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365 días más termina la saga repitiendo sus mismos errores

El cierre de la trilogía erótica polaca insiste en las discusiones y los clichés que ya cansaban desde la primera película.
Martha O'Hara
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La escena inicial de 365 días más es un funeral. Massimo frente a la tumba de su hermano gemelo Adriano, una lápida que carga con el peso de lo que podría haber sido. Y así empieza esta tercera entrega de la saga: con promesas incumplidas y fantasmas literales. La dirección de Barbara Białowąs y Tomasz Mandes no logra elevar un material que ya desde su origen —la trilogía de Blanka Lipińska— parece destinado al olvido.

La trama gira en torno a Laura (Anna-Maria Sieklucka) y Massimo (Michele Morrone), una pareja cuyos problemas de confianza son tan profundos como predecibles. Nacho (Simone Susinna) actúa como el típico tercer personaje que solo existe para complicar las cosas, pero su presencia no añade tensión sino redundancia. La película intenta explorar la lucha interna de Laura entre dos hombres y su carrera en la moda, pero lo hace con una torpeza narrativa que deja a los personajes atrapados en diálogos forzados y situaciones exageradas.

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El mayor pecado de 365 días más es su falta de coherencia. Las decisiones de los personajes no tienen peso emocional alguno. Laura seduce a Massimo durante una reunión de negocios, ignorando las recomendaciones médicas post-ataque; luego, en un club nocturno, se deja llevar por sus fantasías con Nacho sin ninguna progresión lógica. Estos momentos podrían tener impacto si la dirección los tratara con sutileza, pero cada escena es tan cruda como previsible. La secuencia del sexo en la playa con Nacho, por ejemplo, no genera tensión sino incomodidad, gracias a una edición que parece más preocupada por el tiempo de ejecución que por la construcción de un clima.

El elenco, especialmente Morrone y Sieklucka, cae en la trampa de interpretaciones exageradas. Sus intercambios están cargados de drama barato: gritos, acusaciones, reconciliaciones mediante sexo rápido. No hay matices, solo arquetipos mal ejecutados. Simone Susinna como Nacho es el único que logra un atisbo de humanidad, pero incluso su personaje termina siendo víctima del guión.

La película también falla en su intento de ser erótica. Las escenas íntimas carecen de sensualidad y se sienten más bien como una sucesión de poses y movimientos mecánicos. La dirección no logra crear atmósfera alguna, ya sea en los clubes nocturnos o en las habitaciones privadas donde supuestamente ocurre la pasión.

Donde 365 días más podría haber destacado es en su exploración del empoderamiento femenino a través de la carrera de Laura. Sin embargo, esta línea argumental queda enterrada bajo capas de drama romántico mal resuelto y escenas de sexo sin propósito. La película no sabe si quiere ser una historia de redención o un thriller erótico, y termina siendo un híbrido confuso que ni satisface como romance ni como drama.

La fotografía y el diseño de producción tampoco ayudan. Los planos son funcionales, pero carecen de estilo propio. Los interiores lujosos y los paisajes exóticos (Portugal, Sicilia) se sienten más como decorados que como espacios con vida propia. La banda sonora, por su parte, intenta imponer un tono dramático, pero termina siendo tan repetitiva como el ritmo de la película.

La recepción crítica de 365 días más ha sido unánimemente negativa. Variety calificó la película como “para masoquistas solamente”, mientras que Spoiled For Choice señaló que la cinta desperdicia cualquier oportunidad de redención que sus predecesoras pudieran haber construido. Los usuarios de IMDb, conocidos por su dureza, no fueron más indulgentes: descripciones como “actuación realmente mala, guión realmente malo” y quejas por su duración de “1 hora y 45 minutos” reflejan el sentimiento general.

A nivel de producción, 365 días más sigue la fórmula establecida por sus predecesoras, pero sin innovar en ningún aspecto. La dirección de Białowąs y Mandes carece del pulso necesario para manejar un material tan problemático. Las escenas clave, como el encuentro entre Laura y Nacho en Portugal o la confrontación final con Massimo, se sienten forzadas y carentes de autenticidad emocional.

Vista en el contexto de la saga completa, 365 días más cierra la trilogía basada en las novelas de Blanka Lipińska de la misma manera en que empezó: entre el rechazo de la crítica y el desdén del público. Ni siquiera This Day, su predecesora directa, logró escapar de ese juicio, y esta entrega confirma que la fórmula se agotó mucho antes de llegar a la pantalla. El cierre del arco de Laura, que debería sentirse como una resolución después de tres películas, llega sin el peso dramático necesario para que el espectador sienta que el viaje valió la pena.

En resumen, 365 días más confirma que la saga nunca tuvo intención de evolucionar más allá de su premisa inicial. Es una producción larga —105 minutos, según las propias cifras que manejan los espectadores en foros como IMDb—, previsible en cada giro y rodada con la misma indiferencia con la que trata a sus propios personajes: ni siquiera se esfuerza por sacarle algo disfrutable a una premisa que ya llegaba agotada de las dos entregas anteriores.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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