Directores

Robert Rodriguez y los siete mil dólares que cambiaron el cine independiente

Penelope H. Fritz

Siete mil dólares, catorce días, una cámara prestada y un amigo de la infancia como protagonista. Así filmó Robert Rodriguez El Mariachi en Acuña, México, con dinero que ganó como voluntario en un programa de investigación médica pagada en San Antonio. Cuando esa película ganó el Premio del Público en Sundance y Columbia Pictures la compró, Rodriguez tenía más que un debut: tenía un método. El del cineasta que no espera permiso del sistema para trabajar.

Nacido en San Antonio, Texas, Rodriguez es el quinto de diez hijos de una familia mexicano-americana. Su padre compró un videocasete cuando él tenía unos doce años, y ese aparato se convirtió en su primera escuela de cine. A los trece ya filmaba en Super-8 con sus hermanos. La universidad de Texas rechazó su solicitud al programa de cine por notas insuficientes. Él siguió filmando de todas formas.

Lo que construyó en esos años no era una carrera convencional: era una metodología. Identificó exactamente qué cobertura necesitaba cada escena —y descartó todo lo demás—. Ese sistema, que luego llamó la filmación con tarjeta de índice y publicó en Rebel Without a Crew, se convirtió en el manual de cabecera de una generación de cineastas independientes. El Mariachi llegó a Sundance en 1993. Después vinieron Desperado con Antonio Banderas y Salma Hayek, y Del ocaso al amanecer con guión de Quentin Tarantino, con quien forjó una amistad creativa duradera.

En 2001, Rodriguez sorprendió a todos con Spy Kids: una película familiar construida alrededor de sus propios hijos, rodada en Texas. Recaudó casi 148 millones de dólares en todo el mundo. Rodriguez la describió como un proyecto íntimo. Sus críticos la vieron como una traición al cineasta de género que habían celebrado. Él nunca entendió la contradicción: para Rodriguez, hacer una película de vampiros y hacer una película para niños son el mismo acto creativo, con diferentes coordenadas.

En 2005 renunció al Sindicato de Directores de América antes que aceptar que Frank Miller —su codirector en Sin City— no apareciera en los créditos como tal. El sindicato tenía reglas que lo impedían. Rodriguez prefirió irse. Sin City recaudó más de 158 millones de dólares fuera del marco sindical. El sistema la absorbió sin inmutarse. A Rodriguez le siguió contratando.

En los años siguientes, Rodriguez fundó El Rey Network en 2013, la primera cadena de cable de propiedad latinoamericana en Estados Unidos. Dirigió Alita: Ángel de combate en 2019 —producción de James Cameron basada en el manga japonés de Yukito Kishiro— y We Can Be Heroes para Netflix en 2020. En 2023, un reinicio de Spy Kids llegó a Netflix con reparto completamente nuevo.

En mayo de 2026, presentó con su socio Alexis Garcia un catálogo de cinco proyectos a través de Brass Knuckle Films en el mercado de Cannes, incluidas tres películas originales propias y un proyecto con Jessica Alba y Michael Peña. Prepara también una colaboración con James Cameron diseñada para rodarse en diecisiete días y The Naughty List, su primer largometraje animado, para Paramount.

El 20 de junio de 1968 nació en San Antonio el quinto de los diez hijos de Cecilio y Rebecca Rodriguez. Su segundo primo es Danny Trejo. Estuvo casado con la productora Elizabeth Avellán de 1990 a 2006; ella sigue siendo copropietaria de Troublemaker Studios, la empresa de producción en Austin desde donde Rodriguez dirige, edita, compone y gestiona los efectos visuales de sus películas.

Tres décadas después de aquel ensayo clínico en San Antonio, Rodriguez sigue describiendo sus proyectos en los mismos términos: rápido, ligero, sin pedir permiso. Si eso es independencia real o es el lenguaje que mejor vende la independencia en Hollywood, es una pregunta que su trabajo plantea cada vez que arranca un nuevo proyecto.

Etiquetas: , , ,

Discussion

There are 0 comments.