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Serena Williams regresa en el Cincinnati Open: dobles con Venus, no en solitario

Jack T. Taylor

Cuando una campeona decide cómo seguir compitiendo, la elección suele esconderse dentro de una más pequeña. Serena Williams ya tomó la suya, y no es la que la narrativa del regreso esperaba de ella. Vuelve a pisar una cancha de partido no para perseguir una despedida en individuales que los resultados ya no pueden prometerle, sino para pararse en una cancha de dobles al lado de su hermana.

Esa es la verdadera noticia detrás del wild card del Cincinnati Open. La reunión se lee, a primera vista, como puro sentimiento — dos de las jugadoras más laureadas que ha producido el tenis femenino, de vuelta al mismo lado de la red después de años separadas. Mírese más de cerca y parece algo más duro y deliberado: una decisión sobre dónde una ex número uno del mundo, ya entrada en sus cuarenta, todavía puede ser peligrosa, y dónde ya no puede fingir que lo es.

El regreso en individuales ha sido implacable. Serena volvió este verano tras casi cuatro años de ausencia, y Wimbledon respondió con una derrota en primera ronda ante Maya Joint, una rival con menos de la mitad de su edad. Luego, una lesión en la rodilla durante ese partido truncó la reunión de dobles que las hermanas habían planeado en el All England Club antes de que pudiera comenzar. El cuerpo ha estado siguiendo su propio consejo.

El dobles es el registro donde ese consejo cambia. El formato exige menos de las piernas y más de las manos, los reflejos, la lectura de los hombros de la rival — los instrumentos que se desvanecen al final. También es la disposición en la que las hermanas Williams nunca han sido realmente vencidas por el tiempo. Catorce títulos de Grand Slam en dobles y tres oros olímpicos respaldan esa sociedad; en esa cancha siempre han sido ellas mismas, y las más difíciles de enfrentar.

Venus plantea el mismo punto en un tono más bajo. Su propio año en individuales no ha producido victorias, torneo tras torneo, incluso mientras el dobles le ha seguido dando una razón para quedarse. De todos modos, lleva un wild card en individuales a Cincinnati, en su trigésimo tercera temporada consecutiva, presentándose aún a la pelea. Pero el partido que importa es el que juega al lado de Serena — la dupla que todavía puede ganar cuando ninguna de las dos hermanas puede ganar sola de manera confiable.

No hay nada lúgubre en esa aritmética, ni nada nostálgico en elegirla. Es una campeona editando su propio final: negándose la salida sin gracia de un cuadro de individuales que ya no se doblega ante ella, y alcanzando en cambio la única cancha por la que nunca ha tenido que disculparse. A Serena no le están regalando una vuelta triunfal. Ella está poniendo los términos del regreso, y los términos son su hermana.

El wild card las coloca a las dos en el cuadro de dobles de Cincinnati por primera vez como equipo — su primer partido juntas desde el US Open 2022, y su primera incursión en este evento como pareja. El torneo en Ohio se disputa durante la segunda mitad de agosto. Serena no ha dicho si el US Open viene después.

Si lo hace, la puerta por la que entrará será la del dobles — esa en la que Venus ya está esperando adentro.

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