Arte

La artista y escritora Harmony Hammond metió el arte lésbico en la historia; Still Dangerous! hace lo mismo con ella

Cinco décadas de ensayos, cartas y entrevistas de la pionera feminista, editadas por Tirza True Latimer, llegan con una plática
Lisbeth Thalberg
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Mucho antes de que la mayoría de los museos contara con un vocabulario para nombrarlo, Harmony Hammond ya lo estaba escribiendo. Hace medio siglo trenzó retazos de tela rescatados de los botes de basura del distrito de la confección de Nueva York para hacer piezas de piso a modo de tapetes de trapo, y empapó en pintura restos donados, con lo que logró objetos que se plantan, tercos, entre la pintura y la escultura. Junto a la obra llegaron las palabras: ensayos, reseñas, cartas y textos que defendían, una y otra vez, a las mujeres y a las artistas lesbianas a quienes el mundo del arte prefería no ver. Esos escritos por fin se reunieron en un solo volumen, cuyo título suena a veredicto sobre su vigencia: Still Dangerous! The Harmony Hammond Reader.

Editado por la historiadora del arte Tirza True Latimer, con un prólogo de Julia Bryan-Wilson, el libro recorre cinco décadas de escritos de Hammond. Sus temas son los que nunca ha soltado: la invisibilidad histórica de las mujeres y las artistas lesbianas, la forma en que el género y la sexualidad moldean la práctica creativa, la materialidad, el alcance cada vez mayor del feminismo, la resistencia a la censura y las estrategias de la abstracción feminista y queer. Los ensayos conviven con declaraciones de artista, pláticas, cartas y entrevistas: una mente en pleno trabajo, más que una doctrina terminada.

Detalle de una pintura de Harmony Hammond con lienzo color crema en capas, ojillos metálicos, una solapa de tela roja y paneles café rojizo en la parte inferior
Imagen: cortesía de Alexander Gray Associates

Esa mente moldeó instituciones además de argumentos. Hammond se mudó a Nueva York en 1969 y ayudó a fundar A.I.R., la primera galería cooperativa para mujeres artistas de la ciudad, y después Heresies: A Feminist Publication on Art & Politics. Entre sus libros anteriores están Wrappings, una compilación de sus textos de los años setenta y principios de los ochenta, y Lesbian Art in America: A Contemporary History, que se volvió referencia obligada para un campo que casi no tenía una. Vive y trabaja en el norte de Nuevo México desde 1984 y por años dio clases en la Universidad de Arizona, en Tucson.

Latimer es una editora idónea. Profesora emérita de historia del arte y cultura visual en el California College of the Arts, en San Francisco, es autora de Women Together / Women Apart: Portraits of Lesbian Paris y coautora, junto con Wanda Corn, de Seeing Gertrude Stein: Five Stories, una obra académica leída desde la mirada feminista y queer que Hammond ayudó a afilar. Entre los colaboradores están el crítico Holland Cotter y los artistas Ulrike Müller y Carlos Motta, además de la escritora Jenn Shapland.

Retrato en blanco y negro de la artista Harmony Hammond sonriendo bajo un sombrero de fieltro de ala ancha
Imagen: cortesía de Alexander Gray Associates

El lanzamiento tendrá la forma de una conversación, no de una lectura. Hammond estará acompañada por Latimer y por el artista Steve Locke, cuya pintura, dibujo, escultura e instalación cuestionan el canon occidental para explorar los vínculos entre deseo, identidad y violencia. La mancuerna es atinada: Locke trabaja el canon desde adentro, mientras que Hammond lleva medio siglo preguntando quién quedó fuera.

La plática sobre el libro será el jueves 29 de octubre, de 6:30 a 8:30 p. m., en el Leslie-Lohman Museum of Art de Nueva York, el museo dedicado al arte LGBTQIA+, y requiere confirmar asistencia (RSVP). La anunció Alexander Gray Associates, la galería neoyorquina que representa a Hammond. Still Dangerous! lo publica Duke University Press y tiene 530 páginas en inglés.

El signo de exclamación del título no es nostalgia. Reunidos entre dos pastas, unos textos antes dispersos en revistas, catálogos y notas de conferencias se convierten en lo que Hammond se pasó la carrera exigiendo para las mujeres artistas: un registro que nadie pueda fingir que nunca existió.

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