Música

Wolfgang Amadeus Mozart, el niño más talentoso de Europa que murió sin dinero y sin escuchar su última obra

Penelope H. Fritz

En los últimos meses de su vida, Wolfgang Amadeus Mozart componía una misa de difuntos por encargo de un hombre que pretendía presentarla como propia. El mensajero llegó a su puerta en Viena vestido con una capa gris; solo años después se supo que representaba a un noble menor que quería conmemorar a su esposa muerta con una obra que firmaría él mismo. Mozart aceptó. Necesitaba el dinero, como casi siempre durante su vida adulta. Su esposa Constanze contó después que él llegó a creer que estaba escribiendo su propio réquiem.

Nació el 27 de enero de 1756 en Salzburgo —entonces sede de un arzobispo con poder de príncipe—, el más joven de los hijos supervivientes de Leopold Mozart y Anna Maria Pertl. Su padre era músico y reconoció desde el principio lo que tenía enfrente: a los cinco años, Wolfgang tocaba y componía al teclado; a los seis, Leopold lo llevó de gira por Europa.

La gira de 1763 a 1766 recorrió las cortes de Luis XV en Versalles y Jorge III en Londres, y pasó por Múnich, Fráncfort, Ámsterdam y Zúrich. Leopold presentaba a su hijo como un fenómeno sin precedente: tocaba con los ojos vendados, leía partituras a primera vista, improvisaba ante el público. El problema fue que ninguna de esas demostraciones se tradujo en un empleo estable. Esa dificultad definiría los siguientes quince años de su vida.

En la corte de Salzburgo bajo el arzobispo Colloredo, Mozart compuso a ritmo vertiginoso pero ganó poco y recibió trato de sirviente. En 1781, cuando el chambelán del arzobispo lo echó literalmente a patadas, Mozart se instaló en Viena y no volvió a Salzburgo nunca más.

La década vienesa fue la más creativa de su vida. Los conciertos para piano de los años 1784 a 1786 llevaron el género a un nivel de profundidad dramática que Beethoven absorbería directamente. Las tres óperas con Lorenzo Da Ponte —Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y Così fan tutte— pusieron al humor y a la psicología en el mismo plano. En Las bodas de Fígaro, las arias de la Condesa son el corazón emocional de una obra que podría prescindir de ellas. Mozart no estaba dispuesto a prescindir de nada.

La película Amadeus de 1984 instaló en el imaginario colectivo la idea de que Mozart fue envenenado por la envidia de su rival Salieri. Esa historia no tiene base histórica: Salieri vivió 33 años más que Mozart y no existe documentación de culpabilidad de su parte. Lo que la película sí esconde es el cuadro real: Mozart debía dinero de forma crónica. Las cartas a su amigo masón Michael Puchberg documentan años de peticiones de préstamos urgentes. Fue mudando a apartamentos cada vez más pequeños conforme las deudas crecían, sin por eso dejar de componer a velocidad acelerada. Fue el más productivo y el más precario al mismo tiempo.

En el verano de 1791 trabajaba en varios proyectos a la vez. La flauta mágica se estrenó en septiembre con éxito inmediato. La clemenza di Tito la terminó en dieciocho días. El Concierto para clarinete en la mayor llegó en octubre. Para el 20 de noviembre estaba postrado con fiebre alta, extremidades hinchadas y vómitos. Murió el 5 de diciembre de 1791. Tenía 35 años. La causa oficial fue fiebre miliar; los médicos que lo estudiaron después proponen infección estreptocócica, nefritis, fiebre reumática. No hay acuerdo.

Franz Xaver Süssmayr completó el Réquiem con los bocetos que quedaron. Cuatro de las once óperas más representadas en el mundo son de Mozart. Los 626 títulos del catálogo Köchel se interpretan más que ningún otro corpus de música clásica occidental. El Réquiem que encargó un noble anónimo para apropiárselo nunca fue escuchado por quien lo escribió.

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