Películas

The Devil’s Backbone: Del Toro en su registro más sombrío, donde el fantasma acusa y la historia no perdona

Guillermo del Toro, 2001 — la Guerra Civil española como fondo de una obra que no consuela ni olvida.
Martha O'Hara
Añádenos en Google

Carlos, un niño de doce años, llega a un orfanato español en medio del caos de la Guerra Civil. Así comienza “The Devil’s Backbone”, una película de Guillermo del Toro que usa los fantasmas para hablar de traumas reales.

Del Toro no filma espectros saltando desde las sombras ni criaturas con colmillos afilados. Su horror es sutil: un niño pálido con herida sangrante en la cabeza, una bomba inerte suspendida en el patio del orfanato, miradas furtivas entre personajes que esconden más de lo que dicen. La escena donde Carlos ve por primera vez al fantasma de Santi ejemplifica este enfoque: el terror nace de la sugerencia, no del impacto.

YouTube video

El orfanato Santa Lucía funciona como microcosmos de la España dividida. Los republicanos esconden oro bajo los pies de niños huérfanos mientras fuera las balas silban. Marisa Paredes (Carmen) y Federico Luppi (Dr. Casares) aportan humanidad a este drama político disfrazado de historia de fantasmas. Su presencia en pantalla transmite la desesperación de quienes luchan por proteger lo poco que les queda.

Fernando Tielve, en su debut cinematográfico como Carlos, trabaja desde la contención: sin gesticulación de más ni llanto calculado. La secuencia donde confiesa haber visto el fantasma —con voz temblorosa y ojos vidriosos— revela un talento poco común para transmitir vulnerabilidad sin caer en lo melodramático. El contraste con Íñigo Garcés (Jaime) funciona bien: su dinámica evoluciona de antagonismo a camaradería en momentos precisos.

La película tiene sus tropiezos. Algunos giros narrativos, como la revelación del destino final de Jacinto, se sienten forzados por necesidad dramática más que orgánicos al desarrollo de los personajes. La subtrama romántica entre Carmen y Casares, aunque bien actuada, compite por atención con los elementos sobrenaturales sin integrarse del todo.

Donde “The Devil’s Backbone” brilla es en su atmósfera. Cada rincón del orfanato —desde el oscuro sótano hasta las habitaciones infantiles— se convierte en un personaje más. Los sonidos ambientales (el viento golpeando ventanas, pasos en pasillos vacíos) crean tensión sin necesidad de música dramática.

El desenlace, en el que los vivos y los muertos confluyen para enfrentar a quien ha traicionado a todos, pone en relieve el tema central: los fantasmas no piden ser temidos, sino escuchados. Del Toro convierte la venganza de Santi en algo melancólico antes que terrorífico, y esa elección define toda la obra.

Guillermo del Toro coescribió el guion junto a David Muñoz y Antonio Trashorras. La película se estrenó en España en abril de 2001 y recibió elogios por su capacidad para entrelazar lo sobrenatural con lo político. Roger Ebert destacó cómo del Toro entiende que los fantasmas suelen ser tristes, intentando no asustar sino recordar.

Eduardo Noriega construye a Jacinto con la frialdad de quien ha aprendido a tomar sin pedir disculpas. Es el personaje menos ambiguo de la historia y, al mismo tiempo, el más perturbador: no hay en él ningún rasgo de monstruo fantástico, sino la lógica terrible de alguien formado por la escasez y la indiferencia. Irene Visedo como Conchita y Francisco Maestre como ‘El Puerco’ completan un reparto en el que ningún actor sobra, aunque varios merecen más espacio del que la trama les concede.

“The Devil’s Backbone” trabaja sobre una pregunta que no formula en voz alta: ¿quiénes son los verdaderos fantasmas, los muertos que no han terminado su historia o los vivos que no quieren escucharla? Del Toro no responde de modo directo. Prefiere dejar que la imagen de ese niño pálido junto a la bomba sin detonar hable por sí sola. En esa incomodidad, más que en sus sustos, reside la honestidad del film.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Discussion

There are 0 comments.