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Emily Blunt: la actriz que venció la tartamudez para dominar Hollywood

Penelope H. Fritz

Emily Blunt tartamudeaba desde los ocho años. No era una tartamudez menor: le costaba responder lista en clase, interactuar con compañeros, hablar en voz alta. Una maestra de teatro le sugirió que intentara hacerlo desde un personaje. El bloqueo se fue. Ese hallazgo — que la voz de otro puede liberar la propia — se convirtió en el mecanismo central de toda su carrera.

Creció en Roehampton, en el suroeste de Londres, la segunda de cuatro hijos de un abogado y una ex actriz reconvertida en maestra. La tartamudez acompañó su infancia hasta que la técnica del personaje la disolvió, primero en las obras del colegio, luego en el National Youth Theatre y el Festival de Edimburgo. Para cuando llegó al cine, el problema había desaparecido. Lo que quedó fue el método: habitar al personaje tan completamente que el yo propio deja de interferir.

Debutó en 2004 con My Summer of Love, película británica de escasa repercusión. Dos años después llegó lo decisivo: un Globo de Oro por la miniserie Gideon’s Daughter, y una actuación secundaria en El diablo viste de Prada que la convirtió en el personaje más recordado del reparto. Que los dos trabajos llegaran al mismo tiempo y en registros opuestos fue un aviso de lo que vendría.

Durante diez años, Blunt desmontó metódicamente la categoría de actriz cómica que su rol en El diablo viste de Prada amenazaba con fijarle. La joven Victoria (2009) pedía gravedad histórica. Al filo del mañana (2014) la colocó como heroína de acción de manera convincente. Sicario (2015), de Denis Villeneuve, le exigió sostener una pasividad activa durante toda la película, sin apoyarse en ningún recurso teatral fácil.

El momento de quiebre colectivo fue Un lugar en silencio (2018). La película, codirigida por su esposo John Krasinski, eliminaba casi todo el diálogo y le pedía que sostuviera un thriller de terror solo con el cuerpo y la expresión. Recaudó 340 millones de dólares con un presupuesto de 18 millones. El regreso de Mary Poppins ese mismo año probó que el cambio de género era total. La nominación al Oscar por Oppenheimer (2024) fue el reconocimiento formal de algo que era evidente desde hacía quince años.

Lo que el historial de premios pierde de vista es que las elecciones más interesantes de Blunt han sido frecuentemente las menos premiadas. Sicario no fue favorita de temporada. Al filo del mañana era una película de acción. Un lugar en silencio fue analizada en términos de premisa narrativa más que de disciplina actoral. El patrón se repite: entre más desaparece en el personaje, más invisible se vuelve la actuación para quienes reparten reconocimientos.

El diablo viste de Prada 2, estrenada en mayo de 2026, la regresó al papel que la lanzó, pero con la distancia de veinte años convertida en material dramático. La película abrió con 233.6 millones de dólares de primera semana. Tres semanas después llega Disclosure Day, el thriller de ciencia ficción de Steven Spielberg donde interpreta a una meteoróloga de Kansas City envuelta en una conspiración extraterrestre.

El 30 de abril de 2026 recibió su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood junto a Stanley Tucci. Está casada con John Krasinski desde 2010, tienen dos hijos, y una tercera entrega de Un lugar en silencio está en desarrollo. La carrera de Blunt no se deja resumir fácilmente. Eso, también, es parte del argumento.

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