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‘Celine y Julie van en barco’, de Rivette, se estrena restaurada en las salas de Corea

Molly Se-kyung
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Una bibliotecaria soñadora y una maga de antro se cruzan una tarde de verano y, a los pocos minutos, una persigue a la otra por un parque de Montmartre como un personaje que se coló desde otra historia. Ese choque mueve la película más querida de Jacques Rivette, un juego cómico y desbordado en el que dos mujeres convierten el acto de jugar en un método para desarmar un relato y volver a armarlo a su modo.

La decisión de puesta en escena que lo ordena todo es un caramelo. Céline y Julie dan con una casa donde el mismo melodrama en voz baja se repite sin fin, una pieza de cámara con una niña enferma, un viudo taciturno y dos mujeres que giran alrededor de la memoria de su esposa muerta, y un dulce disuelto en la lengua las mete de nuevo adentro, primero como espías y después como saboteadoras. Rivette usa el caramelo como una herramienta de montaje. Le da permiso a la película para rebobinar, repetir y al final reescribir su propio material, de modo que mirar se vuelve corregir y una casa embrujada se convierte en una sala de edición a la que las dos heroínas pueden entrar caminando.

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Las dos protagonistas construyeron esta película tanto como su director. Juliet Berto, como la maga Céline, y Dominique Labourier, como la bibliotecaria Julie, comparten el crédito de guion con Bulle Ogier y Marie-France Pisier, la dupla que ronda la casa en bucle. Esa autoría se nota en pantalla. Las actuaciones tienen la textura suelta e inventada de actrices que se adueñan de sus personajes en vez de ilustrar un libreto, y la aparente dispersión del filme no se lee como descuido sino como diseño, una estructura sostenida por dos mujeres que deciden, escena tras escena, qué sigue.

Dentro de la carrera de Rivette, esta es la entrada más cálida y accesible de su larga obsesión con la actuación, la conspiración y el teatro. Donde sus otros experimentos maratónicos pueden sentirse como acertijos hechos para mantener al público a raya, este abre la puerta y también te ofrece el caramelo. Es la película que suavizó una fama difícil y adusta hasta acercarla al puro gozo, sin soltar la audacia formal que había construido esa fama.

Buena parte del metraje es abiertamente improvisado, filmado en planos largos que dejan a las actrices encontrar la escena mientras la cámara espera. El melodrama atrapado dentro de la casa es rígido a propósito, una obra de teatro de museo de cera que las dos amigas primero observan, luego narran y por fin invaden, y el contraste entre ese aire enrarecido y su libertad suelta y risueña es todo el chiste y todo el argumento. Nada se explica. Las reglas del caramelo y de la casa simplemente se obedecen, como los niños obedecen las reglas de un juego que van inventando sobre la marcha.

Una nueva restauración no vuelve fácil la película. Dura bastante más de tres horas, buena parte sin apuro, y pide una paciencia que una imagen más nítida no puede fabricar. La función coreana es un evento de repertorio limitado, no un estreno amplio, y una reposición es al fin un acto de mantenimiento del canon más que una noticia. Quien llegue buscando la maquinaria pulida de un misterio moderno hallará que los bucles divagan mucho antes de volverse hipnóticos.

Lo que la película afirma, sin anunciarlo jamás, es que un relato es algo en lo que se puede entrar y que se puede editar, no solo recibir. El medio siglo de cine-rompecabezas que vino después, las mujeres dobles, las realidades anidadas, las tramas que se doblan sobre sí mismas, se lee en retrospectiva como un largo eco de lo que dos amigas hacen aquí con una casa embrujada y una bolsa de dulces. La película no reclama ese linaje. Simplemente llega antes, y lo hace riendo.

Juliet Berto and Dominique Labourier in Celine and Julie Go Boating, 1974
Juliet Berto and Dominique Labourier in Céline and Julie Go Boating (1974)

Las protagonistas son Berto, Labourier, Ogier y Pisier, con Barbet Schroeder como el viudo en el centro del bucle; el guion se acredita a las cuatro actrices junto con Eduardo de Gregorio y Rivette. La duración es de unos firmes 193 minutos, y la película se ubica entre la comedia, el drama y la fantasía sin quedarse en ninguna. La restauración en 4K limpia la granulada superficie de 16 mm sin perder su calidez hecha a mano.

La restaurada Celine y Julie van en barco se estrena en las salas de Corea del Sur el 30 de septiembre, en lo que equivale a su primera exhibición comercial coreana en forma. La misma restauración ya pasó por cines de otros países, con una reposición estadounidense en 2021 y reestrenos europeos previos, así que la fecha coreana es menos un estreno que la parada más reciente de un clásico que sigue encontrando nuevas salas donde jugar. En México no hay por ahora una reposición confirmada.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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