Críticas

En La Mente Del Demonio: Blomkamp regresa al cine con su idea más ambiciosa y su guion más frágil

Camille Lefèvre

Neill Blomkamp no es un director que repita fórmulas. El responsable de District 9 tardó seis años en volver al largometraje, y cuando lo hizo eligió un concepto que mezcla la tecnología de inmersión con la posesión demoníaca. En La Mente Del Demonio es esa apuesta: singular, desconcertante, parcialmente lograda.

La premisa es seductora. Una corporación llamada Therapol ha perfeccionado una tecnología que permite proyectar la conciencia de un usuario dentro del espacio mental de un paciente en coma. Carly (Carly Pope) lleva años sin ver a su madre Angela (Nathalie Boltt), involucrada en crímenes violentos que Carly no puede comprender. Cuando le ofrecen entrar en la simulación de la mente de su madre, acepta. Lo que encuentra ahí adentro no es lo que esperaba.

Las secuencias dentro de la realidad virtual son lo mejor del filme. Blomkamp construyó esos espacios usando renders de motor de videojuego en lugar de efectos visuales tradicionales, lo que les da una extrañeza artificial deliberada: pasillos demasiado simétricos, texturas que vibran en los bordes, arquitectura que obedece a otra lógica. Esta frialdad funciona mejor que cualquier susto convencional.

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El problema es que la película quiere ser dos cosas al mismo tiempo y no termina de comprometerse con ninguna. Como ciencia ficción, abre preguntas sobre la soberanía de la mente y el control corporativo que el guion nunca desarrolla. Como terror, el elemento demoníaco sigue convenciones tan conocidas que no llega a asustar. La tensión entre ambos registros produce una película interesante pero incompleta.

Carly Pope construye un personaje creíble en un rol que exige sostenerse solo entre escenas de tecnología fría y horror sobrenatural. Nathalie Boltt tiene momentos potentes como Angela, especialmente dentro de las simulaciones. El resto del reparto no alcanza el mismo nivel de presencia.

En La Mente Del Demonio es la obra de un cineasta con ideas claras y un guion que no llega a su altura. Queda la propuesta — genuinamente original, difícil de olvidar — y la pregunta de qué hubiera sido este filme con un segundo borrador más riguroso. Blomkamp sigue siendo uno de los directores más interesantes de su generación, incluso cuando sus proyectos se quedan a medio camino.

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