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No miren arriba: la sátira obvia que duele porque la realidad se le parece

Adam McKay (2021) reúne a un reparto de estrellas ante el fin del mundo.
Martha O'Hara
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No miren arriba arranca con un descubrimiento que nadie quiere oír. Kate Dibiasky (Jennifer Lawrence), doctoranda de astronomía en la Universidad Estatal de Michigan, detecta un cometa desconocido. Su asesor, el doctor Randall Mindy (Leonardo DiCaprio), calcula que chocará con la Tierra en unos seis meses y que es lo bastante grande para provocar una extinción global. The Guardian lo describe como un cometa del tamaño del Everest. El doctor Teddy Oglethorpe (Rob Morgan), jefe de la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria, verifica los cálculos y los acompaña a la Casa Blanca. Allí se topan con la apatía de la presidenta Janie Orlean (Meryl Streep) y de su hijo Jason (Jonah Hill), su jefe de gabinete. Cuando las relaciones sexuales de la presidenta con su candidato a la Suprema Corte ocupan los titulares, el cometa pasa a segundo plano. Adam McKay casi no necesita exagerar: apunta a un mundo que ya reacciona así.

La película es una sátira política en clave de comedia negra, escrita, coproducida y dirigida por McKay a partir de una historia que coescribió con David Sirota. Cate Blanchett es Brie Evantee y Tyler Perry es Jack Bremmer, los conductores del programa matutino que recibe a los científicos. Mark Rylance es Peter Isherwell, el magnate tecnológico al que The Guardian describe como un británico siniestro. Timothée Chalamet tiene un papel secundario como Yule, y Ron Perlman, Ariana Grande y Kid Cudi completan la lista. El sitio de Roger Ebert llega a decir que, si la película merece algún premio, es por el trabajo de su directora de casting, Francine Maisler. Con eso deja claro dónde pone el peso: en los nombres y no en el guion.

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Donde la película tropieza es en el tono. The Guardian la llama una sátira «laboriosa, autoconsciente y tensa», un sketch de Saturday Night Live de 145 minutos que no tiene ni la comedia brillante de Succession, serie que McKay coproduce, ni la seriedad que pediría el tema. Percibe además guiños a Dr. Strangelove, Network y Wag the Dog. Variety es más seca: una sátira «presumida» y de blanco fácil, cuya idea central se reduce a que los humanos son tontos y no se ponen de acuerdo ni cuando su existencia depende de ello. El diagnóstico es duro, pero tiene fundamento. Cuando la película señala a los medios, a los políticos y a los magnates, golpea a blancos que el público conoce de memoria, y la risa llega antes que la sorpresa. Film Probe, tras verla dos veces, cuenta que en el primer visionado la encontró condescendiente y pesada de mano, y que el segundo le cambió la opinión. Aun así admite que sobran varios cameos de estrellas.

Aun con esos defectos, hay momentos que funcionan. Screen Rant subraya que bajo los chistes más disparatados corre una inquietud constante, y cita como gag recurrente el de un funcionario del gobierno que miente sobre artículos gratuitos. El arranque tiene además un anclaje real que The Guardian reconoce: es política oficial de Estados Unidos desviar asteroides lanzándoles misiles, un dato que Werner Herzog recoge en su documental Fireball: Visitors from Darker Worlds. Lo que parece un chiste es un hecho, y eso vuelve más incómodo el primer tramo de la película.

Lo más acertado de la cinta pasa en la televisión. Variety recoge el consejo que un productor de cable da a Mindy y a Dibiasky antes de salir en The Daily Rip: «Mantengan el tono ligero y divertido». El cielo se cae de verdad y el formato exige entretener a la audiencia; ahí está el choque. Cuando los conductores tratan el tema con frivolidad, Kate pierde los estribos, despotrica contra la amenaza y se va. La reacción del público es tibia, y el director de la NASA, gran donante de Orlean y sin formación en astronomía, le resta importancia al anuncio. Más tarde, Mindy, Dibiasky y Oglethorpe organizan una campaña de protesta en redes que pide a la gente, con el lema «Solo miren arriba», presionar para que otros países intervengan sobre el cometa. Hasta el aviso más urgente termina reducido a un eslogan de campaña, y la película lo muestra sin disimulo.

Entre los actores, Jennifer Lawrence es la que sale mejor librada. Film Probe le atribuye calidez, vulnerabilidad y cercanía, y la considera el único personaje que se siente verdaderamente real. La lectura es acertada: la Kate de Lawrence es la única que reacciona como lo haría una persona de carne y hueso ante una noticia así. DiCaprio interpreta al astrónomo barbudo, torpe con la gente y adicto al Xanax que describe The Guardian. Variety lo ve «ñoño» en pantalla, y Film Probe opina que sus rarezas de composición le restan protagonismo, aunque lo sigue considerando sólido. Streep es la villana de pantomima que describe The Guardian, y Variety observa que se divierte más que el público. Film Probe, por su parte, cuenta que Chalamet le pareció al principio el fichaje más ridículo y que, en una segunda mirada, su personaje terminó resultándole simpático.

La historia de la producción aclara parte del tono. Anunciada en noviembre de 2019, iba a estrenarse en cines con Paramount Pictures, pero Netflix compró los derechos unos meses después. Lawrence fue la primera en sumarse y DiCaprio aceptó tras hablar con McKay sobre ajustes al guion. El rodaje, previsto para abril de 2020 en Massachusetts, se retrasó por la pandemia de COVID-19, empezó en noviembre de 2020 y terminó en febrero de 2021. McKay usa el cometa como alegoría de la crisis climática, y la sátira de la indiferencia ante la ciencia remite a lo vivido durante la pandemia, algo que también apunta Screen Rant.

La recepción fue dividida. Unos críticos celebraron una sátira afilada y otros la tacharon de presumida y pesada de mano. Donna Lu, en The Guardian, señala que recibió un trato frío de muchos críticos, mientras los activistas climáticos la aplaudieron sin reservas. Tuvo estreno limitado en cines el 10 de diciembre de 2021 y llegó a Netflix el 24, donde marcó el récord de horas vistas en una semana y fue la segunda película más vista de la plataforma a los 28 días. Obtuvo cuatro nominaciones al Óscar, entre ellas Mejor Película, y ganó el premio al Mejor Guion Original del Sindicato de Guionistas. El National Board of Review y el American Film Institute la incluyeron entre las diez mejores del año.

Como comedia, a la película le falta filo y le sobran cameos. Como grito de alarma, en cambio, acierta más de lo que sus críticos quieren admitir. Rotten Tomatoes lo resume bien: sus dardos dispersos no siempre dan en el blanco, pero el objetivo principal, la negación colectiva, recibe el impacto de lleno. No miren arriba no es la sátira más fina de McKay, pero la escena en que Kate despotrica en un estudio de televisión contra una amenaza que los conductores tratan como chiste es la que mejor justifica la película.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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