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Copa del Mundo 2026, octavos de final: Marruecos cambió todo en el descanso y Francia no tuvo que hacerlo — los cuartos en Boston ponen a prueba ambos argumentos

Dos favoritos y dos rivales armados para incomodarlos: Marruecos resolvió el asedio de Canadá dejando de forcejear y saliendo al contragolpe, mientras Francia nunca abrió el bloque bajo de Paraguay y necesitó un penal para ganar.
Kenji Nakamura

Marruecos revirtió un primer tiempo dominado por Canadá cambiando de plan al descanso y ganando 3-0. Francia apenas necesitó un penal de Mbappé para superar el bloque bajo paraguayo. Ambos se miden en cuartos en Boston con respuestas opuestas al mismo problema.

Los octavos de final repitieron la pregunta más difícil del torneo de eliminación en dos estadios distintos: cómo se le gana a un equipo que decidió no jugar. Canadá presionó a Marruecos sin descanso en Houston; Paraguay se atrincheró en un bloque bajo y desafió a Francia a encontrar el camino en Filadelfia. Los dos favoritos avanzaron. Ninguno lo hizo aplastando al rival, y el contraste entre sus formas de pasar ronda ya es el argumento central del partido que se viene.

Durante cuarenta y cinco minutos en Houston, Marruecos fue segundo en cada aspecto que contaba. El equipo de Jesse Marsch presionó con orden e intención, empujando a los marroquíes hasta su propio campo: trece toques en el área de Marruecos por un solo toque de Marruecos en la de Canadá, un cerco por cualquier lectura honesta. Parecía el tipo de primer tiempo que elimina a un favorito. El defecto de todo cerco es que tiene que producir gol. El de Canadá no lo produjo.

La respuesta de Walid Regragui al descanso fue dejar de jugar en los términos de Canadá. Marruecos dejó de insistir en pases por dentro de la presión, soltó la pelota cuando la trampa invitaba al error y permitió que el partido respirara. En cinco minutos la imagen se invirtió. Un tiro libre de Achraf Hakimi encontró a Azzedine Ounahi en la frontal, y su remate raso se fue entre las piernas hasta batir al portero Max Crépeau. Una vez adelante, Marruecos jugó como quería: replegado, cediendo la pelota sin angustia, saliendo al espacio que deja un rival que busca el empate. Ounahi anotó el segundo al contragolpe con ocho minutos por jugar; Soufiane Rahimi puso el tercero en el tiempo de compensación. Ambos goles nacieron de la misma lógica de transición que Marruecos instaló desde que se puso arriba.

Francia llegó a Filadelfia con el ataque más valioso del torneo — Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé, Michael Olise y Bradley Barcola — y pasó la mayor parte del juego buscando una entrada. El Paraguay de Gustavo Alfaro no le dio ninguna. El bloque se plantó bajo y angosto, Julio Enciso adelante como único apoyo, y la compresión del espacio le planteó a Francia una pregunta que el talento solo no respondía: cómo se rompe una defensa que entregó el balón y media cancha por voluntad propia, y solo pide que encuentres un hueco que no existe. Un penal, que Mbappé convirtió a veinte minutos del final — su séptimo gol en el torneo — separó a dos equipos que por lo demás se habían cancelado. Paraguay reclamó. Su molestia tenía menos que ver con la decisión que con lo que reveló: habían cumplido su plan y perdieron igual.

El cuadro armó un debate táctico real en los cuartos. Marruecos buscará hacerle a Francia lo mismo que le hizo a Canadá — ceder la pelota, sentarse en el bloque, esperar el contra — lo que le devuelve a Francia justo el problema que no pudo resolver ante Paraguay durante setenta minutos. Marruecos también llega con cuenta pendiente: el primer tiempo contra Canadá demostró que una presión disciplinada puede ahogar su salida, y para ganarle a Francia tendrá que convertir el territorio en goles.

Dos equipos avanzaron la misma tarde respondiendo la pregunta más difícil del torneo de eliminación por caminos opuestos. Uno reescribió su plan. El otro no necesitó hacerlo. En Boston, los cuartos deciden cuál respuesta aguanta.

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