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Verano del 36 en Netflix — el thriller de época donde las primeras vacaciones pagadas de Francia se convierten en escena de un crimen

Camille Lefèvre

Al fiscal Adrien Jacquart lo encuentran muerto en su cuarto de un gran hotel frente al mar de Niza, y la lista de quienes pudieron querer que desapareciera crece, en ese verano de 1936, hasta perder la cuenta. Ojo con el título: Verano del 36 no es sobre la guerra en España, es el verano francés de 1936 — el año en que el Frente Popular les dio a los trabajadores sus primeras vacaciones pagadas y la Costa Azul, territorio de la burguesía durante un siglo, se llenó de golpe de quienes solo la habían atendido. La historia arranca justo cuando esas dos Francias tienen que compartir el mismo lobby.

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En la superficie, la miniserie de seis capítulos de Netflix es un misterio: una muerte y cuatro mujeres —Blanche Akermann, Eugénie Berthier, Giulia Vincent y Léonie Morel— cada una con razones para mentir. Lo que la serie se niega a dar es la arquitectura tranquilizadora del whodunit de manual: no hay un detective único al que seguirle la pista, ningún ojo central que reúna a los sospechosos al final y lo aclare todo. Cada mujer sostiene un trozo distinto del mismo verano, y lo que uno arma escena por escena es menos la solución al crimen que un mapa de quién puede estar en cada lugar.

Las apuestas históricas son concretas. La ley de congés payés del Frente Popular, aprobada ese junio, les dio a los trabajadores asalariados dos semanas de vacaciones con goce de sueldo, y nació así la imagen fundacional del descanso igualitario francés: obreros en bici camino al mar que les decían que no era para ellos. Poner el asesinato en ese cruce exacto le permite a la serie hacer una pregunta que sigue viva: si el acceso que te da la ley se queda, o si te lo prestan por una temporada y luego, sin hacer ruido, te lo quitan. Eugénie, que interpreta Sofia Essaïdi, y Giulia, a cargo de Nolwenn Leroy, están del lado de los que llegan; Marthe Pontavice-Caron, con Miou-Miou, cuida lo que la frontera fue construida para proteger. La Blanche de Julie de Bona y la Léonie de Constance Gay sostienen el cuadro en medio.

El director Frédéric Garson, que filmó los seis episodios, retrata el hotel como un corte transversal, no como escenario. La cámara cruza sin parar la línea interna que el edificio existe para sostener —escalera de servicio contra terraza, lavandería contra salón— hasta que el espacio mismo carga el argumento. Más de 1.500 trajes y 74 sets reconstruidos respaldan la serie, pero la producción usa esa escala como prueba, no como decorado: el corte exacto del uniforme de una sirvienta contra el traje de baño de una huésped es el orden social hecho ropa.

Verano del 36 viene del mismo equipo de producción —Quad Drama, TF1 y Netflix— que armó Le Bazar de la Charité, y vuelve a poner a Julie de Bona en el centro de un elenco femenino que cruza líneas de clase. Escrita por Catherine Touzet y Marie Deshaires a partir de una idea original de Iris Bucher, cierra el crimen cuando tiene que cerrarlo. La pregunta de fondo —si la puerta que se abrió ese verano siguió abierta, o si la Riviera aguantó a sus huéspedes dos semanas y esperó septiembre para volver a cerrar— la deja sin resolver. El país, como la serie sabe de sobra, todavía no ha cerrado esa causa.

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