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Celine Song le pone precio al deseo en Materialistas, con Dakota Johnson entre Evans y Pascal

Jun Satō

Materialistas abre con la pregunta que casi todo romance esconde: cuánto vale una persona. Lucy trabaja como casamentera en Manhattan y cobra por volver el anhelo una hoja de cálculo de estatura, ingresos, edad y los demás requisitos que un cliente recita antes de dejar entrar al amor. Lo hace bien, y la ciudad premia esa destreza, porque trata la búsqueda de pareja como un mercado más, con su oferta, su demanda y su precio. Celine Song filma esa aritmética sin desviar la mirada.

La apuesta de Song es dejar que la apariencia de la riqueza cargue con el argumento. Los espacios están despejados, la luz favorece, la ropa cae como debe y nada en el encuadre alza la voz. Lucy recorre ese mundo como su traductora más fluida, emparejando desconocidos según las condiciones que declaran, hasta que esas condiciones se vuelven contra ella. La película pregunta si una mujer que vende compatibilidad para vivir todavía puede reconocer la versión que no entra en el formulario.

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El elenco es la tesis. Dakota Johnson construye a Lucy como pura superficie serena, una mujer que hizo de la quietud una herramienta profesional y no consigue apagarla en lo privado. Pedro Pascal es Harry, el partido que cumple todas las métricas, rico, amable y correcto, y por eso mismo apenas irreal, una respuesta sin fricción. Chris Evans es John, el ex, un actor cuya carrera no despega y cuyo regreso reintroduce la única variable que el sistema de Lucy no sabe tasar. Tres de los rostros más entrañables del cine estadounidense funcionan aquí como un problema, no como una fantasía.

Song llega aquí desde Past Lives, el debut que volvió la contención todo un método, una historia de amor medida en silencios largos y en lo que se calla. Materialistas conserva la contención y cambia de tema. Si la primera observaba al sentimiento sobrevivir al tiempo y la distancia, la segunda lo observa negociar con el dinero. La continuidad está en la superficie. Es una directora que confía en un plano sostenido y en un cuarto en calma para hacer el trabajo que otros romances le entregan a la música.

El negocio del emparejamiento le da a la película su comedia fría. Lucy puede nombrar en una frase el valor de mercado de un cliente, y lo hace, y quienes le pagan quieren justo esa claridad, una cifra donde antes estaba la angustia. Harry es lo que prometen los números cuando se cumplen; John es lo que los números fueron hechos para descartar. La película sostiene su simpatía por el sistema lo suficiente para que la duda de Lucy cueste algo, en lugar de llegar como una consigna contra el dinero desde el arranque.

Lo que la película no resuelve es si escapa de su propia superficie. Un romance tan bellamente amueblado corre el riesgo de vender lo mismo que quiere cuestionar, porque los trajes y los departamentos siguen seduciendo apruebe o no el guion. El triángulo también se apoya en el encanto, y elegir actores tan fáciles de perdonar puede ablandar un argumento que pide dientes. Una historia sobre ponerle precio al deseo todavía debe dramatizar el momento en que el precio deja de importar, y eso es mucho más difícil de filmar que de enunciar.

Song dirige desde su propio guion, su segunda película como guionista y realizadora. Dakota Johnson encabeza como Lucy, con Pedro Pascal como Harry y Chris Evans como John, y Zoë Winters y Marin Ireland alrededor como Sophie y Violet. Dura 116 minutos y se ubica entre el romance y el drama sin acomodarse por completo en ninguno. A24, el estudio detrás de Past Lives, vuelve a respaldarla.

Materialistas llegó a las salas mexicanas el 31 de julio del año pasado, dentro de un estreno que recorrió América Latina y Europa en los meses siguientes. Ese recorrido se cierra ahora en Japón, donde la película llega a los cines el 29 de mayo como マテリアリスト 結婚の条件. Que un romance sobre el momento oportuno llegue al último a uno de sus mercados más grandes es un final adecuado: hasta una película sobre unir a las personas correctas en el instante correcto sigue su propio calendario.

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