Críticas

Think Like a Dog: una entrañable historia sobre la sabiduría canina y la angustia adolescente

Camille Lefèvre
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Desde el momento en que Henry, el golden retriever, «habla» por primera vez con Oliver gracias al vínculo telepático que acaban de establecer, Think Like a Dog (2020) tropieza con algo genuinamente encantador. Dirigida por Gil Junger, esta comedia familiar enfrenta al prodigio tecnológico de 12 años Oliver Reed (Gabriel Bateman) con el caos cotidiano de la secundaria y la vida familiar, mientras su perro Henry se convierte, sin proponérselo, en su peludo guía. Josh Duhamel y Megan Fox interpretan a Lukas y Ellen Reed, los padres de Oliver.

La premisa —Oliver inventa accidentalmente un dispositivo que le permite escuchar los pensamientos de su perro— es más ingeniosa que la de la mayoría de las películas con animales parlantes. No se trata solo de humor físico o de atribuirles rasgos humanos a los animales: también importa la perspectiva. La sencilla filosofía perruna de Henry («disfruta la vida en el presente») sirve de contrapeso, más que necesario, a la visión del mundo enrevesada y dominada por la tecnología de Oliver. La dinámica entre Bateman y Todd Stashwick, quien le presta su voz a Henry, funciona sorprendentemente bien. Stashwick aporta reflexiones filosóficas, dichas con absoluta seriedad, que le dan calidez a la película.

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Donde Think Like a Dog se queda corta es en los giros previsibles de la trama. La historia del «niño genio contra el magnate tecnológico corrupto», con Kunal Nayyar como Mr. Mills, parece sacada directamente de una comedia familiar de los noventa, incluida una persecución culminante en la que participan los perros del vecindario. Duhamel y Fox, como los padres de Oliver, cumplen, pero sus personajes están desaprovechados y reducidos a los tópicos habituales de una pareja divorciada. El intento de abordar temas serios —el divorcio, la presión de los padres y el acoso escolar— suele sentirse demasiado subrayado y resta fuerza a los momentos más ligeros.

En lo visual, Junger opta por la sencillez y se apoya en gags visuales básicos —como las reacciones exageradas de Henry ante los pensamientos de Oliver— en lugar de recurrir a una cinematografía más inventiva. En cambio, el diseño de sonido merece elogios por integrar con naturalidad la voz telepática de Henry con el resto de la banda sonora y crear un efecto envolvente que hace creíble la premisa.

Bateman sostiene la película con una interpretación sincera y retrata con matices tanto la inteligencia de Oliver como sus inseguridades. Madison Horcher, en el papel de Sophie, la chica que le gusta a Oliver, aporta una dinámica escolar reconocible, aunque a su personaje le habría venido bien algo más de profundidad. El elenco secundario, que incluye a Izaac Wang y Hou Minghao como Li y Xiao, respectivamente, ofrece un buen apoyo, pero deja pocos momentos memorables.

La exploración de las dinámicas familiares es el punto más fuerte de la película. El miedo de Oliver al inminente divorcio de sus padres sostiene buena parte del peso emocional. La perspectiva de Henry le ofrece una mirada distinta, desde la cual Oliver aprende a valorar el amor y la lealtad por encima de las soluciones tecnológicas. Sin embargo, estos temas quedan a veces opacados por la dependencia de la película de recursos narrativos conocidos.

En comparación, Think Like a Dog no tiene la originalidad de películas como Paddington 2 o The Secret Life of Pets. No rompe esquemas ni aporta algo particularmente novedoso al género. En cambio, va a lo seguro y busca gustarle a un público amplio, pero no consigue una resonancia emocional más profunda.

Para el público al que se dirige —familias con niños pequeños—, la película ofrece suficiente humor y calidez para mantener su interés. La idea del perro telepático entretiene, y el mensaje sobre valorar las alegrías sencillas de la vida vale la pena. Sin embargo, a los espectadores mayores o a quienes buscan una historia más sofisticada quizá les resulte insuficiente.

En definitiva, Think Like a Dog es una película aceptable, aunque olvidable, dentro del género de animales parlantes. Probablemente conecte con los espectadores jóvenes y los amantes de los perros, pero no tiene suficiente sustancia para destacar entre tantas propuestas. Las actuaciones son sólidas, en especial la de Bateman, y el diseño de sonido merece atención; aun así, la trama previsible y los temas poco desarrollados le impiden alcanzar la grandeza.

Es loable que la película intente combinar el humor con momentos emotivos sobre la familia y el crecimiento, pero a menudo parece esforzarse demasiado por ser todo para todos. El resultado es una cinta que no llega a ser profundamente conmovedora ni muy divertida, y queda en una especie de limbo. Es una lástima, porque la idea central —un niño y su perro unidos por un vínculo telepático— tiene muchísimo potencial tanto para la comedia como para el drama. La película se estrenó en Premium VOD el 9 de junio de 2020.

El ritmo es otro de los aspectos en los que la película tropieza. La primera mitad se dedica a presentar el mundo de Oliver, sus inseguridades y el experimento que sale mal. Aunque esta introducción es necesaria, por momentos se alarga demasiado, sobre todo por la repetición de escenas sobre las dificultades de Oliver en la escuela y las discusiones de sus padres. Una vez que se establece la conexión telepática entre Oliver y Henry, la película cobra impulso, pero para entonces algunos espectadores quizá ya hayan perdido el interés.

