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Los Creyentes en Netflix: José Coronado se vuelve un padre atrapado en una conspiración y su hija teme lo peor

Martha O'Hara

La casa aparece envuelta en la humedad verde de Asturias, y lo primero que pide Los Creyentes es que la mires. La luz del norte cae baja sobre la piedra mojada. Una cocina lleva demasiado sin ventilarse. Un hombre camina por cuartos que dejó de compartir con alguien, y José Coronado lo vuelve una fortaleza con las luces apagadas. Antes de que Martín diga una frase paranoica, el encuadre ya soltó el diagnóstico: algo aquí se cerró.

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Ruth regresa porque su madre murió, y las circunstancias no cuadran. Stéphanie Magnin la interpreta como la hija que se fue y no volvió, y Roger Gual filma ese regreso como una intrusión en un sistema que aprendió a funcionar sin ella. El padre está jubilado, aislado, con la ira a flor de piel y absorbido por una teoría conspirativa que rehízo el mundo con una forma que solo él ve. El thriller no se apoya en una puerta cerrada ni en un arma escondida. Se apoya en una pregunta peor: ¿es un hombre roto o uno peligroso, y su hija todavía puede distinguirlos?

Ese es el golpe real de la película. La palabra del título llama a una multitud: foros, pancartas, la gente que decide que la versión oficial es la mentira. Los Creyentes quita a la multitud y deja a un solo hombre en la mesa de la cocina. Saca la radicalización de internet, donde nos acostumbramos a verla consumir a desconocidos, y la mete en el cuarto más íntimo de una familia, donde consume a un padre. Martín no se unió a un movimiento: emigró de la realidad donde su hija sigue viviendo. Y el miedo de Ruth no es solo que haya matado a su madre. Es que ya lo perdió en un país al que no puede seguirlo.

Coronado está usado justo contra lo que mejor hace. Durante veinte años el cine español lo puso como la autoridad hecha persona, el que sabe más de lo que dice. Aquí ese dominio se pudre en algo acorralado. Cuando una cara construida para la certeza empieza a insistir en una certeza que nadie puede comprobar, el efecto marea; buscas en sus ojos al hombre lúcido y no sabes si sigue ahí o ya se fue. Magnin es el contrapeso, una mujer haciendo una cuenta cuya respuesta no quiere, midiendo cada afirmación del padre por si alguna es una confesión disfrazada de teoría.

Gual arma la película como un mano a mano en un espacio cerrado, y la decisión no es solo de atmósfera. Al dejar todo dentro de la casa, sin narrador de afuera y sin un corte a alguna autoridad que ya sepa la verdad, la dirección te encierra en la posición exacta de Ruth. No hay lugar neutral desde donde contrastar a Martín con los hechos, que es justo lo que se siente al convivir con alguien que cayó en la madriguera. No puedes salir de la discusión para verificarla.

La fotografía de Juana Jiménez usa el paisaje asturiano y la casa clausurada como argumento, no como fondo. La luz húmeda, los interiores un grado demasiado oscuros, los rincones con sombra guardada como una mente guarda una idea fija: así se ve por dentro un mundo sellado. Un desvío a Berlín abre el mapa un momento sin soltar la claustrofobia.

El guion trae linaje. Carlos Montero y Darío Madrona lo escriben juntos, su primer reencuentro en un largometraje desde Élite, y traen esa trama compulsiva que aprieta la trampa y que llevó aquella serie por el mundo. Comprimida de un coro de adolescentes a una pieza de cámara de dos, la maquinaria corre más caliente. Fanny Gautier y Alberto Olmo cierran el anillo alrededor de Ruth y Martín. Nadie tiene que forzar la puerta: la amenaza ya vivía en la casa y tiene las llaves.

The Truthers
LOS CREYENTES. Jose Coronado as Martín in LOS CREYENTES. Cr. Matias Uris/Netflix © 2025

Lo que salva a la película del simple «¿fue él?» es la pregunta que se niega a contestar. El crimen se puede cerrar; un thriller siempre te dice cómo murió alguien. La distancia no. Aunque Ruth sepa qué le pasó a su madre, le queda lo difícil que la muerte no resuelve: si la verdad todavía significa algo para quien la cambió por una cosmología propia, y si se puede seguir queriendo a alguien cuya realidad ya no toca la tuya. Por eso se siente hecha para esta década, en la que las familias se vacían por la línea de lo que cada quien está dispuesto a creer.

Los Creyentes se estrena en todo el mundo en Netflix el 24 de julio de 2026. Dirigida por Roger Gual y escrita por Carlos Montero y Darío Madrona, está protagonizada por José Coronado, Stéphanie Magnin, Fanny Gautier y Alberto Olmo, con fotografía de Juana Jiménez y rodaje en Asturias, Madrid y Berlín.

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