Películas

Do Not Disturb vuelve horror psicodélico una discusión de matrimonio, con más agallas que pulso

John Ainslie encierra en 2023 a una pareja al borde del quiebre en un motel de Miami.
Martha O'Hara
Añádenos en Google

Do Not Disturb arranca con una disonancia. Rue Morgue describe una apertura de tomas aéreas del Miami soleado, montadas a un ritmo animado, que se intercalan con una escena lenta y callada: Jack duerme en el asiento trasero de un auto mientras Chloe lo mira, abatida. El contraste dice lo esencial antes de que nadie abra la boca: ni siquiera el paraíso arregla lo que está roto entre ellos. John Ainslie, que escribe y dirige, trata ese matrimonio con una seriedad poco habitual en un título de terror con drogas de por medio.

Lo que mejor funciona es la incomodidad. Mark Reviews Movies lo resume así: basta ver a Chloe (Kimberly Laferrière) y a Jack (Rogan Christopher) para intuir que su relación está condenada, y que la fase de luna de miel se acabó mucho antes del viaje a Miami. La tensión, dice esa crítica, es palpable en cada momento, incluso cuando deciden beber de más y probar toda clase de sustancias para relajarse y, con suerte, reencontrar algo de la conexión perdida. Ni siquiera eso es sencillo, porque la decisión misma es motivo de pleito: él quiere, ella no. Jack le había prometido a su esposa que dejaría esas sustancias, y Chloe se resiste porque conoce a la persona en que se convierte su marido bajo los efectos. Es una discusión que no se resuelve con una disculpa, y Ainslie lo entiende bien.

YouTube video

Gran parte de la historia ocurre en un cuarto apretado y sin vista. Mark Reviews Movies cuenta que eso también da pie a la pelea: Chloe esperaba una habitación con vista al mar, porque el hotel está justo junto a la playa, y Jack no quiso pagar de más por algo que le parecía irrelevante, ya que la playa queda ahí mismo. Rue Morgue, por su parte, habla de un cuarto de motel deslucido. El desacuerdo va más allá de la ubicación o del dinero. Chloe tiene un empleo estable, cubre buena parte de los gastos de la pareja y durante mucho tiempo se las arregló con ese acuerdo. Ahora quiere un matrimonio de verdad, formar una familia y ver a Jack tomar la iniciativa, no por necesidad económica sino para saber que puede contar con él cuando haga falta. Esa crítica califica todo esto de sólido y comprensible, y tiene razón: son detalles pequeños y cotidianos, y por eso los dos personajes se sienten como gente real, de esa que uno vería por la calle y evitaría por la frustración y la ansiedad que arrastran juntos.

Rue Morgue pinta el retrato con trazos más duros. Jack es posesivo, apático y poco solidario; Chloe, manipuladora, resentida y paranoica. A los dos les encanta apretarse los botones, y el público aprende pronto cuáles son. Ninguno de los dos funciona como el villano de la historia. Cada defecto de uno alimenta al otro, y el guion los deja girando en esa rueda sin repartir culpas. Para cuando la pareja descubre las drogas que provocan canibalismo, el espectador ya está en el mismo bote que ellos: quiere que prueben lo que sea que pueda salvar la relación, por el bien de ambos y también por el nuestro.

El giro llega con el peyote. Chloe y Jack deciden que una experiencia con esa sustancia fortalecerá su matrimonio, sin imaginar que lo que les dieron es una variedad rara y potente, que los lanza a una exploración psicodélica del amor, la lujuria y el deseo carnal. Ahí el drama de pareja se vuelve terror. Mark Reviews Movies subraya que la sorpresa del guion no está solo en las nuevas formas que Ainslie encuentra para escalar la tensión, sino en cómo el relato se transforma en una historia de horror inquietante en la que, curiosamente, la pareja trabaja en equipo en su mejor versión mientras comete lo peor imaginable. Rue Morgue lo describe como una historia de ruptura caníbal: las drogas los acercan, pero al precio de un apetito insaciable por otros seres humanos y por el otro. Su comparación con Climax, Swallowed y Placebo es razonable, porque aquí también el terror nace del miedo a perder el control y despeñarse en la locura.

En lo actoral, Rue Morgue dice que Rogan Christopher resulta a menudo rígido e incómodo, pero que cobra vida en las escenas en que Jack anda en pleno viaje. Su comedia física y su gesto confundido son, según esa reseña, creíbles y hasta hilarantes. La diferencia importa, porque parte al personaje en dos: el marido que apenas se mueve en el cuarto y el hombre desatado por las drogas. A Kimberly Laferrière le toca el polo contrario, el de una Chloe que desconfía y se resiste, y Mark Reviews Movies señala que ella y Christopher interpretan sus papeles con naturalidad.

Ese humor es, para Rue Morgue, lo que compensa la escasez de desarrollo individual de los personajes. La idea tiene lógica: en una película que desemboca en apetitos caníbales, la risa funciona como válvula de escape, y buena parte de ella descansa sobre los hombros de Christopher cuando Jack pierde el control. Lo que distingue a Do Not Disturb de otros títulos del género es justamente la convivencia de la incomodidad conyugal, la comedia física y el horror.

La debilidad mayor es de diseño. Rue Morgue observa que la película es casi demasiado simple en el desarrollo de los personajes como individuos: nunca sabemos qué sacrificaron para sostener una relación que se deteriora, qué podrían perder si se separan ni cómo mejorarían sus vidas si cada quien se fuera por su lado. Sin esa información, los riesgos se diluyen y al público le da casi igual que el matrimonio funcione o no. Hay una tensión curiosa entre dos lecturas: Mark Reviews Movies elogia lo reales que se sienten Chloe y Jack, y Rue Morgue echa de menos las razones de fondo. Las dos tienen parte de razón. Los personajes convencen en el presente, en la pelea y el reproche, pero les falta pasado y futuro.

El reparto lo completan Janet Porter (Wendy), Patrick McNeil (Manuel), Christian McKenna (Wayne) y Rupinder Nagra (Saj), junto con algunos personajes de la pista de baile, entre ellos el de Trish Rainone, acreditada como la «destructora de hogares». La película no se deshace del todo de los espacios abiertos, aunque su centro de gravedad sigue siendo la pareja y su rencor.

Al final, Do Not Disturb es un drama de pareja que usa el horror como lupa, y esa idea es mejor que su ejecución completa. Lo mejor está en el arranque, en el cuarto sin vista y en la manera en que las drogas obligan a Chloe y a Jack a mirarse, para bien y para mal. Donde flaquea es en el poco peso de los personajes más allá de su pelea. Queda como una propuesta incómoda, a ratos divertida, que se sienta sin pudor junto a otras películas de terror alimentadas por sustancias.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.