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El yerno: la nueva película mexicana de Netflix donde nadie cae

Martha Lucas

José Sánchez tiene un bigote inolvidable, una labia que abre puertas y la convicción de que la fiscalía general de un estado mexicano no es el techo de su carrera, sino el atajo más rápido. El yerno, la nueva película de Gerardo Naranjo en Netflix, lo sigue durante 102 minutos mientras negocia con el cártel, con el gobernador en turno y con quien esté pagando ese mes. La incomodidad arranca cuando el espectador deja de reírse de él y empieza a reconocerlo en alguien que conoce.

Adrián Vázquez encarna a Sánchez como un cerrador, no como un villano. Esa es la decisión que vuelve incómoda la cinta: El Serpiente —el operador que el protagonista termina siendo— no se construye como un antagonista, sino como un pariente posible.

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Una caída que no es caída

La película acompaña a un hombre que fracasa en los negocios y termina convertido en fiscal general por matrimonio, contactos y oportunismo. La operación, en la contabilidad precisa de Naranjo, no es un derrumbe. Es una optimización. Sánchez no se deja corromper. Lee bien el sistema y se acomoda al puesto desde donde ese sistema funciona con menos fricción.

La transformación en El Serpiente no es un colapso moral. Es competencia. Y ese giro es la apuesta más arriesgada del filme: pedirle al espectador mexicano que reconozca la lógica antes de juzgarla.

Naranjo cambia de registro, no de tema

Quien vio Miss Bala recuerda la cámara quieta mientras el país sangraba. El yerno gira hacia el absurdo y la observación, pero conserva la seriedad política de aquella película. Diego Tenorio (Tótem, La virgen de la tosquera) carga el aire incluso cuando la escena pide aliviarse. Tomás Barreiro corta cada clímax antes de que la música ofrezca consuelo.

Julieta Jiménez Pérez llena los interiores de color saturado, abundancia, calidez. El México de la corrupción es también el de la convivencia, y ese diseño argumenta lo que el diálogo no necesita decir: salir no es fácil. La edición de Soledad Salfate, que cortó No y El conde para Pablo Larraín, le da al filme el pulso clínico de Fabula.

La fiscalía como pieza precisa

La elección institucional no es decorativa. Las fiscalías generales estatales son, en términos funcionales, el punto donde la política electoral, el crimen organizado y la maquinaria legal de la corrupción rutinaria se cruzan. La conversación pública mexicana de los últimos años discutió esa porosidad en abstracto: violencia, narcoestado, captura institucional.

Naranjo y los guionistas James Schamus, Gabriel Nuncio y Alexandro Aldrete pasan 102 minutos dentro de la oficina específica donde esas abstracciones se vuelven trámite. La película rechaza el registro de denuncia. Denunciar supone una limpieza de base que el filme no cree posible.

El cruce de tres tradiciones

La cinta se sienta en el cruce de tres linajes. De Luis Estrada (La ley de Herodes, El infierno, La dictadura perfecta) hereda los blancos —el operador, la familia política, la fiscalía porosa— pero rompe con la caricatura como vía hacia la verdad. Del realismo violento mexicano —Amat Escalante en Heli, Carlos Reygadas, Michel Franco en Nuevo orden, el propio Naranjo en Miss Bala— toma la seriedad política y la traduce a comedia sin suavizarla. De Fabula, productora de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín (No, El conde, Jackie), incorpora el ritmo alegórico y la disciplina de no moralizar.

Es la primera producción de Fabula filmada en México y se vuelve el lugar donde el cine político mexicano y el chileno encuentran un idioma común: comedia sin alivio.

¿Y ahora qué deja la película?

Lo que El yerno deja abierto no es si Sánchez es un personaje trágico. Naranjo nunca pide esa lectura. Lo que deja sin resolver es si El Serpiente sigue funcionando como advertencia o si la audiencia mexicana ya lo lee como alguien que entendió bien dónde está parado.

Si esa lectura termina imponiéndose en redes y conversación pública, El yerno va a quedar archivada como la película que nombró el momento. Si no, será otra sátira política más en el catálogo. La diferencia la decide el espectador, no la crítica.

Estreno y ficha técnica

El yerno está disponible en Netflix a nivel global desde el 1 de mayo, después de un estreno híbrido que arrancó en la 41 edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara el 18 de abril, donde compitió por el Premio Mezcal en la categoría de Ficciones, y continuó en cines mexicanos seleccionados desde el 19 de abril.

El largometraje dura 102 minutos. Producido por Fabula, casa fundada por Pablo y Juan de Dios Larraín, junto con James Schamus. Pablo Larraín, Juan de Dios Larraín, Rocío Jadue y Joe Pirro figuran como productores ejecutivos; Carlos Hernández como coproductor ejecutivo.

Adrián Vázquez encabeza el reparto como José Sánchez. Lo completan Jero Medina, David Gaitán, Verónica Bravo, Eduardo España, Rodrigo Virago, Ianis Guerrero, Mauro Sánchez Navarro y Natalia Téllez, con la participación especial de Jorge Zárate. Fotografía de Diego Tenorio, música original de Tomás Barreiro, sonido de Alex de Icaza, dirección de arte de Julieta Jiménez Pérez, edición de Soledad Salfate.

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