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Los Voyeristas: el deseo como laberinto moral que pocos thrillers se atreven a recorrer

Michael Mohan construye una atmósfera de obsesión sostenida, con Sweeney como centro magnético.
Martha O'Hara
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Imagina el momento en que Pippa, con los binoculares en mano y la mirada clavada en la ventana de enfrente, descubre algo más que un simple escándalo vecinal: encuentra su propia liberación. Los Voyeristas de Michael Mohan es ese tipo de thriller erótico que no teme ser ridículo —y a menudo lo logra— pero que también tiene momentos donde la tensión sexual y psicológica engrana con una precisión que desconcierta.

La premisa es tan vieja como efectiva: una pareja joven, Pippa (Sydney Sweeney) y Thomas (Justice Smith), se muda a un departamento en Montreal con una vista privilegiada al apartamento de enfrente. Lo que comienza como un juego inocente de espionaje se convierte en una obsesión peligrosa cuando descubren que el vecino Seb (Ben Hardy) es infiel y violento con su esposa Julia (Natasha Liu Bordizzo). La película juega con la idea del voyeurismo como un espejo distorsionado de los deseos reprimidos, pero donde Los Voyeristas brilla es en cómo usa el sonido para crear una atmósfera claustrofóbica. Esa escena donde Pippa y Thomas escuchan a través de un láser reflejado la discusión violenta entre Seb y Julia es uno de los pocos momentos donde la dirección de Mohan encuentra su ritmo, usando el silencio y los susurros para construir tensión sin necesidad de grandes planos.

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Sin embargo, el problema principal de Los Voyeristas es que nunca decide si quiere ser un thriller psicológico o una comedia erótica. Sydney Sweeney, quien ya ha demostrado su talento en papeles complejos, entrega aquí una actuación convincente cuando Pippa se sumerge en su obsesión, pero el guion la deja colgada en momentos clave. La escena donde Pippa confronta a Julia en el spa es un ejemplo de cómo la película podría haber explorado temas más profundos sobre la identidad y la manipulación, pero termina siendo solo otro paso en una trama que se siente predecible.

Justice Smith, por otro lado, tiene poco que hacer excepto ser el novio aburrido y moralista. Su personaje carece de matices, lo que hace que su ruptura con Pippa se sienta forzada más que espontánea. Ben Hardy y Natasha Liu Bordizzo, aunque interesantes en sus roles como la pareja problemática de enfrente, nunca logran trascender los estereotipos del género: él es el malo obvio; ella, la víctima trágica.

El mayor pecado de Los Voyeristas es su falta de originalidad. La película se siente como un collage de escenas tomadas de La ventana indiscreta (1954) y de los thrillers eróticos de los noventa como Sliver (1993), pero sin la precisión narrativa de aquella ni el descaro desaforado de estos. El giro final, donde Pippa termina teniendo sexo con Seb, es predecible desde el primer acto, y aunque Sweeney y Hardy tienen química física en pantalla, la escena carece del impacto que debería tener después de tanto suspenso acumulado.

Donde Los Voyeristas sí acierta es en su estética visual. Montreal se convierte en un personaje más, con sus calles frías y apartamentos estrechos que refuerzan el tema de la vigilancia y la intimidad violada. Las escenas de sexo, aunque excesivas en algunos momentos, están filmadas con una sensualidad que evita caer en lo vulgar.

La película fue producida por Greg Gilreath y Adam Hendricks bajo su sello Divide/Conquer y lanzada por Amazon Studios en 2021. A pesar de las críticas mixtas, el rendimiento en streaming superó con creces las expectativas del estudio, lo cual tiene una lógica propia: el thriller erótico, género declarado en extinción tras los noventa, encontró en las plataformas su hábitat natural. La comodidad del sofá, la pantalla privada, el consumo sin testigos —son exactamente las condiciones que el género siempre necesitó y que la sala de cine nunca terminó de concederle.

Hay una ironía que Mohan quizás no calculó del todo: lanzada directamente en Prime Video, Los Voyeristas llega a sus espectadores en la penumbra de sus propios departamentos, cada uno mirando en solitario desde una pantalla que oficia de ventana. Este dispositivo de distribución prolonga el tema del film mucho más allá de su trama. Los millones de espectadores que impulsaron la película por encima de las expectativas de Amazon son, ellos mismos, voyeristas —y la película los convierte en cómplices sin que lo adviertan, que es el único truco genuinamente perturbador que Mohan saca de la manga.

Lo que impide que Los Voyeristas sea algo más que entretenimiento de calidad media es la misma razón por la que resulta adictiva: Mohan prefiere la satisfacción inmediata a cualquier ambición más incómoda. El thriller psicológico y el erotismo conviven en la película como inquilinos que comparten departamento pero nunca cruzan palabra. En algunos momentos funcionan por separado; casi nunca juntos. Tenía en sus manos el material para algo más perturbador —una mirada honesta a las implicaciones éticas del espiar, al deseo que se disfraza de preocupación— y lo dejó pasar. No por incapacidad, sino por elección. Y esa elección tiene un precio.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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