Ciencia

James Webb encontró un planeta que amanece con nubes de roca y anochece despejado

Peter Finch

El cielo de la mañana en WASP-94A b está lleno de nubes. Cuando ese mismo aire gira hacia el lado de la noche, las nubes ya desaparecieron. Y no son de agua ni de hielo: son de roca. Magnesio y silicio que el calor vaporiza y que se condensan en una bruma mineral que se arma al amanecer y se borra al anochecer.

Esa diferencia es el hallazgo. Por primera vez, un equipo que usa el telescopio espacial James Webb leyó el clima de las dos caras opuestas de un planeta fuera del sistema solar y las encontró completamente distintas. Un hemisferio fabrica nubes; el otro las disuelve.

WASP-94A b es un gigante gaseoso que está a unos 700 años luz, en la constelación austral del Microscopio. Es de la familia de los júpiteres calientes: enormes, gaseosos y tan cerca de su estrella que su año dura apenas unos días terrestres. La cara de día pasa los 500 grados Celsius, suficiente para sostener en el aire elementos pesados convertidos en vapor. Donde ese vapor se enfría, se condensa en partículas de silicato —el material de la arena y la roca— y esas partículas forman las nubes.

El Webb no fotografió nada de esto. Cuando el planeta pasó delante de su estrella, el telescopio separó la luz que se filtra por los bordes de la atmósfera, una vez donde el mundo pasa de la noche al día y otra donde pasa del día a la noche. El borde de la mañana traía la firma de la nube mineral; el de la tarde volvió más limpio. Las mismas mediciones mostraron que el aire tiene unas cinco veces más oxígeno y carbono que Júpiter, una pista de cómo y dónde nació el planeta.

Una lectura así es una inferencia, no una foto. El mapa de nubes depende de modelos de atmósfera que convierten un espectro en temperaturas, química y tamaños de partícula, y distintos modelos pueden no coincidir en los bordes. Es un solo planeta, visto en pocos tránsitos, y ese clima disparejo va a necesitar nuevas observaciones antes de darse por seguro. Lo que los datos muestran sin dudas es que las dos caras no son iguales.

El resultado importa más allá de este mundo raro. Casi todas las mediciones del aire de un exoplaneta lo tratan como una bola pareja. WASP-94A b muestra que esa idea puede esconder un planeta partido en mitades opuestas, y que los mapas de clima que empiezan a dibujarse para otros mundos quizá estén mezclando climas que no tienen nada que ver.

El equipo va a usar el mismo método en otros júpiteres calientes y a comparar el cielo de la mañana con el de la noche en varios planetas, para saber si esta capa de nubes de un solo lado es una rareza de WASP-94A b o algo común en los mundos que giran demasiado cerca de su estrella.

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