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Karl Urban encarna a una estrella de cine que finge pelear en Mortal Kombat II

La secuela de Simon McQuoid apuesta el torneo a una estrella que pelea para la cámara.
Martha Lucas

Un videojuego de pelea se resiste a ser filmado. Su historia, si así puede llamarse, vive dentro de un cuadro de eliminación: peleadores elegidos de un menú, emparejados, eliminados, y un ganador que no prueba nada salvo que la siguiente moneda compra otro round. Mortal Kombat II entra de lleno en ese problema y lo resuelve con una decisión de casting, no con una trama, al darle a la franquicia su primer personaje que entiende el combate como una actuación.

Ese personaje es Johnny Cage, una estrella de acción en decadencia que reparte golpes por el público y por el cheque, y lo interpreta Karl Urban. La elección es más filosa que un simple agregado al elenco. Mete una presencia reconocible en una serie construida sobre arquetipos y le pide encarnar a un hombre que siempre está actuando: un intérprete interpretando a un peleador, dentro de una película que nunca ha decidido del todo qué tan en serio quiere que la tomen. De pronto, el torneo tiene escenario.

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Alrededor de Urban, Simon McQuoid arma un elenco que anuncia qué tipo de película quiere ser. Adeline Rudolph llega como Kitana, la princesa de Edenia cuya lealtad dividida es lo más cercano a un dilema moral que ofrece la premisa. Jessica McNamee regresa como Sonya Blade y Josh Lawson como Kano, la fuente más confiable de mala conducta de la saga, que prolonga el tono cómico y brusco de la primera película. El Shao Kahn de Martyn Ford aporta la escala: un soberano cuya amenaza sobre el Reino de la Tierra suena menos a plan de villano que a fatalidad estructural que los héroes no dejan de posponer. Es un elenco organizado en torno al apetito de combate, de espectáculo, del siguiente round.

McQuoid llegó a la primera película desde la publicidad y los efectos visuales, y se notaba, a favor y en contra de la saga. Sabe filmar un remate con la limpieza de foto de producto de quien se ha ganado la vida vendiendo cosas, y tiende a tratar a los personajes como el tejido que une las secuencias de acción más que como su razón de ser. Esta secuela es su primera oportunidad de construir sobre un mundo ya establecido en vez de montar uno, y el material difundido sugiere a un director que se inclina con más fuerza hacia el exceso de la serie ahora que las presentaciones quedaron atrás.

Lo que los videojuegos de Mortal Kombat le ofrecen a un guionista no es tanto un relato como una cosmología: reinos en guerra, un torneo que decide su destino y un bestiario de peleadores definidos por un solo golpe y un solo rencor. El atractivo de adaptarlo es también la trampa. Cada personaje aparece ya cargado de fieles que dominan la mitología y de recién llegados que la ignoran, y la película tiene que dejar contentos a ambos sin desmoronarse en una lista de cameos y movimientos finales. La llegada de Johnny Cage, ajeno a la maquinaria solemne del mito, es la válvula de escape del guion: una figura con licencia para encontrar algo absurdo todo este negocio sangriento.

Y el riesgo es real. Injertar una estrella autoconsciente en una plantilla de videojuego puede afilar la inteligencia de una película o simplemente excusar su vacío, y este elenco es tan amplio que ningún personaje tiene garantizado un arco. Un cuadro de eliminación no es una trama y una fatality no es un tercer acto. La primera entrega demostró que el material podía filmarse con convicción y sangre sin llegar a demostrar que pudiera tratar de algo, y la secuela hereda esa pregunta abierta en lugar de cerrarla de antemano.

Mortal Kombat II está dirigida por Simon McQuoid y dura 116 minutos. Karl Urban encabeza el elenco como Johnny Cage, junto a Adeline Rudolph como Kitana, Jessica McNamee como Sonya Blade, Josh Lawson como Kano y Martyn Ford como Shao Kahn. La produce New Line Cinema, con Warner Bros. Pictures a cargo de la distribución, la misma arquitectura de estudio que lanzó el renacimiento de la franquicia en pantalla.

La película se estrenó en los cines de México el 7 de mayo, en los mismos días en que llegaba a buena parte de Europa y Latinoamérica. Japón, donde fue rebautizada como Mortal Kombat: Next Round, la recibe el 5 de junio: la última gran parada de un despliegue mundial, no la primera.

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