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Laura: el clásico de Preminger donde un detective se enamora de la mujer que investiga (y está muerta)

Jun Satō

El retrato de una mujer cuelga sobre un departamento de Manhattan, iluminado como un altar, y un detective de homicidios que nunca la conoció se sienta debajo noche tras noche hasta quedar, sin duda alguna, enamorado. La mujer está muerta: la mataron de un escopetazo en su propia puerta antes de que arranque la historia. Laura parte de esa ausencia y la convierte en la obsesión más elegante del cine negro estadounidense: un misterio en el que lo más difícil de resolver es el corazón del propio investigador.

Al detective Mark McPherson le asignan el asesinato de Laura Hunt, una elegante ejecutiva de publicidad, y la reconstruye a partir de quienes decían quererla: el ácido columnista Waldo Lydecker, que la impulsó y no le perdona al mundo tener que compartirla, y el blando e infiel galán sureño Shelby Carpenter, su prometido. Cada quien recuerda a una Laura distinta. McPherson, hurgando entre sus mentiras en las habitaciones vacías, se enamora de la versión que lo observa desde la pared. Y entonces, pasada la mitad, la película suelta el giro que la hizo famosa, y la historia de amor se agria hasta volverse algo más extraño.

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La imagen y el sonido

Otto Preminger tomó la película tras el despido de Rouben Mamoulian y rerodó casi todo; el resultado es engañosamente apacible: planos largos que se deslizan, pozos hondos de sombra, una cámara que recorre el departamento de Laura como una visita que no se quiere ir. La fotografía en blanco y negro de Joseph LaShelle ganó el Óscar, y se entiende: cada superficie está plateada, cada rostro queda a medias en la penumbra. Encima de todo flota el tema de David Raksin, una melodía tan insinuante que se volvió estándar de jazz apenas Johnny Mercer le puso letra, y hoy es inseparable de la palabra Laura. La música hace lo que el diálogo no puede: enamora al público al mismo tiempo que al detective.

Quiénes habitan el cuadro

Clifton Webb, en su primer gran papel en cine a los cincuenta y cuatro años, se roba la película como Lydecker: cada línea es un bombón envenenado, cada mirada un veredicto. Vincent Price, mucho antes de que el terror lo reclamara, está maravillosamente débil como el mantenido Shelby; Judith Anderson los vigila a todos con paciencia de depredadora. Gene Tierney es aquí menos una actriz que una aparición: la película la necesita inalcanzable, y su quietud obedece. Dana Andrews contiene a McPherson hasta volverlo una lápida de granito que apenas se va agrietando. Ninguno fuerza la grandeza, y por eso mismo respira el conjunto.

Lo que mantiene moderna a Laura es su franqueza al tratar el deseo como una especie de fantasma. McPherson corteja un recuerdo, un cuadro, un expediente; la película sabe que está enamorado de su propia idea de una mujer, y no lo deja —ni nos deja— del todo sin culpa. Esa corriente de anhelo necrorromántico, vestida de modales de penthouse y crueldad ingeniosa, es el verdadero tema de la cinta. El quién lo hizo es casi un pretexto.

Laura (1944), de Otto Preminger
Gene Tierney como Laura Hunt: el retrato del que el detective no puede apartar la mirada.

Por qué sigue mereciendo la nota

No es perfecta. La maquinaria de la trama rechina, el desenlace llega con prisas y los protagonistas son iconos antes que actores. Esos límites la dejan apenas por debajo del primerísimo nivel. Pero pocas películas del Hollywood de estudio proyectan una sombra tan larga: el National Film Registry la conserva, generaciones de críticos han rondado su misterio y el tema sigue sonando en salas donde ya nadie recuerda la película. Laura demostró que una historia de asesinato podía tratar sobre cómo amamos a los muertos, y lo hizo ver fácil.

Laura se estrenó en 1944, dirigida por Otto Preminger a partir de la novela de Vera Caspary, fotografiada por Joseph LaShelle y con música de David Raksin. La protagonizan Gene Tierney, Dana Andrews, Clifton Webb, Vincent Price y Judith Anderson, dura 88 minutos y ganó el Óscar a la mejor fotografía (en blanco y negro) de cinco nominaciones.

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