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Netflix estrena Poldi el día que Lukas Podolski cumple 41, a unos días del Mundial 2026

Jack T. Taylor

La cámara busca primero a Colonia: la luz gris y dorada que sube del Rin, la catedral con sus dos agujas negras, las calles bajas de ladrillo de Mülheim donde un niño con botas heredadas le pegó a un balón contra una pared hasta que la pared aprendió su nombre. Poldi, el documental que llega a Netflix, retrata la ciudad como un pintor retrata las manos de su modelo. El lugar dice quién es el hombre antes de que hable.

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El hombre es Lukas Podolski, y la película lo lleva de esa esquina al verde de una final del Mundial. La dirigen Nicolas Berse-Gilles, Simone Schillinger y Kai Sehr, y arranca en lo que iba a ser una temporada de despedida que termina por desarmarse sola.

Lo que le da textura no son los goles, aunque los goles están, pegados con esa zurda plana y brutal que lo volvió el rematador más confiable de Alemania. Es la distancia entre dos nombres. Poldi es la mascota que sonríe, el que abrió un puesto de kebab y una marca de helados. Lukas Podolski es el hijo de inmigrantes polacos, nacido en Gliwice y criado en un rincón obrero alemán, que cargó una pregunta sobre dónde pertenecía a lo largo de 130 partidos y 49 goles con la selección.

Los directores filman al Podolski de hoy en planos cálidos: cocinas, canchas de entrenamiento, las trastiendas de sus negocios, la tribuna del club polaco de Zabrze que ahora financia. Cortan contra un archivo más frío y azul, color de cinta vieja, donde un joven número diez festeja frente a un muro de camisetas alemanas y no siempre canta. El contraste no se explica. Se arma con la imagen.

Ahí vive el relato migratorio, no en la voz en off sino en el encuadre. Un hijo del largo movimiento de trabajadores entre Polonia y el oeste industrial alemán se vuelve rostro de una selección, y la película trata su lealtad como algo que tuvo que construir, no heredar. Aparecen compañeros y figuras de la época para completar el cuadro: Thomas Müller, el portero vuelto directivo Oliver Kahn y Joachim Löw, el técnico que armó al equipo que ganó todo.

Esa victoria es el color más alto. La final de Brasil, el oro y el verde del Maracaná, un chico de Colonia entre los que levantaron la copa que su ciudad esperó generaciones para ver. Una película menor se disolvería en un montaje con violines. Estos directores aguantan los rostros más allá del corte cómodo y dejan que el triunfo se lea como final y como problema.

Colonia funciona menos como fondo que como segundo personaje, y el hilo polaco corre por debajo de todo: la inversión en el Górnik Zabrze se filma como un viaje de regreso en sus propios términos, cerrando el círculo que sus padres abrieron al cruzar una frontera por trabajo. Por eso el documental se niega al adiós ordenado y sigue los rodeos en lugar de alisarlos. Y deja abierta, a propósito, la pregunta que pesa: si la mascota Poldi y el migrante Lukas Podolski fueron alguna vez el mismo, y cuál queda cuando el futbol se detiene.

Poldi se estrena en Netflix el 4 de junio, cuando Podolski cumple 41 años, tras un lanzamiento en el RheinEnergieStadion de Colonia con aficionados que llegaron con la camiseta blanca de la ciudad y su viejo número diez. Llega pocos días antes de que el Mundial 2026 abra en Estados Unidos, México y Canadá. El audio original es alemán.

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