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Réquiem por un Sueño, 25 años después: el cine de la adicción que nadie volvió a filmar así

Darren Aronofsky hizo del montaje un arma y le entregó a Ellen Burstyn el papel de su carrera. El veredicto de MCM.
Liv Altman

Más de dos décadas después, el segundo largometraje de Darren Aronofsky sigue cayendo como un reto. Réquiem por un Sueño toma a cuatro personas —una viuda sola, su hijo, la novia de él y su mejor amigo— y sigue la esperanza íntima de cada quien hasta que se pudre en la misma hambre química. Basada en la novela de Hubert Selby Jr., es de las pocas historias sobre la adicción que rechazan tanto el sermón como la épica de la calle.

Lo que permanece no es el tema, sino la forma. Aronofsky y su montador arman la cinta como un bucle de gestos rituales —la pupila que se dilata, la cuchara, el billete— hasta que la caída deja de contarse y se edita directo sobre el sistema nervioso. No ves caer a estos personajes: caes con ellos, corte tras corte.

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Un descenso construido en la sala de edición

Darren Aronofsky filmó gran parte de la película con una SnorriCam amarrada al cuerpo de sus actores: el mundo se tambalea mientras la figura queda fija al centro del cuadro, la gramática literal de un viaje. El famoso montaje hip-hop, de microcortes percusivos, fue la técnica más imitada de su año, y el motivo de cuerdas Lux Aeterna de Clint Mansell, tocado por el Kronos Quartet, terminó saqueado por la industria de los tráileres durante una década.

Ponla junto a Pi, su debut de 60 mil dólares, y el linaje salta a la vista: el mismo ritmo paranoico, la misma obsesión por una mente que se devora, ahora con presupuesto y una herida más amplia. Pocas segundas películas anuncian una sensibilidad tan completa.

Réquiem por un Sueño (2000)
Réquiem por un Sueño (2000)

El linaje literario y la actuación que lo sostiene

La prosa de Selby viene de la tradición de los paraísos artificiales que llega hasta las Confesiones de un inglés comedor de opio de Thomas De Quincey: el sueño que promete trascendencia y entrega una cuenta por pagar. Donde Trainspotting halló comedia negra y Pánico en Needle Park halló frialdad documental, Réquiem elige la ópera y se ordena en verano, otoño e invierno para que la química se vuelva el calendario de la tragedia.

Quien sostiene todo es Ellen Burstyn como Sara Goldfarb: la obsesión por las pastillas para adelgazar, el vestido rojo que ya no le queda, el refrigerador que al fin se le va encima. Consiguió una nominación al Óscar y la perdió, uno de los olvidos más reconocibles de la Academia. Junto a ella, Jared Leto y Jennifer Connelly dan vida a la pareja joven sin vanidad que cuidar, mientras Marlon Wayans, el comediante, pone la nota más humana de la historia.

Réquiem por un Sueño (2000)
Réquiem por un Sueño (2000)

Nuestra opinión

La Nota MCM queda en 8.9. Oficio, actuaciones y originalidad rozan lo impecable; la única reserva es su dureza sin tregua: Réquiem te agarra del cuello y nunca suelta la presión, origen de su fuerza y también de por qué muchos la admiran una vez y luego guardan distancia para siempre. Un parteaguas, y de los difíciles: la película sobre la adicción que todos citan y pocos se atreven a volver a ver.

Dirección

Darren Aronofsky

Darren Aronofsky

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