La cinematografía de Think Like a Dog es funcional, pero no destaca. Junger recurre a composiciones de plano convencionales y no se arriesga demasiado en lo visual. Es una oportunidad perdida, porque la idea de un niño que escucha los pensamientos de su perro podría haberse explorado con una cámara más creativa, quizá mediante ángulos o perspectivas poco convencionales que representaran el punto de vista de Henry.

La banda sonora es otro de los aspectos en los que la película sobresale. La música acompaña eficazmente el tono de cada escena, ya sea en los momentos ligeros entre Oliver y Henry o en las secuencias más dramáticas sobre la relación de los padres de Oliver. La integración de la voz telepática de Henry en la mezcla de sonido está particularmente bien lograda y hace que sus pensamientos se sientan como una parte natural del paisaje sonoro.

Una de las virtudes de la película es su capacidad para abordar temas universales que conectan tanto con niños como con adultos. La idea de un niño que intenta sortear las complejidades de la vida familiar, la escuela y sus propias inseguridades es algo con lo que muchas personas pueden identificarse. La sencilla sabiduría de Henry —centrarse en el amor, la lealtad y disfrutar el presente— es un mensaje que trasciende las edades.

La película también habla de la importancia de la amistad y del vínculo tan particular entre las personas y sus mascotas. La relación de Oliver con Henry recuerda el amor y el apoyo incondicionales que pueden brindar los animales. Este aspecto de la historia es especialmente conmovedor y probablemente conecte con quienes tienen mascotas.

Por género, Think Like a Dog encaja de lleno en la comedia familiar. Tiene puntos en común con otras películas de animales parlantes, como Beethoven o Air Bud, pero no alcanza el mismo encanto ni resulta tan memorable como esos clásicos. Su dependencia de los lugares comunes y de los giros previsibles le impide destacar en un género que ha tenido muchas versiones a lo largo de los años.

En general, las actuaciones son sólidas, y Gabriel Bateman ofrece una interpretación particularmente convincente como Oliver. Transmite con eficacia la inteligencia, las inseguridades y los conflictos emocionales del personaje. El trabajo de voz de Todd Stashwick como Henry también merece destacarse: aporta una mezcla singular de humor y sabiduría. Sin embargo, algunos papeles secundarios están poco desarrollados; a personajes como Sophie y Mr. Mills no se les da suficiente profundidad ni tiempo en pantalla para dejar una impresión duradera.

Es admirable que la película intente abordar temas serios desde un marco cómico, pero a menudo parece esforzarse demasiado por ser graciosa y conmovedora al mismo tiempo. El resultado es una historia que no termina de comprometerse con ninguno de los dos tonos y deja algunas escenas con cierta inconsistencia. Por ejemplo, las discusiones de los padres de Oliver buscan un efecto dramático, pero el tono ligero general de la película suele restarles fuerza.

El ritmo es otro de los aspectos en los que la película tropieza. La primera mitad se dedica a presentar el mundo de Oliver, sus inseguridades y el experimento que sale mal. Aunque esta introducción es necesaria, por momentos se alarga demasiado, sobre todo por la repetición de escenas sobre las dificultades de Oliver en la escuela y las discusiones de sus padres. Una vez que se establece la conexión telepática entre Oliver y Henry, la película cobra impulso, pero para entonces algunos espectadores quizá ya hayan perdido el interés.

La cinematografía de Think Like a Dog es funcional, pero no destaca. Junger recurre a composiciones de plano convencionales y no se arriesga demasiado en lo visual. Es una oportunidad perdida, porque la idea de un niño que escucha los pensamientos de su perro podría haberse explorado con una cámara más creativa, quizá mediante ángulos o perspectivas poco convencionales que representaran el punto de vista de Henry.

La banda sonora es otro de los aspectos en los que la película sobresale. La música acompaña eficazmente el tono de cada escena, ya sea en los momentos ligeros entre Oliver y Henry o en las secuencias más dramáticas sobre la relación de los padres de Oliver. La integración de la voz telepática de Henry en la mezcla de sonido está particularmente bien lograda y hace que sus pensamientos se sientan como una parte natural del paisaje sonoro.

Una de las virtudes de la película es su capacidad para abordar temas universales que conectan tanto con niños como con adultos. La idea de un niño que intenta sortear las complejidades de la vida familiar, la escuela y sus propias inseguridades es algo con lo que muchas personas pueden identificarse. La sencilla sabiduría de Henry —centrarse en el amor, la lealtad y disfrutar el presente— es un mensaje que trasciende las edades.

La película también habla de la importancia de la amistad y del vínculo tan particular entre las personas y sus mascotas. La relación de Oliver con Henry recuerda el amor y el apoyo incondicionales que pueden brindar los animales. Este aspecto de la historia es especialmente conmovedor y probablemente conecte con quienes tienen mascotas.

Por género, Think Like a Dog encaja de lleno en la comedia familiar. Tiene puntos en común con otras películas de animales parlantes, como Beethoven o Air Bud, pero no alcanza el mismo encanto ni resulta tan memorable como esos clásicos. Su dependencia de los lugares comunes y de los giros previsibles le impide destacar en un género que ha tenido muchas versiones a lo largo de los años.

En definitiva, Think Like a Dog es una película aceptable, aunque olvidable, dentro del género de animales parlantes. Probablemente conecte con los espectadores jóvenes y los amantes de los perros, pero no tiene suficiente sustancia para destacar entre tantas propuestas.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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