Música

Michael Jackson entre el genio del pop y las sombras de su vida privada

Penelope H. Fritz

Fue el artista más vendido de la historia y también el hombre cuya vida privada nunca se aclaró del todo. Años después de su muerte, la música sigue igual de viva y las preguntas igual de abiertas.

Hay una imagen de Michael Jackson que no cambia: el moonwalk, la chaqueta de cuero rojo, el guante blanco, la lentejuela solitaria en el calcetín. El mundo la guardó como si fuera un monumento y así la conserva. Lo que esa imagen no muestra — lo que cubre deliberadamente — es al hombre que pasó tres décadas tratando de vivir dentro de una figura que ya no le pertenecía.

Creció en Gary, Indiana, en 1958, séptimo de nueve hermanos en una casa pequeña donde su padre Joe ensayaba con ellos horas y horas, y corregía los errores con el cinturón. A los cinco años ya actuaba, a los diez ya cantaba como solista frente al público. Los Jackson 5 consiguieron algo que ningún grupo había logrado antes: cuatro sencillos consecutivos en el número uno con Motown — I Want You Back, ABC, The Love You Save, I’ll Be There. No fue una carrera elegida. Fue una carrera que lo eligió a él.

El salto creativo llegó con Off the Wall, producido junto a Quincy Jones: un disco adulto, complejo, que dejaba atrás el pop brillante de los Jackson 5. Vendió ocho millones de copias y los Grammy casi lo ignoraron. Jackson tomó nota y grabó Thriller.

El resto es historia de récords: el álbum más vendido de todos los tiempos, setenta millones de copias, treinta y siete semanas seguidas en el primer puesto del Billboard 200, ocho Grammy en una sola noche. No fue solo el artista más exitoso de los ochenta — fue el fenómeno pop más grande de la historia de la música grabada. Bad siguió: cinco sencillos número uno desde un mismo álbum, marca que nadie ha superado. Los conciertos se volvieron espectáculos de estadio; los videos, cortometrajes; toda la estética del pop moderno arranca de ahí.

Lo que no puede omitirse en ninguna biografía honesta de Jackson es el conflicto que definió sus últimas décadas. Desde 1993, su nombre estuvo ligado a acusaciones de abuso sexual de menores que él negó con firmeza, que nunca se probaron penalmente y que nunca se resolvieron de manera definitiva. Llegó a un acuerdo económico con la familia de Jordan Chandler sin reconocer culpa. En 2003 fue procesado a raíz de un documental de Martin Bashir; fue juzgado por catorce cargos y absuelto de todos en junio de 2005. En 2019 el documental Leaving Neverland, de Dan Reed, presentó los testimonios de Wade Robson y James Safechuck, quienes habían negado cualquier abuso bajo juramento años antes. Una segunda parte llegó en 2025. Los demandas civiles siguen activas. Ningún tribunal penal condenó a Jackson. Las acusaciones corren en paralelo a la música, y la muerte no las cerró.

Tras la absolución de 2005 no llegó el regreso artístico que muchos esperaban. Invincible, de 2001, había vendido bien pero se promocionó mal después del enfrentamiento público con Tommy Mottola, de Sony Music. Jackson vivió varios años entre Nevada, Bahréin e Irlanda antes de instalarse en Los Ángeles para ensayar This Is It, una serie de conciertos en Londres que nunca llegó a realizarse. Murió el 25 de junio de 2009, a los cincuenta años, por intoxicación aguda de propofol administrado por su médico personal Conrad Murray, quien fue condenado por homicidio culposo.

Lo que vino después fue, comercialmente, una máquina sin freno. Su patrimonio, construido alrededor del catálogo musical y los derechos editoriales, llegó a valer miles de millones. En abril de 2026 se estrenó el biopic Michael, dirigido por Antoine Fuqua con Jaafar Jackson en el papel principal — la mayor apertura de taquilla de una película biográfica en la historia, con 321 millones de dólares solo en Estados Unidos, aunque con críticas divididas y una fuerte polémica por haber borrado las acusaciones de abuso del guion.

Thiller, Bad y Dangerous sostienen juntos una tesis sobre el pop: que puede cargar más peso que el entretenimiento, que una voz puede ser íntima y planetaria al mismo tiempo, que el videoclip es arte y no solo publicidad. El hombre que demostró todo eso murió antes de que su historia pudiera cerrarse del todo. La música no resuelve nada. Solo sigue sonando.

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