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Juego limpio es un thriller de oficina que duele porque suena demasiado real

Chloe Domont debutó en 2023 con un duelo de egos entre dos analistas de Wall Street.
Martha O'Hara
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Juego limpio abre con sangre y cierra con sangre, y esa simetría avisa de que Chloe Domont no piensa jugar limpio con quien la mira. Su ópera prima como directora de largometrajes sigue a Emily Meyers (Phoebe Dynevor) y a Luke Edmunds (Alden Ehrenreich), analistas de One Crest Capital, un fondo de inversión de Manhattan donde nadie regala nada. Ellos mantienen en secreto su romance. Luke le propone matrimonio en la boda de su hermano; Emily duda un instante y acepta feliz. Al día siguiente despiden a un gestor de portafolio y la vacante lo cambia todo.

Luke cree que el puesto será suyo. Emily, que lo oyó de sus colegas, se lo cuenta y los dos lo celebran esa noche. Pero en una reunión nocturna con Campbell (Eddie Marsan), el director general, la que se entera de que recibirá el ascenso es ella. Se lo comunica a Luke con evidente reticencia y él dice que la apoya. No dura. Domont no necesita grandes estallidos para mostrar cómo el resentimiento se le va metiendo en el cuerpo: Luke se obsesiona con un gurú que enseña a imponerse en el trabajo, gasta tres mil dólares en el curso, le sugiere a Emily que ella también debería ser más asertiva y rechaza sus intentos de acercamiento. La película hace daño porque casi todo ocurre en lo cotidiano.

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Dynevor sostiene la película. Su Emily es contenida, calculadora y siempre un paso por detrás de lo que siente. Cuando Campbell y Paul (Rich Sommer) la llevan a beber, se entera de que su jefe quiere deshacerse de Luke, a quien considera ineficaz. Intenta defenderlo, y el tiro le sale por la culata: Luke toma una mala decisión de inversión que le cuesta quince millones de dólares al fondo, y Campbell termina insultándola a ella. Luke intenta remediarlo pasándole información privilegiada. Emily, temiendo que la operación sea ilegal, le recomienda a Campbell vender en corto otra empresa. La apuesta funciona y le deja una comisión de 575 mil dólares. Dynevor no lo celebra a gritos. Esa mezcla de logro y de incomodidad pesa más que cualquier alegría. Ehrenreich, en cambio, a veces carga demasiado las tintas con la rabia de Luke, aunque el exceso se entiende en un personaje al que el orgullo lo está devorando.

Donde la película flaquea es en su empeño por subrayar el asunto de género. Cuando el guion se pone explicativo, con diálogos que le dicen al público de qué trata la historia, pierde filo. Lo mismo pasa en la noche del club de striptease: en lugar de festejar con Luke, que la espera en la oficina para hablar de próximas operaciones, Emily se va con sus colegas, y la escena se siente más tesis que escena. Rotten Tomatoes resume esa división: el relato avanza con un control implacable, pero la política de género resulta por momentos forzada. La crítica de RogerEbert.com la calificó de intensa hasta el exceso, pero nunca inverosímil. Una reseña publicada el 1 de octubre de 2023 habló de una guerra psicológica entre lo elegante y lo chabacano, tan lujosa como maliciosa. Yo estoy más cerca de la segunda lectura.

Funciona mucho mejor cuando calla. Después de un discurso empalagoso en el que le jura lealtad a Campbell, Luke descubre que este ya contrató a otro gestor. Poco después, borracho, irrumpe en la sala de juntas mientras Emily, Campbell y Paul presentan una propuesta a inversionistas extranjeros. Descarga su furia contra Campbell por negarle el ascenso y revela una relación que el reglamento de la empresa prohíbe. Es de lo mejor de la película. Ahí la vergüenza ajena hace todo el trabajo. El desenlace, en cambio, me parece más obvio de lo que prometía el resto: audaz en su crueldad, sí, pero menos matizado que el camino que lleva hasta él.

La música original es de Brian McOmber, y entre las canciones aparece “Love to Love You Baby” de Donna Summer, en su versión extendida. Es una elección con cierta sorna, porque pone el erotismo disco al servicio de una historia donde el deseo se ha convertido en un campo de batalla.

Juego limpio se presentó en Sundance el 20 de enero de 2023, llegó a salas selectas el 29 de septiembre y a Netflix el 6 de octubre. Rian Johnson figura como productor ejecutivo. Es una película áspera, con un discurso a ratos demasiado marcado, pero que pocas veces suelta a su espectador.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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