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40 Dates and 40 Nights: Bailee Madison acepta 40 citas por un año de renta, ya en cines

Penelope H. Fritz

La apuesta cabe en un perfil de app: cuarenta citas en cuarenta noches y la abuela le paga un año entero de renta. Leah acepta. Está agotada del amor, convencida de que ya leyó todas las explicaciones de por qué sigue sola, y un reto con reglas claras le resulta menos aterrador que seguir intentándolo sin red.

Así arranca 40 Dates and 40 Nights, la comedia romántica que dirigió Andy Delaney y que protagoniza Bailee Madison. La premisa es una sola y la película la exprime: una mujer harta de buscar el amor decide producirlo en serie, como si bastara con juntar el número suficiente de citas para que aparezca lo que ella querría sentir sin planearlo.

Annie Potts interpreta a la abuela, y le da el tono justo. No es un hada madrina: es una jugadora que hace una apuesta convencida de perderla, porque perderla es justo el punto. La renta es la carnada. Lo que en realidad apuesta es que su nieta, metida a la fuerza en suficientes mesas con suficientes desconocidos, termine tropezando con la versión de sí misma que dejó de presentarse a su propia vida.

Cada cita es su propio pequeño desastre. El que narra su propio encanto. El perfecto en papel y ausente en la mesa. El plan que debía salir bien y se muere entre la entrada y la cuenta. Madison juega la soltura creciente de Leah como algo gracioso y un poco inquietante, porque uno mejora en las citas igual que mejora en cualquier cosa que repite cuarenta veces: con más eficiencia y menos presencia.

Joel Courtney llega como la variable que la cuenta no tenía prevista, un hombre que se niega a portarse como un dato más. La película es lo bastante lista para no volverlo un premio al final del marcador. Si Leah sigue saliendo para ganar, puede pasarlo de largo. Si se detiene a mirarlo, pierde la renta. La premisa que parecía un juego se convierte en un aprieto de verdad.

Y la apuesta no se siente a fantasía, porque toca algo conocido. Hace años que la cultura cuenta la intimidad en matches, tiempos de respuesta y esa contabilidad callada que todos hacemos después de una tercera cita que no llegó a nada. Las apps enseñaron a pensar en embudos y conversiones, a tratar a la gente como una lista que se optimiza. 40 Dates and 40 Nights vuelve literal esa lógica y observa cuánto cuesta.

Madison, que también produce, sabe a quién le habla. Lleva años siendo protagonista confiable en el lado más amable del género, de esas que el público sigue sin importar las reseñas. Acá juega en contra de esa simpatía: Leah cae bien como quien convirtió el caer bien en estrategia, encantadora en cada cita y presente en ninguna.

Si al final de la apuesta encuentra a alguien, la película tiene que contestar algo que evita decir en voz alta. ¿Lo eligió ella, o lo eligió el plazo? Un amor alcanzado contra reloj se parece, desde afuera, a uno en el que se habría dejado caer sin apuro, y el film se niega a aclarar cuál le tocó. El obstáculo nunca fueron las citas. Fue la parte de ella que lleva la cuenta para que nada la agarre desprevenida.

40 Dates and 40 Nights llega a salas seleccionadas este junio y salta al video bajo demanda a fin de mes. Es una comedia romántica de presupuesto medio que distribuye Brainstorm Media, con guion de Sarah Howard y Madison como productora junto a Randy Wayne. Entre los pretendientes que completan las cuarenta noches aparecen Jai Rodriguez, Jack Schumacher y Eric Nelsen. En cien minutos ágiles, está hecha para quien ya sabe cómo cierra el marcador y llega igual para ver cómo llega ella.

El número del título es una promesa que la película se pasa todo el metraje enredando. Cuarenta citas son muchas noches para buscar a la persona que habrías reconocido en la primera, si te hubieras dejado dejar de contar.

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