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Never Change!: Hulu obliga a la generación de 2008 a volver a la prepa para terminar lo que no pudieron

Martha Lucas

La generación de 2008 del North Meadows nunca cruzó el escenario. Un tornado se llevó el edificio en plena temporada de exámenes y el diploma que iba a cerrar una etapa para abrir la siguiente nunca llegó. Cada quien jaló para su lado, como pasa con cualquier generación. Dieciocho años después rondan los 35, cargan con créditos, separaciones y trabajos que no fueron a ningún lado, y entonces un vacío legal determina que, por un tecnicismo, ninguno se graduó en serio. La autoridad quiere sus papeles. Así que les toca regresar.

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Es facilísimo encasillar Never Change! como comedia de disfraz: adultos apretados en pupitres de niño, permisos de pasillo para gente que ya paga predial. John Reynolds, que escribió la película y se guardó el protagónico, te deja el chiste y de inmediato mueve el piso por debajo. La prepa es un pretexto. Lo que el vacío legal exhibe es a una generación a la que le prometieron un final y le entregaron una interrupción, y de esa interrupción salió directito a la crisis financiera. La premisa exige terminar el último año. La película de abajo habla de gente a la que nunca la dejaron empezar a ser adulta a tiempo.

Hay que arrancar por el título, porque ahí cabe toda la crueldad en dos palabras. «Never change!» es lo que más se escribe en los anuarios, la orden imposible de un adolescente a otro, un mandato disfrazado de halago. La película se lo toma al pie de la letra. A una generación se le exige, por ley, no haber cambiado: volver y ser otra vez quienes eran antes de tener voz sobre en quién se iban a convertir. Reynolds arma la comedia en ese hueco entre la dedicatoria y los cuerpos a los que ahora le toca aplicarla, y en ese hueco está el malestar.

Reynolds construye la comedia como Search Party construía la angustia: con paciencia. Deja correr la escena más allá del punto donde otra película cortaría a la risa, y en ese segundo de más la incomodidad cuaja en algo más chistoso y bastante más triste. El diálogo se echa al hombro buena parte del trabajo. Son personajes que recuperan el tono de los diecisiete en cuanto cruzan la puerta, y la escritura está atenta a lo rápido que regresa el vocabulario de 2008 a quienes creían haberlo dejado atrás. Las risas llegan de lado, en una frase a medias o en un reflejo que delata lo poco que cualquiera avanzó.

El director Marty Schousboe filma la prepa como un lugar que no cambió nada, y esa quietud es la crueldad de la idea y a la vez su mejor chiste. Los mismos pósters, la misma jerarquía de la cafetería, varios de los mismos maestros, un edificio que parece haber aguantado la respiración esperando a una generación que envejeció década y media en el pasillo. Todo lo que cambió tiene que verse en las caras de los adultos que vuelven, porque la institución no registra nada. Una escuela, insiste la película, sobrevive a todos los que pasan por ahí y no se acuerda de ninguno.

El elenco sostiene lo demás, y es enorme. Sofia Black-D’Elia, Carmen Christopher, Jo Firestone, Gary Richardson, Zach Cherry, Patti Harrison y Topher Grace hacen de adultos que recaen en reflejos de adolescente apenas cruzan el umbral: las viejas alianzas, las viejas humillaciones, el acomodo de bancas que todavía manda. La mejor escritura vive en esa recaída, en lo rápido que un treintañero vuelve a ser el de diecisiete al regresarlo a la misma luz fluorescente. Rudy Pankow, Ana Gasteyer y Jackie Cruz completan una banca salida del mundo del SNL y la improvisación, y por eso la comedia es de plática y de personaje antes que de gag montado.

El dato de 2008 no es adorno, y la película sabe bien para qué lo usa. Es la generación de la crisis, la que se graduó hacia un empleo que se evaporaba y vio resbalar cada meta: la primera casa, la chamba estable, la mera sensación de haber llegado a tiempo a algún lado. Never Change! vuelve literal algo que esa generación trae en el cuerpo: que se brincó un arranque limpio, que las señales llegaron tarde o nunca, que la adultez fue menos una puerta que una fila de vacíos legales y arreglos provisionales. Regresar a los personajes al último instante antes de que todo se torciera es la idea central, y tiene su filo. La película no extraña 2008; le interesa lo que 2008 se llevó.

Y deja la pregunta de fondo abierta. Puedes completar los créditos. Puedes subir al escenario dieciocho años tarde, agarrar el diploma y dejar que te tomen la foto. Lo que ningún vacío legal regresa es el tramo de en medio, los años que se comieron el tornado y la economía mientras cada quien improvisaba una adultez sin el papel que debía avalarla. Un cierre que llega tan tarde quizá no sea cierre, sino un trámite por fin sellado. La película no finge lo contrario, y es más chistosa y más honesta por negarse al consuelo que una comedia menor habría repartido al final.

Never Change! se estrenó en el Festival de Tribeca antes de llegar a Hulu en Estados Unidos, con Disney+ a cargo de su distribución internacional. Marty Schousboe dirige a partir del guion de Reynolds, y el elenco junta a Reynolds con Sofia Black-D’Elia, Carmen Christopher, Jo Firestone, Gary Richardson, Rudy Pankow, Ana Gasteyer, Jackie Cruz, Topher Grace, Patti Harrison y Zach Cherry a lo largo de 98 minutos.

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