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Evil Dead: En llamas convierte una casa familiar en un horno

Martha O'Hara

Lo primero es el naranja. Antes de que un solo Deadite hable, Evil Dead: En llamas baña su aislada casa familiar en el brillo de algo que ya arde, una luz que se derrama sobre rostros que no seguirán siendo humanos por mucho tiempo. Sébastien Vaniček filma el conocido interior de paredes de madera de la saga menos como una cabaña y más como un horno que espera un cerillo, cada superficie barnizada de calor. La imagen es la advertencia.

La situación debajo de ese brillo es el duelo. Una mujer llega a la casa de la familia de su difunto esposo para llorarlo, y se pliega a la compañía de unos parientes que lo conocieron antes que ella. Entonces la casa se vuelve en su contra. Uno a uno, los familiares quedan rehechos en Deadites, el encuentro se cuaja en un reencuentro infernal, y los votos que ella pronunció sobre su matrimonio revelan un segundo sentido, más cruel: lo que prometió en vida no la libera en la muerte. La premisa es doméstica antes que demoníaca.

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Elegir a Souheila Yacoub como esa viuda, Alice, es la señal más clara del proyecto. Yacoub se formó en el cine de autor europeo y en la reciente epopeya desértica de Denis Villeneuve, una actriz entrenada para sostener un plano en silencio antes que para gritarlo. Darle el protagónico indica que Vaniček quiere que la pérdida se lea como peso real, no como una pista de despegue hacia el gore. A su alrededor, Tandi Wright interpreta a la matriarca Susan y Hunter Doohan al cuñado Joseph, un elenco armado para sentirse como una familia de verdad antes de ser desarmado en una.

Vaniček llega desde una sola película francesa, claustrofóbica, sobre un enjambre de arañas que invade un edificio de departamentos de bajos recursos, un trabajo que ganó sus sustos con la textura y el encierro y no con el presupuesto. Este es su salto al inglés y su primera vez dentro de una franquicia de estudio con un nombre tan sonoro encima. La serie Evil Dead siempre fue un campo de juego para directores: Sam Raimi la construyó sobre la comedia física y la violencia de cámara, y cada sucesor la dobló hacia un registro propio. Lo que Vaniček hizo antes sugiere que buscará la angustia y la mugre por encima del guiño.

Lo que el marco del reencuentro familiar le compra es un terror que también habla de herencia. La posesión de los Deadites, contada así, es menos una maldición azarosa recogida de una cinta o un libro y más algo que pasa por la sangre, los muertos que se niegan a quedarse muertos dentro de quienes los amaron. El duelo y la posesión corren con el mismo combustible: la incapacidad de soltar a una persona. El fuego que da título a la película funciona como amenaza y como liberación, lo único que por fin corta lo que los votos mantendrían atado.

En lo visual, la serie siempre vivió o murió por sus texturas prácticas: el brillo de la sangre, el desajuste de un rostro poseído, la forma en que la luz atrapa algo que no debería moverse. En llamas se inclina hacia una paleta de brasa y ceniza, y cambia la torre de Los Ángeles empapada de lluvia del capítulo anterior por el calor seco y combustible de una casa en el campo. Si el título es una promesa, lo es sobre las superficies: piel, madera, papel, todo inflamable, todo a la espera.

Nada de eso está probado todavía en pantalla. Vaniček nunca trabajó a esta escala, y el salto de un cine independiente y contenido a un estreno amplio de estudio ya aplastó a directores más afilados que él. La franquicia misma es una advertencia sobre la consistencia, que oscila de la comedia a la brutalidad nihilista y de regreso según quién sostenga la motosierra. Un anzuelo de duelo es fácil de anunciar y difícil de sostener a lo largo de noventa y tantos minutos de salpicaduras; si En llamas realmente metaboliza el luto de su viuda o solo lo usa como puerta hacia la carnicería es la pregunta que el marketing no alcanza a resolver. El respaldo dividido, dos estudios financiando y dos distribuidoras distintas llevándola por los territorios, también insinúa una película que ningún socio defendió por completo.

Souheila Yacoub as Alice in Evil Dead Burn, directed by Sebastien Vanicek (2026)
Souheila Yacoub in Evil Dead Burn (2026)

El reparto acreditado va de Yacoub, Wright, Doohan y Luciane Buchanan a Erroll Shand y George Pullar, un elenco mayormente de Oceanía. New Line Cinema y Screen Gems cofinanciaron, con Ghost House Pictures, el sello que Sam Raimi y el productor Rob Tapert levantaron alrededor de la saga, manteniendo la sangre en familia. Vaniček escribió el guion con Florent Bernard, a partir del mundo que Raimi rasgó por primera vez con casi nada en el bolsillo.

Evil Dead: En llamas dura unos ciento diez minutos y se estrena en México el 9 de julio. Warner Bros. la maneja en Estados Unidos, mientras Sony Pictures la abre en otros territorios, dentro de un despliegue internacional a mediados de mes. Es el sexto capítulo de una serie que empezó como un desafío sin presupuesto y sobrevivió a casi todos los que intentaron enterrarla. Los votos, como la película insiste, siguen vivos incluso en la muerte; y, al parecer, también el Libro.

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