por eso ninguna se basta sola.

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