Críticas

The Reckoning, el descenso de Neil Marshall a las tinieblas de la cacería de brujas

Camille Lefèvre

Cuando Neil Marshall regresó al terror con The Reckoning en 2021, las expectativas venían marcadas por su trayectoria. El cineasta detrás de The Descent —todavía una de las películas de terror más rigurosas de este siglo— había pasado una década trabajando en televisión, con secuencias memorables en Game of Thrones, antes de tropezar con el reinicio de Hellboy en 2019. Una película de época ambientada en la Inglaterra del siglo XVII, entre sobrevivientes de la plaga y cazadores de brujas, se antojaba un regreso al territorio que mejor domina: el miedo íntimo, la resistencia femenina, el horror de raíz histórica.

La acción arranca en una Inglaterra todavía sacudida por la Muerte Negra. La plaga no solo ha dejado muertos: ha desgarrado el tejido social, dejando un campo sumido en el miedo y el pánico teológico. Grace (Charlotte Kirk) es una joven viuda cuyo marido, infectado por la pestilencia y sin querer contagiarla, ha puesto fin a su vida. Lo que sigue es un cerco implacable. Su arrendador, el hacendado Pendleton (Steven Waddington), exige que salde las deudas del difunto a su manera. Cuando ella se niega, la maquinaria de la acusación se activa: es arrestada como bruja y entregada al juez Moorcroft (Sean Pertwee), el inquisidor más temido de toda Inglaterra, un hombre que ha convertido la crueldad en disciplina profesional.

La puesta en escena de Marshall en el primer acto es sólida. Sabe que el miedo en este registro se construye por acumulación, no por golpe de efecto: que el verdadero horror no irrumpe desde fuera del encuadre, sino que es una sociedad que avanza eficientemente hacia una atrocidad cotidiana. El director de fotografía Luke Bryant filma el campo inglés bajo un cielo perpetuamente nublado, con luz avara y sombras tempranas. No hay exceso gótico ni pasillos con velas: solo el gris mundano de un sistema en marcha.

Charlotte Kirk, quien también coescribió el guion junto a Marshall y Edward Evers-Swindell, sostiene la película con una actuación de compromiso físico notable. El calvario de Grace —el potro, la carne marcada con hierro candente, las noches sin dormir en una celda de piedra— no se presenta como espectáculo estético sino como consecuencia inevitable. Kirk rehúye el sentimentalismo: Grace no enaltece su sufrimiento con nobleza. Sobrevive a pedazos, sostenida por la rabia y la negativa a darle al sistema lo que exige. Es una actuación más difícil de lo que parece, y ella la ejecuta con rigor.

Sean Pertwee como el juez Moorcroft aporta el registro más inquietante de la película. No es un sádico que se recrea en el dolor, sino un profesional: meticuloso, devoto, convencido de su propia rectitud. El horror que genera Pertwee es el del mal burocrático: la comprensión de que las peores atrocidades de la historia las cometen quienes han transformado la crueldad en procedimiento. Marshall evita convertir a Moorcroft en una caricatura barroca. Es, en el peor sentido imaginable, razonable.

Las costuras de The Reckoning se hacen visibles en la estructura del guion. La geometría narrativa —falsa acusación, calvario en escalada, enfrentamiento climático— sigue una ruta que los conocedores del subgénero habrán trazado antes de que llegue el tercer acto. Más disruptivas aún son las secuencias alucinatorias en las que el diablo visita a Grace en su celda: visiones que parecen trasplantadas de una película distinta, más expresionista, que la que Marshall venía construyendo. Estos interludios no sirven del todo a ninguno de los dos impulsos.

El trasfondo histórico es real y continúa siendo vigente. Los juicios por brujería en la Inglaterra del siglo XVII —en los que cientos de mujeres fueron acusadas, torturadas y ejecutadas a instancias de hombres que obtenían beneficios de sus confesiones— conforman uno de los episodios más sistemáticos de violencia de género en la historia británica. Matthew Hopkins, el autoproclamado Cazador General de Brujas que operó entre 1644 y 1647, es el modelo histórico de Moorcroft. Marshall ha definido The Reckoning como testimonio histórico y declaración feminista. Ambas intenciones son perceptibles en pantalla, aunque el guion no siempre alcanza la ambición que persigue.

The Reckoning no es Neil Marshall en su cúspide formal —The Descent sigue siendo su obra cumbre, una demostración de cómo usar el espacio confinado y la psicología femenina para construir un miedo insoportable—, pero es un terror de época con propósito y seriedad moral: una película que tiene algo que decir sobre la maquinaria de la acusación y la persistencia de quienes la sobreviven. Para los espectadores dispuestos a habitar la incomodidad sostenida, vale el esfuerzo.

Dirección

Neil Marshall
Photo via The Movie Database (TMDB)

Neil Marshall

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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