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Mejor Guion en Venecia 83: cuando el festival apuesta por la letra y no por Hollywood

Jun Satō

En un circuito dominado por el estreno ruidoso y el cine-espectáculo, el premio al Mejor Guion de Venecia dice algo distinto: que todavía existe un espacio donde la letra manda sobre el músculo industrial. Para el público latinoamericano, acostumbrado a que el cine de guion viaje despacio y llegue tarde a las salas, esta categoría funciona como una brújula de qué títulos merecerán la búsqueda una vez que el festival termine. Es la contracara de la lógica de taquilla. A un mes de la apertura nadie ha visto nada; solo tenemos el método de cada autor, la premisa y el reparto. Y ahí el favorito aparece rápido.

Hablamos de Martin McDonagh y su Wild Horse Nine. Antes que cineasta, McDonagh es dramaturgo, y el propio Lido le dio la razón: se llevó el guion en 2017 por Three Billboards Outside Ebbing, Missouri. Lo suyo es una escritura que no necesita presupuesto de estudio para golpear — moralmente inflamable, armada como obra de teatro que hace estallar sus propias reglas. Que el elenco reúna a John Malkovich, Sam Rockwell y Steve Buscemi lo confirma: no son figuras de acción, son voces, intérpretes que tuercen una frase hasta hacerla cortar. Ese trío no se junta para el silencio, sino para un libreto que deje pelear a tres maestros de la palabra. Y ahí está la clave para el espectador de la región: este es el cine que se defiende por lo que dice, no por lo que gasta. Un premio a la escritura celebra esa arquitectura, y ningún otro título del concurso la muestra tan al desnudo.

El rival más temible es Nanni Moretti, con Succederà Questa Notte, junto a Louis Garrel y Jasmine Trinca. Su escritura pertenece a otra familia: autorreflexiva, ensayística, hecha de un autor que se mete dentro de su propia ficción. Es la sensibilidad de un cineasta-autor puro, la que en América Latina se sigue por convicción más que por estreno, y las juntas del Lido reconocen en esa voz la escritura en su forma más honesta.

La segunda sorpresa viene por otro camino: Florian Zeller con Bunker. Frente al ensayo de Moretti, Zeller arma un mecanismo de relojería — dramaturgo, ganó el Óscar al guion adaptado con The Father gracias a una ingeniería de perspectivas que convierte el libreto en una trampa. Si el jurado premia la audacia estructural por encima de la voz personal, el beneficiado es él.

La falla obvia es que faltan treinta días y nadie ha visto una sola escena. El guion es el pronóstico más quebradizo, porque un texto recién se revela en el montaje; y el peor tic de McDonagh — el remate que resbala hacia la complacencia — podría jugarle en contra. Los jurados venecianos, además, tienden a premiar la película que más amaron y disuelven la escritura en ese entusiasmo general. Y una voz que estamos subestimando — el regreso de Lee Chang-dong a la cabeza — podría rehacer la categoría entera.

Lo sabremos el 12 de septiembre de 2026, cuando el jurado emita su fallo en el Lido. MCM transmitirá la ceremonia en vivo, contrastando este pronóstico con el resultado y siguiendo cada premio en el momento en que se anuncia.

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