Arte

Peter Doig, el pintor de las canoas millonarias que tuvo que negar un cuadro ante un juez

Penelope H. Fritz
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Peter Doig
Peter Doig
Photo: Honkadori / CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons
Nacimiento17 de abril de 1959
Edinburgh
OcupaciónPintor
PremiosPremio de Pintura John Moores · Praemium Imperiale

Durante casi una década, el pintor más cotizado de su generación tuvo que seguir demostrando que algo no había ocurrido. Un exoficial penitenciario de Canadá tenía un paisaje desértico firmado con un nombre que llevaba una letra más que el de Peter Doig, y quería que un tribunal federal de Chicago declarara que Doig lo había pintado. Doig dijo que nunca lo había hecho. El caso parecía absurdo, pero tocaba el corazón de lo que su nombre había llegado a representar: una firma que el mercado deseaba tanto que estaba dispuesto a atribuírsela a un lienzo que él jamás había tocado.

La ironía es que sus pinturas nunca han tratado sobre la propiedad. Doig pinta lugares que se resisten a pertenecerle a alguien: una canoa a la deriva en un lago cuyos reflejos parecen venir de otra noche, una casa modernista medio devorada por un barranco, un conjunto habitacional de Le Corbusier que se vislumbra por partes entre los árboles. Trabaja a partir de fotografías, postales, fotogramas de películas y portadas de discos; un método que alguna vez describió como pintar «por intermediarios». El resultado son imágenes que parecen recuerdos demasiado manoseados. Desplazadas es la palabra exacta para describirlas, y también el resumen más breve de su vida.

Escocia lo reclamó primero, aunque por poco tiempo. Nació en Edimburgo el 17 de abril de 1959 y, antes de cumplir cuatro años, su familia ya vivía en Trinidad, donde su padre trabajaba para una empresa naviera y comercial. En 1966 volvieron a mudarse, esta vez a Canadá, y el invierno canadiense, con sus estanques congelados, sus pistas de esquí y sus largos silencios blancos, terminaría poblando sus primeros lienzos importantes. Después de estudiar en un internado en Escocia y trabajar un tiempo en una plataforma petrolera en el oeste de Canadá, se mudó a Londres, donde estudió en la Wimbledon School of Art y, luego, en la Saint Martin’s School of Art, entre 1980 y 1983.

El giro decisivo llegó al final de esa década. Tras trabajar a tiempo parcial como vestidor en la English National Opera, cursó una maestría en la Chelsea School of Art en 1990 y ganó el Whitechapel Artist Prize, que le permitió presentar una exposición individual en la Whitechapel Art Gallery en 1991. La muestra incluyó Swamped y The Architect’s Home in the Ravine, la casa modernista de Eberhard Zeidler en un barranco de Toronto. En 1993, Blotter obtuvo el primer premio en la exposición John Moores de Liverpool; en 1994 llegó una nominación al Turner Prize y, de 1995 a 2000, fue miembro del consejo de administración de la Tate.

El edificio que transformó su obra llegó a él a través del trabajo manual. En 1991 se unió a La Première Rue, un grupo de arquitectos y artistas que restauraba la Unité d’Habitation de Le Corbusier en Briey-en-Forêt, en el noreste de Francia, y pasó días raspando la pintura y el barniz viejos de sus interiores. Se dio cuenta de que las fotografías que había tomado del edificio se parecían a pinturas que ya había realizado. De ese hallazgo surgió la serie Concrete Cabin, en la que el edificio solo se ve en fragmentos, entre troncos y hojas. De la misma costumbre nació Canoe-Lake, cuya escena tomó prestada de la película de terror Viernes 13. En 2008, la Tate Britain le dedicó una retrospectiva que luego viajó a París y Fráncfort.

