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«La mujer prohibida» en Netflix: una primera dama, un cantante y un matrimonio atado a una campaña

Liv Altman

Una mujer sobrevive a un atentado que iba dirigido a su marido, y el desconocido que la rescata de entre los fierros es un cantante. «La mujer prohibida» regresa siempre a esa escena, porque todo lo que la serie quiere decir está en la distancia entre el hombre que Karen Arbeláez eligió y el que por azar le salvó la vida. A uno le debe el matrimonio; al otro, la vida. Ninguna deuda se paga. Desde ese primer choque la novela tiene su verdadero tema: no a quién ama Karen, sino si esa decisión llegará a ser suya.

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«La mujer prohibida» es una telenovela colombiana, la gran apuesta de Caracol Televisión, y llega a Netflix para un público que nunca ha seguido una novela diaria. Y hace algo poco común en el género: nombra sus fuentes. Karen se casa con Alejandro Orduz, que aspira a la presidencia, y se enamora de Víctor Rodríguez, un cantante cuya fama vive justo de las emociones que su matrimonio existe para controlar. Quien conozca «Anna Karénina» reconoce el molde: el matrimonio respetable, la pasión que arruina, una sociedad que al hombre se lo perdona todo y a la mujer nada.

Sobre Tolstói la serie injerta una segunda novela rusa. Kitty, la hermana de Karen, intenta sacar a un joven, Daniel Caballero, de un plan de venganza contra su propio padre, Fernán, al que culpa de la muerte de su madre. Es «Los hermanos Karamázov» entrando por la puerta lateral: la rabia contra el padre, la culpa heredada, un padre fácil de odiar y difícil de dejar. Las dos historias no se decoran entre sí; son la misma contada a distinta temperatura.

Valerie Domínguez, en su regreso a la actuación, arma a Karen como una mujer a la que todos narran menos ella. El marido la escribe en la campaña como primera dama; la prensa, en un escándalo; y solo Víctor, que hace David Palacio, quiere oír la versión que ella contaría. Rodrigo Candamil se lleva el papel más revelador, el de Orduz, un candidato que sabe que los sentimientos privados de su esposa son un pasivo público y maneja su corazón como se maneja una filtración. No es un villano de caricatura, y por eso pega. A su lado, Caterin Escobar y Fernando Solórzano encabezan un elenco que Daniel Arenas y Mauricio Cruz dirigen sin disculparse por el género.

La jugada más interesante es meter una industria musical dentro de una trama política. Como Víctor canta, la serie le da a las canciones el trabajo que el diálogo, vigilado por la campaña, no puede hacer. En una casa conectada a unas elecciones, donde cada frase puede volverse propaganda, el sentimiento tiene que ir a algún lado, y aquí va a la música: el único cuarto donde el poder no entra del todo.

Ahí el título deja de ser gancho y se vuelve tesis. La mujer prohibida no solo es una mujer atraída por un amor prohibido; es una mujer a la que le prohíben cosas: su nombre en los diarios, su decisión sobre a quién acompañar, su vida fuera de la contienda. El marido le da el ultimátum al que apunta toda la serie: la cárcel, o dejar al cantante y hacer de primera dama a la hora exacta. En un país donde una campaña presidencial vuelve escenario cada hogar, el melodrama no exagera la política: la describe.

Es una veta que la televisión colombiana ya trabajó, y la serie lo sabe. Se inscribe en un linaje claro de Caracol —«Café, con aroma de mujer», «La venganza de Analía», «La reina del flow»— y luego lo tuerce, dejando que el thriller político y el melodrama musical compartan columna. Sus 61 capítulos son tiempo de novela de emisión, no de temporada corta, y la serie los usa para que los ecos entre sus dos tramas de deseo y venganza se acumulen de a poco.

La pregunta que deja abierta es la que no se atreve a cerrar: si una mujer dentro de esta maquinaria toma alguna vez una decisión que sea solo suya, o si cada elección privada terminará confiscada por el marido, la familia, el país y la campaña que la necesita sonriendo a tiempo. «Anna Karénina» tenía una respuesta, y no era piadosa.

«La mujer prohibida» tiene 61 capítulos y llega a Netflix el 29 de julio, en su español original con subtítulos, tras su emisión en Caracol Televisión en Colombia. La protagonizan Valerie Domínguez, David Palacio y Rodrigo Candamil, la dirigen Daniel Arenas y Mauricio Cruz y la produce Juan Carlos Villamizar.

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