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Àlex Monner, el actor que convirtió personajes imposibles en oficio puro

Penelope H. Fritz
Àlex Monner
Àlex Monner
Photo: GuillemMedina / CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento27 de enero de 1995
Barcelona, Spain
OcupaciónActor
Conocido porLa vida misma, Bajocero, [REC] 3: El comienzo
Premios2 Goya (nominación) · 2 Biznaga de Plata Málaga Mejor Actor de Reparto · Premio Gaudí Mejor Actor Revelación

Hay una habilidad particular que el cine español nunca ha terminado de saber recompensar: la capacidad de desaparecer tan por completo dentro de un personaje que el público olvida que hay un actor trabajando. Àlex Monner posee esa habilidad en abundancia extrema, lo que explica tanto por qué ha estado en casi todo lo importante de la televisión y el cine españoles durante década y media como por qué su nombre no es automáticamente el primero que aflora cuando se mencionan esos títulos. La industria ha sabido utilizarlo. Simplemente no lo ha reconocido.

Monner creció en Barcelona, estudió en la Escola Súnion y llegó a la actuación como lo hacen muchos adolescentes catalanes: mediante castings escolares que lo conectaron con producciones locales a una edad en la que la mayoría de sus pares aún intentaban averiguar qué querían hacer. Tenía quince años cuando el director Pau Freixas lo eligió para protagonizar Héroes, una película sobre la juventud y el costo de la lealtad. Dos años después, Freixas volvió a convocarlo para Polseres vermelles, la serie de TV3 sobre un grupo de adolescentes en una sala pediátrica de hospital, específicamente para el papel de Lleó, un joven que ha perdido una pierna a causa del cáncer y se niega a permitir que eso lo defina por completo. Veintiocho episodios en la televisión catalana no siempre se traducen en un reconocimiento nacional duradero, pero establecieron algo más útil: la capacidad de Monner para sostener la atención del público sin un solo gesto que pudiera llamarse interpretación.

La primera vez que un jurado de premios prestó atención fue con Los niños salvajes (2012), un thriller en el que Monner protagonizaba una película sobre adolescentes que secuestran a un niño. Tenía diecisiete años y el papel le exigía transmitir algo que los actores con el doble de edad tienen dificultades para plasmar de forma convincente: ambigüedad moral sin explicaciones. Le siguieron una nominación al Goya a mejor actor revelación y la Biznaga de Plata de Málaga. Pasaría otra década antes de que un jurado importante volviera a otorgarle ese mismo reconocimiento.

La década entre aquella primera Biznaga y la segunda no fue una década de espera. Fue un catálogo sostenido exactamente del tipo de trabajo que mantiene seria a la televisión. La próxima piel (2016) lo puso frente a Emma Suárez en una película sobre identidad y amnesia que confirmó que podía sostenerse en escenas con los mejores actores de la generación anterior. Sé quién eres (2017), el primer drama español emitido por la BBC, le dio dieciséis episodios para construir un personaje al que el público no lograba terminar de ubicar. Después, La línea invisible (2020) le dio seis episodios y el papel de mayor peso moral de la historia reciente de la televisión española: Txabi Etxebarrieta, cofundador de ETA, quien en 1968 cruzó lo que el título llama la línea invisible y disparó el primer tiro de la campaña de violencia de la organización.

Que La línea invisible no se convirtiera en el acontecimiento cultural que su tema exigía es una de las omisiones más desconcertantes de la recepción española reciente. La serie, dirigida por Mariano Barroso para Movistar+, le pidió a Monner encarnar a una figura cuyas decisiones nunca han dejado de ser discutidas, no como un retrato simpático ni como una condena, sino como algo más difícil: una persona cuya lógica interna resulta visible incluso cuando sus conclusiones son intolerables. Monner hizo exactamente eso. La crítica elogió la serie sin llegar a elevarla al nivel de conversación nacional que una producción de ejecución equivalente, sobre el mismo tema, habría generado en otro lugar. Su nombre apareció en las reseñas. No apareció en la siguiente temporada de premios.

Los años de NetflixBajocero (2021), Centauro (2022), apariciones en Élite— mostraron una dimensión diferente: el oficio que transita entre géneros. Interpretó personajes que existían para generar placeres específicos en formatos específicos, y también era bueno en eso, lo cual no es lo mismo que La línea invisible, pero tampoco está separado de ella. La Ruta (2022), la serie de ATRESplayer sobre la cultura rave clandestina de Valencia durante las décadas de 1980 y 1990, le dio a Marc Ribó, un DJ cuyo ego la serie necesitaba sostener a lo largo de varios episodios sin perder por completo al público. Lo sostuvo.

En 2024, la película de terror El llanto, de Pedro Martín-Calero, lo reunió con Ester Expósito en una propuesta de género que le valió a su director un premio ex aequo a mejor dirección en San Sebastián. Al año siguiente, La furia, el debut en largometraje de la directora Gemma Blasco sobre una mujer que canaliza un trauma sexual en una producción teatral de Medea, le dio a Monner el papel de Adrián, su hermano, un hombre que intenta procesar una rabia que no puede dirigir con precisión. Le siguieron la Biznaga de Plata de Málaga a mejor actor de reparto y una nominación al Goya. Lo notable no fue el premio en sí, sino la conversación que abrió: los críticos que cubrieron La furia se encontraron revisando una filmografía que se había estado construyendo durante quince años sin llegar a consolidarse del todo en una imagen pública.

La Ruta Vol. 2: Ibiza (2025) logró algo formalmente inusual: Monner interpretó tanto a Marc Ribó en 1996 como a Manuel, el padre de Marc, en 1971, sosteniendo dos líneas temporales en la misma serie a través de dos registros distintos de aspiración, arrepentimiento y autoengaño. Es el tipo de doble papel que o bien aclara de qué está hecho un actor o bien lo oscurece bajo la dificultad técnica. En sus manos, lo aclaró.

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En 2026, Matar a un oso, en Movistar+, reconstruye la investigación real sobre la muerte de Cachou, un oso protegido asesinado en el Valle de Arán, y lo sitúa junto a Eduard Fernández y Miki Esparbé en el tipo de elenco en el que la escritura no sostiene a nadie. A quince años de trayectoria, la pregunta ya no es si Monner puede manejar material difícil. La pregunta es qué ocurre cuando la industria deja de enviarlo a la historia de otro y construye el encuadre a su alrededor.

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