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Me llamo Venganza es un thriller de venganza ya visto, pero padre e hija lo mantienen en pie

Cosimo Gomez dirige en 2022 este crimen italiano protagonizado por Alessandro Gassmann.
Martha O'Hara
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Me llamo Venganza cabe en una frase, y uno la conoce antes de que empiece la película: unos viejos enemigos matan a la familia de Santo, un antiguo ejecutor de la mafia, y él huye a Milán con su hija Sofia para esconderse y preparar el desquite. Cosimo Gomez no pierde tiempo en justificar la premisa. Da por hecho que el género hará buena parte del trabajo, y casi siempre acierta.

El director levanta un thriller criminal italiano de trazo directo, sin subtramas que distraigan. Santo (Alessandro Gassmann) y Sofia (Ginevra Francesconi) cargan con todo el peso del relato: una fuga, un duelo reciente y una promesa de sangre. Al principio Sofia es una adolescente tranquila que reparte sus días entre los partidos de hockey y las clases de manejo todoterreno. Nadie le dijo la verdad sobre su padre, y la huida la obliga a mirarlo de otro modo, porque poco a poco descubre su pasado en la ‘Ndrangheta.

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Ahí está lo mejor de la cinta. La reseña de Decider la describe como una especie de relato de formación para Sofia, y la lectura es justa: por momentos el thriller se vuelve la historia de una chica que comprende que no conoce al hombre que viaja a su lado. Francesconi, presentada como recién llegada al cine, compone un personaje intrigante, y sus mejores escenas son las de esa duda: seguir a su padre o plantarse frente a él. Gassmann tiene menos margen. Su Santo es un hombre endurecido por la pérdida, callado, y el actor le da una presencia física convincente, pero el personaje avanza por un camino que se adivina a los pocos minutos.

El problema es la previsibilidad. Quien haya visto un par de películas de venganza sabe cómo termina esta: el padre que oculta su pasado, la hija que lo descubre y, al final, el ajuste de cuentas. Un usuario de IMDb lo resume sin rodeos: un tema visto diez millones de veces, pero que va a gustar a los aficionados a la acción. Cuesta contradecirlo, con una salvedad: la película nunca finge ser otra cosa. No intenta reinventar la fórmula; cuenta su historia de frente y con pocos adornos.

La violencia es frontal y sangrienta, sin atenuantes. Otros comentarios en IMDb advierten que no es una cinta para estómagos delicados, y la advertencia encaja con un relato donde los lazos de sangre pesan más que cualquier otra cosa. El riesgo es el desgaste. Cuando cada escena sube el volumen, el golpe aislado pierde fuerza y los momentos tranquilos entre padre e hija se ven casi frágiles por contraste. Una pausa más no habría estorbado.

La música de Giorgio Giampà y Marta Lucchesini acompaña la tensión sin imponerse. Se queda en segundo plano, y es una decisión sensata para una película que descansa más en los rostros y en los silencios entre padre e hija que en el subrayado musical.

Alrededor de los dos fugitivos, el bando enemigo está bien poblado: Remo Girone da vida a Angelo Lo Bianco, Alessio Praticò a Michele Lo Bianco y Francesco Villano a Rudi Crisarà. Sirven sobre todo de obstáculo para Santo y Sofia, y tienen poca vida propia. Girone, aun así, le da al conflicto una gravedad que el guion no le concede por sí solo. Habría valido la pena pasar más tiempo con los adversarios y entender qué los une a Santo más allá de una deuda de sangre que la película se limita a enunciar.

El tema de fondo es que Sofia termina cargando con un pasado que no eligió. Ignoraba lo que Santo fue, y ahora paga las consecuencias a su lado, con una venganza que le llega sin que nadie se lo pregunte. La idea es buena y la película la plantea con claridad, pero se queda ahí. El relato de formación no pasa de la superficie: Sofia le sirve más a la venganza de su padre de lo que llega a ser un personaje cuya evolución uno siga de verdad, y la mezcla con el thriller criminal queda a medio desarrollar.

La recepción en línea está dividida, aunque sin hostilidad. En Rotten Tomatoes, un espectador se pregunta por qué la cinta no tiene mejor calificación y señala que no se alarga ni aburre. En eso tiene razón. Gomez va al grano y conserva solo lo que su historia necesita, algo que se agradece en un género dado a inflarse.

En 2023, el productor Iginio Straffi dijo que preparaba una secuela. Falta ver si Sofia tendrá más que hacer en ella que en esta primera entrega.

Me llamo Venganza es un thriller de venganza sin grandes sorpresas, pero directo y de ritmo firme. No ofrece nada que el espectador habitual del género no haya visto antes. Funciona como una noche de acción brutal, sostenida por una hija que descubre quién es su padre, y deja la impresión de que la dupla de Santo y Sofia merecía un guion más generoso.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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