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Katie Boulter, la tenista británica que cayó del top 100 y volvió a levantar un trofeo

Penelope H. Fritz
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Katie Boulter
Nacimiento1 de agosto de 1996
Woodhouse Eaves, England
OcupaciónTenista profesional

La carrera de Katie Boulter tiene una geografía difícil de ignorar. Los dos títulos en Nottingham y aquella tarde en Queen’s Club, cuando eliminó a la número dos del mundo, llegaron sobre césped, en Inglaterra, en un lapso de unas cuantas semanas de junio; también allí consiguió sus primeras victorias ante jugadoras del top 10, las que hicieron que el público británico aprendiera su nombre. La mayor parte del año tenístico se juega en otros lugares. La pregunta que su carrera plantea una y otra vez es si una jugadora que resulta más peligrosa en las canchas de césped de su país puede mantenerse entre las 30 mejores del mundo durante las otras cuarenta y tantas semanas y, después de una temporada en la que salió del top 100, si puede volver a escalar sin que el césped haga el trabajo por ella.

Es originaria de Woodhouse Eaves, un pueblo en la campiña de Leicestershire, y empezó a pelotear de niña en una cancha local, a la vuelta de su casa, sobre todo para vencer a su hermano mayor. Su abuelo, Brian Gartshore, ingeniero mecánico a quien se le atribuye la invención de las etiquetas antirrobo que se sujetan a la ropa en las tiendas, se convirtió en una presencia fija en las gradas.

La trayectoria juvenil de una niña nacida el 1 de agosto de 1996 avanzó rápido: ganó el Lemon Bowl de Roma a los 11 años, llegó a la final del Junior Orange Bowl de Florida a los 14, entró entre las diez mejores juveniles del mundo y disputó la final de dobles femeninos del Abierto de Australia, ambos hitos en 2014. El cuerpo tardó más en responder. En la adolescencia le diagnosticaron síndrome de fatiga crónica, y desde entonces ha contado que debía ser cuidadosa con la cantidad de entrenamiento que podía soportar. En 2018 llegó a sus primeros cuartos de final en el circuito, en Nottingham, y a la segunda ronda de Wimbledon, donde Naomi Osaka la derrotó. En la primavera siguiente, mientras jugaba por Gran Bretaña en la Copa Federación, sufrió una fractura por estrés en la columna que la dejó fuera el resto de 2019. Pasó recuperándose buena parte de los años en que la mayoría de las jugadoras acumula puntos para el ranking.

El cambio llegó en el verano de 2022. En Eastbourne venció a Karolína Plíšková, entonces número siete del mundo, y consiguió su primera victoria ante una jugadora del top 10. Días después volvió a derrotar a Plíšková en Wimbledon, dos días después de la muerte de su abuela Jill. La victoria la llevó por primera vez a la tercera ronda de un Grand Slam.

Las dos temporadas siguientes construyeron su posición en el ranking. En junio de 2023 se convirtió en la número uno británica y ganó su primer título de la WTA en Nottingham, tras vencer a Jodie Burrage en la primera final íntegramente británica del circuito desde 1977. En 2024 conquistó el título más importante de su carrera en el San Diego Open, un torneo WTA 500: derrotó a Beatriz Haddad Maia, Donna Vekić y Emma Navarro antes de vencer a Marta Kostyuk en la final. Después defendió el título de Nottingham al vencer a Emma Raducanu y Karolína Plíšková en una misma jornada comprimida por la lluvia y, en noviembre, tras llegar a las semifinales en Tokio y a la final en Hong Kong, donde ganó Diana Shnaider, alcanzó el puesto número 23 del mundo.

Ese último dato complica la versión simplificada de su historia. El cliché la encasilla como una especialista en césped que aprovecha las invitaciones de los torneos británicos, pero su ascenso hasta el mejor ranking de su carrera pasó por las canchas duras de California y Asia Oriental. La debilidad que el cliché no ve está en otro lado: en individuales de Grand Slam nunca ha superado la tercera ronda y, en los cuatro grandes de 2026, ganó apenas dos partidos en total. También influye la manera en que se la presenta. Desde que se hizo pública su relación con el tenista australiano Alex de Minaur, los titulares suelen describirla como la mitad de una pareja de tenistas, incluso en días en que el resultado fue mérito exclusivamente suyo. La atención del público también tiene un lado más oscuro. En 2025 le dijo a la BBC que, después de un partido en Roland Garros, había recibido amenazas contra su familia; una de ellas mencionaba la tumba de su abuela. También dijo que creía que buena parte de los insultos provenía de personas que habían perdido dinero apostando por ella.

La temporada de 2025 puso a prueba todo lo que había construido en las dos anteriores. Una lesión en el pie la mantuvo fuera en febrero. En París ganó su primer título sobre arcilla, en el WTA 125 Trophée Clarins, y su primer partido en Roland Garros, pero en junio perdió el puesto de número uno británica que había ocupado durante dos años. A una victoria sobre Paula Badosa en Wimbledon le siguió una racha de derrotas tempranas durante el verano norteamericano y su retiro por lesión en Hong Kong. Para noviembre era la número 100 del mundo y la cuarta entre las británicas, y terminó el año en el puesto 106. Puso fin a su relación de tres años con la entrenadora Biljana Veselinovic y comenzó 2026 con Michael Joyce, quien entrenó a Maria Sharapova en el pasado.

La respuesta llegó pronto y no fue sobre césped. En febrero ganó el Ostrava Open, un torneo bajo techo en cancha dura en la República Checa: remontó un set para vencer a Tamara Korpatsch por 5-7, 6-2 y 6-1, conquistar su cuarto título de la WTA y regresar al top 100. Después, como invitada y ubicada en el puesto 73 del ranking en Queen’s, venció a Leylah Fernandez, terminó el viernes por la mañana un partido contra Jaqueline Cristian que la lluvia había interrumpido y derrotó esa misma tarde a la primera cabeza de serie, Elena Rybakina: la mejor victoria de su carrera por ranking. Donna Vekić la frenó en semifinales. Dos semanas después, en Wimbledon, perdió en la primera ronda ante la clasificada Tyra Grant y lloró durante su conferencia de prensa.

El 12 de julio de 2026, ella y de Minaur, comprometidos desde diciembre de 2024, se casaron en una pequeña iglesia de Woodhouse, junto al pueblo donde ella creció, mientras la mayoría del tenis británico veía la final masculina de Wimbledon. La fecha no fue casual. Su abuelo vivía con demencia y la familia quería que estuviera presente; su madre la acompañó hasta el altar y Brian Gartshore la esperaba allí para entregarla. Más tarde celebraron con una fiesta más grande en Toscana. En octubre, él murió, la semana anterior a que ella perdiera en la primera ronda de Wuhan ante Diana Shnaider, una jugadora que ya la ha vencido tres veces en tres años.

Esta semana, ubicada en el puesto 58 del mundo, ganaba por un set y 3-1 a la invitada Himeno Sakatsume en el Japan Open de Osaka cuando la lluvia detuvo el partido. Al día siguiente regresó para cerrar la victoria por 6-3 y 6-1; ahora le espera Viktorija Golubic, de Suiza. En enero, el circuito se trasladará a Australia, el país de su esposo, y con ello llegará la parte del calendario en que la pregunta sobre ella nunca ha tenido respuesta definitiva: cómo juega Katie Boulter cuando todavía faltan once meses para volver al césped.

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