Actores

Candela Peña: tres Goya y treinta años de personajes que el cine no sabía cómo vender

Penelope H. Fritz

El personaje que mejor domina Candela Peña es el de la mujer que viene sosteniendo todo y un día simplemente deja de hacerlo. Ese trazo atraviesa Princesas, La boda de Rosa y la manera en que construyó a Rosario Porto en El caso Asunta —un personaje tan deliberadamente vaciado de empatía que la actriz tuvo que reconstruirlo desde adentro para que resultara sostenible. Treinta años en el cine español interpretando mujeres que no caben en las categorías que la industria sabe administrar: ni suficientemente bellas para ser amadas sin complicaciones, ni suficientemente villanas para ser descartadas, ni suficientemente simples para ser explicadas. No es una restricción de su registro. Es la médula de su registro.

Nació y creció en Gavà, a pocos kilómetros al sur de Barcelona, hija única de Antonio y Pepa, que llegaron de Andalucía y Murcia para poner un bar en la ciudad. Esa doble herencia —forma barcelonesa, fondo andaluz— aparecería después en personajes construidos en el cruce entre origen y destino. Empezó a bailar a los cuatro años; el teatro llegó más tarde, en la escuela de Nancy Tuñón en Barcelona y después con el método Juan Carlos Corazza en Madrid, un trabajo sobre lo psicofísico que va más allá de la técnica actoral convencional. El nombre artístico Candela reemplazó al de pila, María del Pilar, cuando se incorporó a una compañía teatral —un primer gesto de reinvención que anticiparía otros más grandes.

Su debut en cine fue en Días contados en 1994, dirigida por Imanol Uribe, que le valió dos nominaciones al Goya en su primera película. Cinco años después, Pedro Almodóvar la eligió para interpretar a Nina en Todo sobre mi madre, y el papel de soporte que carga con la historia sin que se note marcó, en retrospectiva, el patrón de mucho de lo que vino después. A instancias del director, publicó en 2001 la novela Pérez Príncipe. María Dolores, sobre una generación que creyó en un futuro que se disolvió antes de llegar.

El primer Goya a mejor actriz de reparto llegó con Te doy mis ojos, el drama sobre violencia doméstica de Icíar Bollaín, donde interpretó a la hermana de una mujer que intenta dejar a un marido abusivo. La película funciona gracias a esa claridad moral —la negativa a disculpar, la paciencia con quien regresa al peligro— y Peña la ejecutó sin un rastro de condena. Dos años después, Princesas le dio el protagónico: Caye, una trabajadora sexual madrileña cuya amistad con una migrante dominicana sostiene todo el film. Fernando León de Aranoa exige calidez sin condescendencia, y Peña la entregó con tal precisión que el Goya a mejor actriz que recibió llegó tarde respecto a lo que ya era evidente.

La relación entre el cine español y Candela Peña durante los años 2000 y 2010 es donde el análisis se pone interesante. Fue reconocida —tres Goya más premios Ondas, Gaudí y Feroz— pero casi nunca ubicada en el centro comercial de nada. El tercer Goya, en 2012 por Una pistola en cada mano de Cesc Gay, fue en un film coral sobre hombres de clase media en crisis de mediana edad, donde la arquitectura dramática pertenecía íntegramente a los personajes masculinos. Esto no es una crítica al film. Es un patrón que vale la pena nombrar: tres Goya, y en los tres casos la cámara llegaba hasta ella en lugar de empezar ahí.

La televisión cambió las condiciones. Hierro, la serie de Movistar+ coproducida con ARTE France y ambientada en la isla canaria más remota del archipiélago, le dio ocho episodios por temporada para sostener una narrativa entera. Interpretó a Candela Montes, una magistrada que llega a una comunidad que le es ajena, con una autoridad y una vulnerabilidad que tenían que existir en el mismo gesto. La serie, emitida entre 2019 y 2021, le dio el Premio Feroz y confirmó lo que su mejor trabajo en cine ya dejaba ver: Peña es más completa cuando la cámara tiene tiempo de esperar.

La boda de Rosa, de nuevo con Bollaín en 2020, fue más lejos todavía. Rosa es una modista cinematográfica de cuarenta y cinco años que pasó la vida atendiendo a todos los demás hasta que decide casarse con ella misma y mudarse al sur a abrir su propio taller. El Premio Platino y el Premio Gaudí a mejor actriz llegaron en 2021, en plena pandemia, lo que le dio al gesto central de la película —decidir que la propia vida tiene prioridad— una carga adicional que nadie había previsto.

El caso Asunta, la miniserie de Netflix estrenada en abril de 2024, fue otro tipo de apuesta. El formato true crime reconstruía el asesinato en 2013 de Asunta Basterra por sus padres adoptivos en Santiago de Compostela, y le pedía a Peña que interpretara a Rosario Porto —condenada, odiada— sin ningún marco de simpatía. Estudió el acento gallego de Porto y su manera deliberadamente plana de comportarse en público, y decidió dejar al personaje sin vida interior detectable. La ausencia es la actuación. El Premio Iris de 2025 reconoció no solo el trabajo sino la negativa a ablandar lo que no tiene ablandamiento posible.

En octubre de 2011, una semana después del nacimiento de su hijo Román, murió su padre. Peña habla de esas dos fechas juntas —llegada y pérdida, el tiempo, la indiferencia del cuerpo ante la lógica emocional— como una sola compresión de todo. El nacimiento de Román y la muerte de su padre marcaron el eje alrededor del cual recalibró su relación con el oficio y con lo que está dispuesta a cargar dentro de él.

Furia, la comedia negra de HBO Max estrenada en julio de 2025 —y ya renovada por una segunda temporada— le dio a Nat, una empleada de la industria de la moda amenazada por la renovación generacional de su empresa, en un elenco de cinco mujeres de mediana edad llevadas al límite. La desconocida, el thriller de Netflix dirigido por Gabe Ibáñez y basado en la novela de Rosa Montero y Olivier Truc, se estrena el 5 de junio de 2026. Peña interpreta a la detective Anna Ripoll, a quien le toca reconstruir la identidad de una mujer amnésica encontrada en un contenedor en el puerto de Barcelona. Es el tipo de caso para el que lleva treinta años preparándose.

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