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Rafael Nadal ganó 22 Grand Slams con un hueso del pie que se destruía

Penelope H. Fritz

Rafael Nadal ganó 22 Grand Slams con un pie cuyos huesos se desintegraban. El síndrome de Müller-Weiss, una enfermedad degenerativa rara, fue detectado en su pie izquierdo mientras ya era uno de los mejores tenistas del mundo. El diagnóstico anticipaba el fin. Los hechos demostraron que no.

Creció en Manacor, una ciudad de la isla de Mallorca, donde su tío Toni le puso una raqueta en la mano a los tres años. A los ocho ya ganó un campeonato regional sub-12 mientras también jugaba al fútbol a nivel competitivo. Fue Toni quien tomó la decisión fundamental: hacer a Rafael, diestro en la vida diaria, jugar con la mano izquierda. El golpe de derecha zurdo con topspin extremo que surgió de esa elección tardó años en tener contrarrespuesta efectiva.

La formación con Toni fue dura. Lo hacía recoger pelotas, barrer canchas, recibir críticas que los demás entrenadores no aplicaban a sus pupilos. El resultado fue un jugador que entendía el dolor como parte del trabajo, no como un motivo para parar.

Cuando ganó su primer Roland Garros a los 19 años, en 2005, lo llamaron especialista de tierra. Tenía 14 títulos en París al final. Pero también ganó en Wimbledon, en el US Open y en el Abierto de Australia. Completó el Golden Slam —los cuatro majors más el oro olímpico en singles— algo que solo tres hombres han logrado en la historia del tenis.

La final de Wimbledon de 2008 contra Roger Federer es el partido que todos citan como el mejor de la historia: cinco sets, oscuridad creciente, lluvia, casi cinco horas. Nadal ganó. Semanas después ganó el oro olímpico en Pekín. Tenía 22 años.

Lo que la narrativa del guerrero y el campeón de tierra batida omitió durante años fue lo más relevante: Nadal competía sobre huesos deteriorados. Los antiinflamatorios que le permitían jugar generaban pequeñas perforaciones en su intestino. La serie documental de Netflix Rafa, que se estrena hoy, revela por primera vez el sistema médico y de resistencia al dolor que sostuvo su carrera.

Ganó el Abierto de Australia de 2022 en una vuelta tras meses sin jugar por lesión —su 21.º Grand Slam cuando el mundo lo daba por terminado. Ganó Roland Garros ese junio: el 22.º, el 14.º en París. Lesiones abdominales y de cadera recortaron su participación en 2023 y 2024. Anunció su retiro en octubre de 2024. Su último partido fue en la Copa Davis en Málaga en noviembre: perdió 6-4, 6-4 ante Botic van de Zandschulp.

Su esposa, María Francisca Perelló —Xisca o Mery—, está en su vida desde 2005. Se casaron en 2019. Su hijo Rafael Jr. nació en 2022 y el segundo, Miquel, llegó en agosto de 2025. Desde el retiro, Nadal pasa sus mañanas llevando a los niños al colegio.

22 Grand Slams son un dato. Lo que el documental, el museo de la Academia Rafa Nadal en Manacor y sus propias conversaciones empiezan a revelar es lo que estuvo debajo durante dos décadas: un cuerpo que no debió aguantar y un tenista que no lo dejó decidir por él.

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