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Jack London, el pirata de ostras que llevó lo salvaje a la ficción de Estados Unidos

Penelope H. Fritz
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Jack London
Jack London
Photo: Arnold Genthe / Public domain, via Wikimedia Commons
Nacimiento12 de enero de 1876
San Francisco, California, United States
Fallecimiento22 de noviembre de 1916 (40)
OcupaciónNovelista

El 12 de enero de 2026, el parque histórico estatal Jack London, en la montaña Sonoma, en California, dejó entrar sin costo a sus visitantes para festejar los 150 años del hombre que está enterrado ahí, bajo una roca cubierta de musgo. El aniversario ocupa todo el año del parque: hubo un festival Call of the Wild en mayo y el 6 de noviembre habrá una plática sobre sus fotografías inéditas de Molokai. La pregunta que lo atraviesa todo es otra: ¿cómo un muchacho que trabajaba en una enlatadora de Oakland, y que murió a los 40 años, se volvió uno de los primeros escritores de Estados Unidos en convertir la ficción en fama mundial y en una fortuna?

Su nombre de nacimiento fue John Griffith Chaney; llegó al mundo en San Francisco el 12 de enero de 1876. El astrólogo William Chaney, a quien los biógrafos consideran su padre, nunca lo reconoció, y ese mismo año su madre, Flora Wellman, se casó con John London, veterano de la Guerra Civil con una discapacidad parcial; el niño se quedó con ese apellido. El cariño más grande se lo dio Virginia Prentiss, una vecina que había vivido en la esclavitud y que lo amamantó de bebé. En la biblioteca pública de Oakland, Ina Coolbrith, que con los años sería la primera poeta laureada de California, le iba pasando libro tras libro.

Con 13 años ya cumplía jornadas de 12 a 18 horas en una enlatadora. Se hizo de una balandra, la Razzle-Dazzle, para asaltar los criaderos de ostras de la bahía de San Francisco, y después se cambió de bando: entró a la Patrulla Pesquera que perseguía a los asaltantes. En 1893 se embarcó en una goleta de cazadores de focas con destino a Japón. Al año siguiente se sumó a una marcha de desempleados hacia Washington y terminó 30 días en la penitenciaría del condado de Erie, en Buffalo, acusado de vagancia. Ese año sobre las vías le daría después la materia de The Road (1907), un libro de vagabundos, trenes de carga y prisión. Logró entrar a Berkeley en 1896 y salió un año más tarde porque no le alcanzaba el dinero.

En julio de 1897 navegó al norte, rumbo a la fiebre del oro del Klondike. Regresó sin una pepita, con escorbuto y con cuatro dientes de enfrente menos, pero traía el material de todo lo que lo haría famoso. Cuando la revista The Black Cat le pagó 40 dólares por un cuento, aseguró que eso lo había salvado «literal y literariamente». Su primera colección de cuentos, The Son of the Wolf, se publicó el 7 de abril de 1900, el día de su boda con Bessie Maddern. Encender una hoguera deja ver qué tan rápido aprendía. La versión de 1902, para público juvenil, tiene final feliz; la que reescribió en 1908 para The Century Magazine pone a un hombre solo, a 75 grados bajo cero (Fahrenheit), frente a la necesidad de prender una fogata para no morir. Esa es la que aparece en las antologías de todas partes.

La consagración llegó en 1903 con The Call of the Wild. Su protagonista es Buck, un perro grandote de rancho al que roban en California y venden al despiadado comercio de perros de trineo del Yukón; poco a poco se quita de encima lo aprendido hasta obedecer solo a los lobos. The Saturday Evening Post pagó 750 dólares por la novela en entregas, y Macmillan la volvió un éxito de ventas. Años después, E. L. Doctorow la llamó «una parábola mordaz… su obra maestra». Ese mismo 1903 London publicó La gente del abismo, que salió de un verano en que vivió de incógnito entre los pobres del East End de Londres.

Con El lobo de mar (1904) creó a su mejor personaje, Wolf Larsen, un capitán de barco foquero que lee filosofía y manda en su nave a la fuerza. London lo armó a partir de un capitán real del que oyó hablar en el Heinold’s First and Last Chance Saloon, en Oakland. Para Ambrose Bierce, haber creado a Larsen era «suficiente para que un hombre lo haga en toda su vida». Colmillo Blanco (1906) hace el camino de Buck al revés: un perro lobo nacido en estado salvaje va entrando despacio a un hogar humano en California. Entre un libro y otro reporteó la guerra ruso-japonesa para el San Francisco Examiner, se casó con Charmian Kittredge en 1905, compró el rancho de Glen Ellen y en 1907 se lanzó al Pacífico Sur en su propio barco, el Snark.

Sus novelas siguientes lo llevaron muy lejos de los relatos de perros. El talón de hierro (1908) imagina una oligarquía estadounidense que aplasta una rebelión obrera, y muchos la leen como antecedente de las distopías de George Orwell. Martin Eden (1909) cuenta la historia de un marinero que aprende solo a escribir, alcanza el éxito y lo encuentra vacío: es lo más parecido a un autorretrato que escribió London. La peste escarlata (1912) ocurre en 2073, sesenta años después de que una pandemia dejó vacío el planeta, y ganó lectores nuevos con varias reediciones en 2020. En The Valley of the Moon (1913), una pareja trabajadora de Oakland regresa a la tierra; The Star Rover (1915) acompaña a un preso de San Quintín que, amarrado en una camisa de fuerza, huye hacia sus vidas pasadas.

Hay que leerlo completo, también en lo incómodo. London escribió ensayos abiertamente racistas sobre la inmigración asiática y, en 1910, un cuento que imaginaba una guerra bacteriológica contra China; además, presionó para que un boxeador blanco le quitara a Jack Johnson el título de peso completo. En 1996, cuando la ciudad de Whitehorse, en el Yukón, le puso su nombre a una calle, las protestas obligaron a dar marcha atrás. También salió a la luz que un capítulo de El talón de hierro era casi idéntico a un ensayo de Frank Harris. Orwell, que lo admiraba, detectó en su gusto por la fuerza y lo primitivo «una vena fascista».

Wolf House, la mansión de piedra que construyó en el rancho, se quemó en 1913, poco antes de que la pareja se mudara. Ese año publicó John Barleycorn, unas memorias directas sobre su forma de beber. Murió en el rancho el 22 de noviembre de 1916, a los 40 años. El acta de defunción registra uremia; hoy casi todos sus biógrafos rechazan la vieja versión del suicidio y hablan de una falla renal agravada por una sobredosis accidental de morfina.

Cien años después, sus libros no dejan de cambiar de forma. En 2019 Pietro Marcello llevó Martin Eden a Nápoles, y Luca Marinelli se llevó la Copa Volpi en Venecia por el protagónico. En 2020 Chris Sanders filmó The Call of the Wild con Harrison Ford. Estuvo entre los autores extranjeros más leídos de la Unión Soviética, y un lago de Magadán se llama como él. Una frase que se le atribuye, «prefiero ser ceniza que polvo», apareció en 2021 en una película de James Bond. Este noviembre se cumplen 110 años de su muerte.

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