En 2000, Chris Ofili lo invitó a una residencia artística en Trinidad y, dos años más tarde, Doig regresó a la isla que había dejado de pequeño. Allí instaló un estudio en el Caribbean Contemporary Arts Centre, cerca de Puerto España. El Caribe se abrió paso en sus pinturas y también le brindó un proyecto social. Desde 2003, él y el pintor trinitense Che Lovelace organizaron StudioFilmClub, una proyección semanal en el estudio para la que Doig pintaba un cartel por cada película; un trabajo que, según dijo, le resultaba «mucho más inmediato» que sus lienzos. Hasta 2017 también dio clases en la Kunstakademie de Düsseldorf. Junto con Derek Walcott creó Morning, Paramin, un libro publicado en 2016 en el que el poeta escribió en respuesta a sus pinturas. En 2013, No Foreign Lands, su primera gran exposición en Escocia, abrió sus puertas en la Scottish National Gallery de Edimburgo.

El problema crítico con Doig nunca han sido sus pinturas. Ha sido el dinero. En 2007, White Canoe se vendió en Sotheby’s por 11,3 millones de dólares, entonces un récord de subasta para un artista europeo vivo. Paul Schimmel, curador en jefe del Museum of Contemporary Art de Los Ángeles, dijo que la venta lo había convertido de «un héroe para otros pintores» en «la imagen emblemática de los excesos del mercado». Los precios siguieron subiendo. Rosedale alcanzó los 28,8 millones de dólares en Phillips en 2017, y Swamped se vendió por unos 39,9 millones en Christie’s, en Nueva York, en 2021. Las pinturas sobre la fragilidad de la memoria ahora circulan entre los activos más líquidos del arte contemporáneo, y su quietud queda ahogada por sus precios.

El caso de Chicago mostró ese apetito en su forma más cruda. Robert Fletcher, quien había trabajado en el Thunder Bay Correctional Centre de Ontario, demandó en 2013 junto con la Bartlow Gallery por un paisaje firmado «Pete Doige 76», y afirmó que Doig lo había pintado cuando estaba preso allí. En agosto de 2016, tras un juicio de ocho días, el juez Gary Feinerman determinó que Doig «definitivamente no lo había pintado» y que su autor era otro hombre, Peter Edward Doige. Más tarde, el tribunal ordenó a Fletcher, a la galería y a su abogado pagar 2,5 millones de dólares en sanciones, y en julio de 2025 el tribunal federal de apelaciones confirmó la decisión.

Doig dejó Trinidad y se mudó a Londres en 2021; desde entonces, su obra se ha vuelto más suelta y abiertamente musical. Su exposición de 2023 en la Courtauld Gallery, la primera de un artista contemporáneo desde la remodelación de la galería, reunió nuevas pinturas londinenses como Music Shop y House of Music (Soca Boat). Después, el Musée d’Orsay colgó sus grandes lienzos, entre ellos Two Trees, junto a una selección de obras de su propia colección que él mismo eligió. En 2025 recibió el Praemium Imperiale de Japón en la categoría de pintura y, en octubre de ese año, Ski Jacket encabezó la venta nocturna de Christie’s en Londres, con un precio de 14,27 millones de libras. House of Music, presentada en Serpentine South entre octubre de 2025 y febrero de 2026, fue la primera exposición en la que sus pinturas estuvieron acompañadas de sonido: discos y casetes de su colección personal, reproducidos en parlantes de cine Klangfilm de los años cincuenta, restaurados.

Esta primavera, la Fondation Le Corbusier lo acercó de nuevo al arquitecto que estuvo detrás de su primera serie de madurez. De abril a mayo de 2026, unas quince obras, varias de ellas nunca antes exhibidas, se colgaron en la Maison La Roche de París, la casa que Le Corbusier y Pierre Jeanneret construyeron en la década de 1920. La pregunta que su trayectoria no ha dejado de plantear desde los estanques congelados de su infancia canadiense sigue siendo la misma: si un lugar visto a través de la fotografía de otra persona puede llegar a ser alguna vez propio. Doig responde con pinturas, y hasta ahora nunca ha respondido con un hogar.

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