Negocios y Finanzas

Ferrari hizo un eléctrico para enfrentar a China. Sus propios fans fueron los primeros en rebelarse

Victor Maslow

Un Ferrari siempre ha vendido un sonido antes que un auto: el rugido de un motor de combustión que sus dueños aprenden a reconocer como se reconoce una voz. Así que cuando Maranello descubrió el Luce, su primer modelo totalmente eléctrico, y la sala se topó con un cuatro puertas silencioso, la compañía apostaba a que la insignia bastaría por sí sola para llevarla al futuro. El cavallino tenía otros planes.

Los críticos más feroces no fueron las marcas rivales ni los escépticos del clima, sino la propia aristocracia de Ferrari. Luca di Montezemolo, el presidente que reinó en las décadas más románticas de la marca, calificó el auto de vergüenza y dijo que ojalá le quitaran el cavallino por completo. El ministro de Transporte italiano se sumó. Para una generación criada en la idea de que un Ferrari debe sentirse tanto como manejarse, uno eléctrico se lee menos como un avance que como una apostasía.

Lo que vuelve al Luce algo más que una disputa de diseño es el mapa que Ferrari estaba leyendo. El segmento que más crece en el mercado de lujo hoy es eléctrico, y buena parte de su impulso viene de China, donde una nueva clase de autos de alta tecnología reescribió lo que debe ser una máquina de seis cifras. Ferrari, cuyas ventas en China venían cayendo, quería que el Luce ganara esa sala. El giro es cruel: los críticos dijeron que el auto se parecía a las mismas máquinas a las que pretendía responder, y algunos recurrieron al Nissan Leaf como comparación, mientras el director ejecutivo Benedetto Vigna insistía en que no tenía «nada que ver con los eléctricos chinos ni con los de otras marcas». Toda marca con historia enfrenta hoy la misma trampa: Aston Martin apostó su propio futuro a las prestaciones eléctricas de ultralujo, y la pregunta de si un emblema legendario sobrevive al cambio pende sobre todas.

El prestigio no se transfiere de forma automática al cambiar de motor. Diseñado con LoveFrom, el estudio de Jony Ive, el Luce cambia el grito del V12 por un sistema que amplifica el ruido real de los motores, y envuelve más de mil caballos en la silueta de un auto familiar, el primer cinco plazas de Ferrari. Con un precio cercano a los 550.000 euros y llegada a los concesionarios a fin de año, les pide a los compradores pagar dinero de superdeportivo por una forma que los fieles se niegan a reconocer.

El mercado respondió primero. En menos de un día desde la presentación, Ferrari había perdido cerca de una décima parte de su valor, miles de millones esfumados en una sola sesión: el sonido, quizá, de un mito al que le piden ponerse en ralentí.

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