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La novena profecía luce espectacular, pero su misterio se desmorona a media investigación

Nikolay Khomeriki (2019) convierte San Petersburgo en un gran escenario para un caso con reglas que cambian.
Martha O'Hara
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La novena profecía empieza con un prólogo de cine de aventuras a lo Indiana Jones, con incursión en una ciudad perdida del desierto, según describe Moria Reviews. Es una entrada desconcertante para un thriller de asesinatos rituales ambientado en el San Petersburgo de finales del siglo XIX, y el director Nikolay Khomeriki no parece inquietarse por el contraste. Prefiere el golpe de efecto a la presentación sobria, y esa preferencia marca la película entera. Es su sexto largometraje, después de la ciencia ficción 977 (2006) y de dramas como A Tale in the Darkness, Heart’s Boomerang, The Icebreaker y Selfie. Nada en ese historial anunciaba un cruce de horror, policial y espiritismo, y justo por eso la ambición llama más la atención que el resultado.

El punto de partida es sólido. Una serie de muertes rituales sacude la ciudad: según Film Blitz, el asesino deja cadáveres a los que les faltan órganos, y dentro del pecho de una de las víctimas aparece un huevo cocido con un pentagrama. El joven investigador Rostov (Evgeny Tsyganov) y su ayudante Ganin (Dmitry Lysenkov) siguen la pista hasta la médium inglesa Olivia Reed (Daisy Head), que llena salas con sus sesiones espiritistas. Rostov acude a una de ellas, le pide después una lectura privada y la arresta por fraude, pero acaba necesitándola. Moria Reviews cuenta que ella tiene dones reales y que, con sus pistas, descubren que el asesino pretende completar nueve sacrificios humanos repartidos por la ciudad en forma de pentagrama. Cada víctima nueva es, entonces, un punto más de esa figura trazada sobre el mapa de San Petersburgo.

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Lo mejor de la película es lo que se ve. Khomeriki aprovecha las locaciones de San Petersburgo: según Moria Reviews, casi cada plano coloca a los personajes frente a edificios clásicos, llena las calles de carruajes negros a toda velocidad, encuadra figuras junto a estatuas de gárgolas y deja cuerpos flotando en los canales o dispuestos con esmero junto a estatuas. Film Blitz coincide en que la cinta retrata la ciudad en todos sus niveles, desde las mansiones de las élites hasta los barrios miserables de pobres y delincuentes. La fotografía es de Maksim Osadchiy y el diseño de producción, de Sergei Ivanov. Su trabajo se nota en cada calle y en cada interior, y la ambientación de época es lo que mejor sostiene la película.

La primera aparición pública de Olivia es el mejor ejemplo. No sucede en un salón cualquiera, sino en un teatro de ópera, con ella vestida de negro y con delineador del mismo color, mientras sus manos se prenden en llamas y un círculo de fuego la rodea (Moria Reviews). Film Blitz añade que la puesta en escena subraya el carácter de espectáculo de la sesión sin negar que la médium tiene un talento paranormal genuino. Es un número de presentación eficaz. También es una secuencia que enciende expectativas que el resto de la historia no siempre atiende.

En lo actoral, Film Blitz elogia a Head, que transmite bien a un personaje algo desconectado de la realidad convencional y que, con buen criterio, habla en inglés durante toda la película. Esa decisión tiene un costo: Tsyganov actúa en una segunda lengua y, según el mismo medio, queda un par de peldaños por debajo de lo que logra en la suya. Del resto del reparto, en el que figuran Yuri Kolokolnikov como el ocultista aficionado Golitsyn y Jonathan Salway como James Reed, Film Blitz opina que nadie deja una gran impresión, y que el villano se queda a medio construir hasta un giro tardío.

Los problemas más serios están en el guion. Film Blitz señala una contradicción: Olivia posee dones auténticos, pero decide engañar a Rostov cuando él la visita. Hay además un fallo más profundo, típico del subgénero del vidente que ayuda a la policía. El don se estira para dar siempre la información que la trama necesita, igual que la amnesia de las películas, que devuelve la memoria al ritmo exacto que pide el libreto. Se explica al principio que Olivia recibe mensajes de los muertos recientes, pero hacia el final también le hablan personas vivas, cuando conviene. A ese crítico le resultó irritante y lo sacó de la historia más de una vez.

Moria Reviews lo resume desde otro ángulo: una vez retirado el artificio estilístico, La novena profecía sigue el mismo camino que esos thrillers de clarividentes con un detective y una joven. El veredicto es duro, pero coincide con lo que Film Blitz detecta en el guion. Lo que queda es un thriller de asesino en serie con un barniz ocultista y una época recreada con esmero, más vistoso que sorprendente.

Quien disfrute de un San Petersburgo gótico y de una médium que incendia un teatro de ópera encontrará aquí material de sobra. Pero la historia pesa menos que el decorado que la rodea, y a medida que avanza la investigación la película pierde el interés que prometían su prólogo y su primera sesión.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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