Películas

Khrzhanovsky, mejor director por ‘DAU’: el premio que divide a Venecia

Jun Satō

De todo el palmarés de Venecia 83, este es el premio que seguirá dando de qué hablar. El León de Plata a la mejor dirección fue para Ilya Khrzhanovsky por DAU, la película que llegó al Lido entre protestas y se marchó con el honor técnico del concurso. La secuencia —contestación primero, premio después— garantiza que la discusión sobre el filme no termine con la gala.

DAU es la rama cinematográfica de un proyecto que Khrzhanovsky persigue desde hace años: una reconstrucción inmersiva y total alrededor de un instituto de investigación soviético, levantada a una escala que borra la frontera entre set y experimento real. Ese método es lo que siempre ha partido a la audiencia en dos. Para sus defensores, es un intento único de filmar un sistema desde adentro; para sus críticos, arrastra preguntas de larga data sobre cómo se trató a quienes participaron en una producción tan envolvente. Premiar la dirección reconoce el control detrás de esa escala y, al mismo tiempo, valida el método.

El estreno tensó todo. Hubo una protesta en la proyección, con objeciones por tratarse de un proyecto de dirección rusa exhibido con relieve durante la guerra en Ucrania y por la presencia del director de orquesta Teodor Currentzis, cuyos vínculos institucionales en Rusia han sido examinados en varios espacios culturales europeos. Alberto Barbera, director del festival, defendió la selección desde el escenario: el papel de la Mostra, dijo, es mostrar la obra y dejar que el debate ocurra a plena vista. Días más tarde, el jurado respondió coronando a Khrzhanovsky.

Por eso la elección se lee como una toma de posición y no como un trámite. El grupo de Maggie Gyllenhaal venía siendo descrito como sensible a la ética de hacer imágenes: a quién se filma y en qué condiciones. Darle la dirección al título más cuestionado en ese terreno contradice esa fama o la lleva al extremo: una giuria que sostiene que el cine incómodo es justo lo que un concurso debe pesar, no evitar.

La decisión también ordena la cima del palmarés. Con el León de Oro para Woman Unknown y el Gran Premio para Lee Chang-dong, el jurado dejó sus dos premios más celebratorios lejos de la polémica y puso su gesto más divisivo en la dirección: un reparto que parece pensado, separando la ambición del consenso.

Lo que abre no es tanto una taquilla como una conversación. DAU nunca iba a estrenarse como una película común, y un premio de Venecia a la dirección le da lo que el proyecto siempre transformó en energía: atención, y la discusión que viene con ella. Si eso es una reivindicación o un festival mirando hacia otro lado ante preguntas difíciles es, precisamente, el debate que queda abierto.

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