Películas

Sebastian Stan gasta su capital taquillero en sostener ‘Fjord’, la Palma de Oro de Mungiu

Martha O'Hara

El activo más valioso que controla hoy una estrella de cine no es una actuación, sino una luz verde: el poder de hacer que un financista diga que sí a una película que de otro modo nunca llegaría a filmarse. Sebastian Stan pasó una década juntando esa moneda dentro de la maquinaria de Marvel, y en la Croisette dejó claro en qué piensa gastarla: Fjord, de Cristian Mungiu, el austero drama europeo que acaba de llevarse la Palma de Oro.

Como contó Baz Bamigboye en Deadline desde Cannes, Stan dice que hará “lo que sea necesario” por un director como Mungiu — para Fjord se rapó la cabeza y se volvió casi irreconocible en una historia que aborda la intolerancia religiosa y la violencia contra los niños. No es un papel que ningún estudio reparta por lógica de taquilla; se financia porque un nombre como el de Stan se suma y el dinero llega atrás.

La elección embona con la carrera que Stan ha construido junto a su trabajo de franquicia. Después de interpretar a Donald Trump en The Apprentice y a un hombre desfigurado en A Different Man — que le valió un Oso de Plata en Berlín y un Globo de Oro —, se volvió un rostro de blockbuster que no deja de comprarse el boleto al cine difícil. Fjord, por su lado, le da a Mungiu su segunda Palma de Oro, casi dos décadas después de que 4 meses, 3 semanas y 2 días le diera la primera, y mete al rumano en el raro club de los doblemente premiados; el jurado de Park Chan-wook tomó la decisión este año.

No se aleja de la maquinaria que paga los desvíos. Stan confirmó que está filmando The Batman II en Londres, la secuela de Matt Reeves que regresa a Robert Pattinson bajo la capucha — el ancla de estudio que vuelve financieramente sostenible un papel con la cabeza rapada en un cine de autor rumano. Es la carrera de doble vía en miniatura: una película para el trimestre, otra para el canon.

El festival que rodea estas conversaciones se la pasó la semana debatiendo su propia vitalidad. Tilda Swinton, al ser preguntada por los dichos de que este había sido un año flojo en la Croisette, rechazó ese encuadre de “año malo” y llevó la plática hacia adónde va el medio — un recordatorio de que Cannes sigue presentándose como el lugar que define el cine, no solo el que lo vende.

Una cabeza rapada en un rodaje rumano, una capucha en un foro londinense: Stan apuesta a que cada mitad de ese balance mantiene rentable a la otra.

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