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Apocalipsis Ahora: Coppola volvió la guerra de Vietnam una alucinación de luz y sonido

Jun Satō

Las palmeras quietas bajo el calor. Luego la línea de árboles se deshace en un muro de fuego naranja, el batir lento de las hélices se funde con el zumbido de un ventilador de techo y un hombre suda en un cuarto de hotel de Saigón con la guerra ya corriendo detrás de los ojos. Apocalipsis Ahora anuncia su método en el primer minuto: será una alucinación controlada, el sonido plegado sobre la imagen hasta que la selva y el interior de un cráneo sean el mismo lugar.

La historia es una línea recta y la película es todo menos eso. Al capitán Willard lo mandan río arriba, rumbo a Camboya, a encontrar al coronel Kurtz, un oficial condecorado que se salió del alcance del ejército y se instaló como un dios entre la gente a la que lo mandaron a combatir. Francis Ford Coppola tomó El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y lo dejó flotar por un río tropical en plena guerra; el viaje río arriba se vuelve la arquitectura de toda la cinta, cada recodo un descenso más hondo, cada parada un poco más lejos de cualquier mundo con sentido.

Luz y sonido

Aquí la película no tiene rival. Vittorio Storaro la fotografió entre humo y color saturado —amaneceres de magnesio, atardeceres violetas, rostros encendidos por bengalas y combustible ardiendo— y Walter Murch armó a su alrededor una de las primeras verdaderas mezclas envolventes del cine, así que los helicópteros parecen cruzar la sala por encima de tu cabeza. El ataque a la aldea costera, lanzado con la Cabalgata de las valquirias de Wagner a todo volumen desde bocinas atornilladas a los helicópteros, sigue siendo la secuencia más emocionante y más obscena de su tipo, con el Kilgore de Robert Duvall paseándose erguido entre las explosiones para soltar la frase que todos recuerdan sobre el olor del napalm. La imagen sostiene el argumento; el sonido lo remata.

El río

Coppola arma el descenso como una serie de estaciones: un tigre entre el verde, un sampán revisado y luego masacrado por un cachorro escondido, un show de la USO que se desborda en estampida, un puente iluminado como feria en el fin del mundo donde ningún soldado sabe decir quién manda. Martin Sheen lo lleva hacia adentro, con un Willard que se angosta de soldado a testigo y a algo más frío, mientras Sam Bottoms, Frederic Forrest, Laurence Fishburne y Albert Hall tripulan una lancha llena de hombres a los que la guerra va gastando en silencio. Mientras más se acerca el agua a Kurtz, menos quiere explicarse la guerra.

Una escena de Apocalipsis Ahora (1979), de Francis Ford Coppola
Apocalipsis Ahora (1979), de Francis Ford Coppola.

Kurtz y la oscuridad del final

Entonces llega Marlon Brando, enorme y apenas entrevisto, y la película cambia de temperatura. Ante un actor que llegó pasado de peso y sin preparar, Coppola volvió estética el problema: hundió a Kurtz en la sombra y dejó que una cabeza calva surgiera de lo negro mientras una voz grave murmura sobre el horror. La parte del campamento es el tramo más discutido de la cinta: para unos, un descenso hipnótico al mito; para otros, un anticlímax detenido y demasiado filosófico tras el empuje del río. El rodaje se volvió leyenda —un tifón que arrasó los sets, el infarto de Sheen, helicópteros retirados a media toma para combatir una insurgencia real— y quedó expuesto después en el documental El corazón de las tinieblas.

Por qué sigue mereciendo la calificación

La reserva honesta es la que la propia película te entrega: la parte de Kurtz pierde el impulso atroz de todo lo anterior, y la penumbra improvisada de Brando puede pasar de lo profundo a lo simplemente oscuro. Frente a lo que la cinta hace con la imagen y el sonido, de todos modos, la objeción es pequeña. Ninguna película bélica posterior se ha fotografiado ni mezclado así, y ninguna ha puesto en escena la lenta conversión de un hombre en arma —y luego en testigo— con tanta belleza y tanto pavor. Sigue siendo imprescindible.

Apocalipsis Ahora se estrenó en 1979, dirigida por Francis Ford Coppola a partir de un guion que escribió con John Milius, con narración de Michael Herr, en libre adaptación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Martin Sheen, Marlon Brando, Robert Duvall, Frederic Forrest, Sam Bottoms, Laurence Fishburne y Dennis Hopper encabezan el reparto. La fotografía de Vittorio Storaro y el sonido de la película ganaron sendos Óscar, y la cinta compartió la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

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