Actores

Cuba Gooding Jr. regresa con cinco proyectos y una historia sin cerrar

Penelope H. Fritz

Cuba Gooding Jr. tiene cinco proyectos nuevos y una reputación que la industria no terminó de resolver. Eso no es poco para un actor que pasó varios años virtualmente ausente del cine que merece su talento, pero tampoco es la respuesta a ninguna pregunta importante.

Creció en Los Ángeles, a donde su familia llegó desde el Bronx cuando tenía cuatro años, después del éxito de su padre Cuba Gooding Sr. con The Main Ingredient. El padre se fue poco después — el cantante célebre que dejó a la familia —, y esa ausencia recorrió la vida del hijo en formas que él mismo ha mencionado en entrevistas sin llegar a resolverlas del todo. Pasó por cuatro escuelas secundarias, estudió artes marciales japonesas, bailó en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de 1984, y llegó a la actuación a través de papeles pequeños en televisión.

Boyz n the Hood, de John Singleton, le dio la primera gran oportunidad. Interpretó a Tre Styles con una complejidad que la película requería y que él tenía a los veintitrés años. Vinieron después A Few Good Men, Judgment Night, y luego la escena que todo el mundo recuerda: el intercambio de «show me the money» con Tom Cruise en Jerry Maguire, de Cameron Crowe. Una improvisación que los dos actores decidieron sostener, alargar y convertir en el momento más citado de una temporada de premios que terminó con el Oscar al mejor actor de reparto para Gooding. Tenía veintinueve años.

Lo que siguió es conocido: una serie de comedias y películas de acción directas a video que no aprovecharon lo que Boyz n the Hood y Jerry Maguire habían demostrado. El nombre siguió siendo reconocible; los proyectos dejaron de serlo. La explicación más cómoda es que el Oscar cerró puertas en lugar de abrirlas. La explicación más incómoda es que Hollywood siempre supo exactamente lo que quería hacer con él.

El papel que lo rescató críticamente fue el más difícil de justificar en abstracto: O.J. Simpson en American Crime Story: El caso O.J. Simpson, de Ryan Murphy. Interpretar a un hombre que casi todo el mundo considera culpable de asesinato doble sin convicción firme requiere un tipo de composición que trasciende la simpatía y la condena. Gooding lo hizo. La nominación al Emmy fue el reconocimiento tardío de una carrera que en ningún momento dejó de tener el talento que el primer reconocimiento había señalado.

Luego vino la crisis. Entre 2018 y 2023, múltiples mujeres lo acusaron de conducta sexual inapropiada. Fue arrestado en 2019. En 2022 se declaró culpable de un delito menor de tocamiento forzado y luego obtuvo que ese cargo fuera convertido en una infracción no penal tras completar un programa de asesoramiento. Una demanda civil por violación se resolvió en acuerdo extrajudicial en 2023, en vísperas del juicio, sin monto divulgado y sin reconocimiento de culpa de su parte. No hay historial penal. Hay, en cambio, un registro de acuerdos y admisiones parciales que la industria procesó como lo procesa casi siempre: bajando el perfil del implicado hasta que el ciclo de atención pasara.

Ahora tiene cinco proyectos: un thriller de crimen organizado con el exluchador Michael Bisping, un drama de iniciación en Florida y California, un neo-western en Texas, un noir rodado en Londres, y Lotus, un thriller de acción internacional que se filmará en Manila y Brasil a partir de septiembre de 2026, primero de una franquicia de cinco películas. Ha hablado de su fe cristiana renacida como parte de su recuperación personal.

Su matrimonio con Sara Kapfer, su novia del instituto, terminó en divorcio después de veinte años. Su padre, el cantante que lo abandonó, murió solo en su automóvil en 2017.

Cinco proyectos y un relato de redemption que Hollywood puede comprar o no comprar. Lo que Gooding tiene a su favor es que, cuando el material lo merece, sigue siendo completamente capaz de demostrarlo.

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