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El Exorcista demostró que el terror puede ser arte mayor — y nadie lo ha refutado desde entonces

William Friedkin, 1973: una obra que sigue perturbando y cuestionando la fe con la misma ferocidad de siempre.
Martha O'Hara
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El padre Lankester Merrin recorre las ruinas de Hatra bajo un sol aplastante, levanta un talismán de piedra y su mirada se congela: así abre El Exorcista, no con alaridos ni sangre derramada, sino con el peso silencioso del presagio. Es una decisión de William Friedkin que establece el tono de toda la película antes de que el horror tome forma física.

Basada en la novela de William Peter Blatty y adaptada al cine con gran fidelidad, El Exorcista sigue la posesión demoníaca de Regan MacNeil, una joven de doce años interpretada por Linda Blair. Su madre, Chris (Ellen Burstyn), recurre a dos sacerdotes católicos, el padre Damien Karras (Jason Miller) y el padre Lankester Merrin (Max von Sydow), para salvarla.

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Lo que Friedkin hace mejor es desconfiar del susto fácil. La película acumula presión sin nunca liberarla del todo; el terror nace de lo cotidiano perturbado —una cama que vibra, una voz que no debería salir de esa garganta, una cabeza que gira en ángulos que niegan la anatomía. La secuencia del exorcismo, en particular, es un tour de force de dirección y montaje, con primeros planos que enfatizan la agonía física y emocional de los personajes. La banda sonora de Mike Oldfield serpentea bajo el metraje con una frialdad que descoloca más que cualquier golpe sonoro.

Sin embargo, no todo es perfecto. La película acusa algunos momentos de lentitud, especialmente en las primeras escenas ambientadas en Irak, donde el ritmo se detiene de forma innecesaria. Además, ciertas reacciones exageradas de Regan durante su posesión —incluyendo la ya icónica rotación de su cabeza— pueden antojarse ridículas hoy en día, aunque en su momento fueron revolucionarias.

La actuación de Linda Blair es destacable. Logra transmitir tanto la inocencia de una niña como la maldad de un demonio con una naturalidad que desconcierta. Ellen Burstyn también brilla como la madre desesperada, cargando el peso dramático de la primera mitad del filme con una convicción que ancla el horror en lo humano. Max von Sydow aporta una presencia imponente y serena al papel del padre Merrin; su economía gestual hace que cada movimiento suyo tenga el peso de lo inevitable.

La grandeza de El Exorcista reside en cómo dramatiza la crisis de fe desde adentro del género. El padre Karras es un sacerdote que ha perdido la certeza, y Friedkin lo usa para convertir el exorcismo en algo más cercano a una prueba existencial que a un rito de manual. El demonio no asusta solo por lo que hace al cuerpo de Regan; asusta porque sus argumentos tienen peso, porque apunta con precisión a las grietas de quienes vienen a enfrentarlo. Eso es lo que separa a la película del cine de género corriente: no la sangre ni los efectos, sino la sensación de que las fuerzas en pugna son reales y desiguales.

Esa textura de realismo —de documental que de pronto se tuerce hacia lo imposible— no fue accidental. La producción fue larga y accidentada: rodaje extendido, lesiones, muertes entre el equipo. Blatty y Friedkin tuvieron además que pelear contra Warner Bros. por el reparto; los ejecutivos resistían la apuesta por intérpretes relativamente desconocidos. Lo que los estudios veían como un riesgo acabó siendo el corazón del filme: sin el peso de una estrella reconocible, el horror se asentó sobre personajes a los que el espectador podía creer sin reservas.

El estreno fue un fenómeno que excedió cualquier categoría de éxito comercial. Las colas en pleno invierno, los desmayos en sala, la controversia sobre la clasificación R —que varios sectores consideraban insuficiente para el contenido— y los intentos de censura en distintas ciudades subrayaron que El Exorcista tocaba algo que la cultura prefería no mirar de frente. El primer filme de terror nominado al Oscar a Mejor Película no lo fue por accidente: su propuesta de horror con inteligencia teológica, reparto sin estrellas y tempo deliberado había cambiado las reglas del género de forma irreversible. Medio siglo después, eso sigue siendo cierto.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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