Negocios y Finanzas

Europa cedió sus aranceles a EEUU; Washington cobró el 15% a cambio y el acero al 50%

Victor Maslow

El marco arancelario que las empresas europeas planearon durante casi un año se volvió ley comercial real a principios de julio, cuando un gravamen del 15% empezó a aplicarse a la mayor parte de los bienes que Europa vende en Estados Unidos: autos, fármacos, semiconductores y maquinaria industrial. El acuerdo, presentado por los negociadores de ambas partes como una restauración de la certeza comercial, tiene incorporada una asimetría estructural que sus críticos anticiparon desde el principio.

Las consecuencias son concretas. La industria automotriz alemana, que exporta unos 700.000 vehículos por año al mercado estadounidense, enfrenta ahora un costo fijo en cada embarque que no puede pausarse ni cubrirse con instrumentos financieros. El sector farmacéutico irlandés —uno de los principales proveedores de medicamentos a hospitales estadounidenses— renegoció contratos para asumir un gravamen que sus competidores en India y Corea del Sur no pagan. Los exportadores italianos de maquinaria y alimentos, que presionaron contra el acuerdo durante las negociaciones, operan ahora bajo los términos que advirtieron.

El acuerdo hace explícito el intercambio: la Unión Europea eliminó todos los aranceles sobre los productos industriales de EEUU. Washington aplica un tipo plano del 15% a la mayoría de las exportaciones europeas y excluyó por completo el acero, el aluminio y el cobre, que siguen al 50% bajo la Sección 232. La UE hizo una concesión total; EEUU hizo una parcial.

El Centro de Estudios de Política Europea (CEPS) advirtió antes de la firma que el acuerdo ofrece alivio temporal pero dolor a largo plazo, ya que consolida una desventaja estructural sin mecanismo de renegociación. La federación industrial alemana BDI estimó que el acuerdo suma unos 7.000 millones de euros en costos anuales a los exportadores alemanes. Los sectores que más buscaron exclusiones —automotriz, farmacéutico, semiconductores— no las obtuvieron.

Para América Latina el escenario es indirecto pero relevante: cuando la UE pierde competitividad exportadora en EEUU, el empuje europeo hacia acuerdos comerciales alternativos —incluido el acuerdo UE-Mercosur, aún pendiente de ratificación— se vuelve más urgente. La presión tarifaria sobre Europa incentiva que Bruselas consolide otros mercados para compensar el encarecimiento de sus ventas a EEUU.

La primera medición real de cuánto cuesta este acuerdo llegará cuando las empresas europeas reporten resultados del tercer trimestre en octubre. Las automotrices alemanas presentarán sus números del segundo trimestre a finales de julio —los primeros que incluirán partidas arancelarias reales, no estimaciones.

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