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Ya era hora, una comedia amable sobre el tiempo perdido que se queda corta en emoción

La comedia dramática italiana de Alessandro Aronadio (2023), con Edoardo Leo y Barbara Ronchi.
Martha O'Hara
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Todo empieza con un beso accidental. Dante (Edoardo Leo) besa a Alice (Barbara Ronchi) sin proponérselo, y de ese tropiezo sale un compromiso. Es un arranque de comedia romántica de manual, pero retrata de inmediato al personaje: un hombre al que la vida le pasa mientras mira el reloj. Ya era hora, dirigida por Alessandro Aronadio y coescrita, según apunta Decider, con Renato Sannio, lo lleva hasta una fiesta sorpresa por sus 40 años. Tras esa noche despierta un año después, sin recuerdo alguno de lo ocurrido, y descubre que Alice está embarazada. Siente que el tiempo se le escurre y empieza a olvidar algunos de los momentos más importantes de su vida. Ese vacío es el motor de la película, y también lo que la sostiene cuando el guion se queda sin ideas.

Decider se detiene en el nombre del protagonista: Dante está a punto de vivir su propio infierno. Es un oficinista calculador que ve el tiempo como dinero, y para alguien así el infierno consiste en perder el control del reloj. Ya tendía a desconectarse de la vida familiar y a adelantar mentalmente los grandes momentos de su existencia; Ready Steady Cut lo describe como un adicto al trabajo que se parte el lomo hoy para comprarse tiempo mañana. La película vuelve esa manía en su contra. Cada salto lo aleja un poco más de la gente que quiere, mientras los demás siguen con su vida como si él estuviera en piloto automático, lo que, apunta Decider con ironía, ya era su estado habitual. Ese mismo medio menciona Click, About Time y Groundhog Day, y la comparación es justa: Aronadio retoma la idea de un hombre que descubre que no manda sobre el tiempo y que cada momento hay que ganárselo.

A Edoardo Leo le toca poner cara de asombro, y lo hace bien. Todo se interpreta en un tono bajo y realista, sin nada que parezca actuación de lucimiento, y por eso Decider le reconoce el mérito de vender la premisa fantástica casi solo con sus reacciones de incredulidad. Tiene razón. Según Ready Steady Cut, Dante se desconcierta ante el vientre abultado de Alice y se asusta cuando siente moverse al bebé; más adelante confunde a su hija con un hijo y a veces olvida que existe. Esa reseña sostiene que en cualquier otro contexto sería terrible, pero que aquí su desconcierto resulta hilarante. Leo no le guiña el ojo al público ni comenta el chiste: interpreta el susto de alguien que se entera tarde de algo que los demás tuvieron meses para asimilar, y por eso la risa funciona.

El punto débil es el pulso. Decider lo dice sin rodeos: la película avanza a paso cansino, sin un ánimo ni un sentimiento fuertes más allá de la tensión de las situaciones y una amabilidad general. En sus palabras, es una película agradable sobre gente agradable que aprende a conectar con su lado amable. Lo que se echa de menos es el vaivén entre la carcajada y el nudo en la garganta que uno espera de una comedia dramática, y que aquí se queda corto. Aronadio tampoco hace nada novedoso con el salto temporal. Los saltos empujan la trama, pero no abren nada inesperado ni en la historia ni en la forma, y el humor más filoso se agota en las primeras reacciones de Dante.

La pareja es donde la película se pone seria. Según Ready Steady Cut, Dante olvida que él y Alice van a terapia de pareja, y ella le reprocha que nunca esté con su hija y que prefiera el trabajo a la familia. Lo que duele es que Dante paga por errores que no recuerda: esa reseña habla del dolor y la frustración de un hombre que no sabe de qué lo acusan. Barbara Ronchi tiene el papel más ingrato, porque Alice carga con el resentimiento por todo lo que Dante no estuvo ahí para vivir. Decider anota además un detalle de tono: Alice lo provoca a veces con juegos de seducción llenos de referencias culturales que nunca pasan a mayores. Ese cariño ligero ayuda a creer que la pareja tenía algo que perder.

El momento que da sentido a la película llega cuando Dante por fin pasa tiempo de calidad con su hija Galadriel, a quien da vida Stella Trotta en la etapa de los 5 a los 7 años. Decider cuenta que el nombre es un homenaje a El señor de los anillos, risible pero justificado por la propia película. Dante le pregunta qué podría hacer mejor, casi como quien le pide su opinión a un empleado, y ella contesta con una frase que Decider llama sencilla y devastadora: «Más tiempo, por favor». La pregunta delata que Dante sigue pensando en términos de oficina. La niña no le propone un plan de mejora ni le sigue el juego: le pide lo único que él no ha sabido darle.

Mario Sgueglia (Valerio), Francesca Cavallin (Francesca), Raz Degan (Omar) y Massimo Wertmüller (Marcello) completan el reparto, junto a Andrea Purgatori como el terapeuta. Como la historia va pegada al punto de vista tambaleante de Dante, los secundarios existen sobre todo por cómo lo tratan a él, y casi nadie tiene espacio para ser algo más que el reflejo de lo que él se perdió. Ya era hora sigue de cerca la receta de las películas con las que Decider la compara, y se nota. Leo la hace creíble y la idea del tiempo queda clara desde el principio, pero el ritmo es flojo y los saltos se repiten sin sorprender. Lo que se queda es el intercambio entre Dante y Galadriel que cita Decider: una pregunta de oficina y cuatro palabras de una niña dicen más que casi todo lo que la película da vueltas para explicar.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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