Críticas

El Poder de la Ambición: cuando McConaughey dejó de ser guapo para ser verdadero

Jun Satō

El primer dato que golpea en El Poder de la Ambición no es el diálogo ni la música: es la panza de Matthew McConaughey. El actor llegó al rodaje con veinte kilos de más, pelón, con los dientes amarillos, y entró a cuadro de un modo que ya anuncia todo lo que vendrá. Stephen Gaghan tomó una decisión poco frecuente: contrató a uno de los actores más atractivos de Hollywood y le pidió que se volviera antiestético. Porque Kenny Wells —el prospector soñador que protagoniza el filme— es un hombre al que ya lo está comiendo vivo aquello que persigue. El cuerpo lo dice antes que las palabras.

La película se alimenta del escándalo Bre-X, uno de los fraudes financieros más grandes de la historia canadiense: una empresa minera que aseguró haber descubierto enormes depósitos de oro en Borneo, Indonesia, infló su valor bursátil a miles de millones y se desplomó cuando se descubrió que todo era falsificación. En la versión de Gaghan, Wells y el geólogo Michael Acosta (Edgar Ramírez) se internan en la selva, encuentran lo que parece el hallazgo de sus vidas y ven cómo bancos, inversionistas y funcionarios llegan a reclamar su tajada. La trampa está armada desde el principio: el espectador intuye que algo falla mucho antes de que los personajes lo descubran.

La fotografía de Robert Elswit convierte la selva indonesia —recreada principalmente en Tailandia— en algo más que escenografía. La densidad del ambiente sugiere ocultamiento. La luz apenas penetra. Cada toma argumenta que lo más importante de este lugar está escondido, y que meterse aquí es una decisión tomada en contra de la razón. No son los trópicos épicos del cine de aventuras clásico. Son un entorno que se niega a favorecer la ambición humana.

McConaughey domina la película. Construye a Wells no como un pícaro simpático sino como algo menos cómodo: un hombre que se tiene una fe ciega que superó hace mucho cualquier evidencia real. La transformación física tiene una lógica precisa: Wells no debería ser alguien en quien invertir. El logro es que McConaughey logra que el espectador invierta de todas formas, a través de la calidad de su necesidad, la textura de su deseo. Es una de sus mejores actuaciones, entregada en una película que pasó casi inadvertida en su momento.

El reparto de apoyo queda en segundo plano. Bryce Dallas Howard le da a Kay una presencia que el guion no le merece; Edgar Ramírez sostiene el giro estructural de la trama con autoridad silenciosa. El Poder de la Ambición recaudó menos de su presupuesto, duró poco en cartelera y se convirtió en esa clase de película que la gente descubre años después y recomienda en voz baja. No es un filme perfecto —el guion tiene baches—, pero su honestidad visual y la entrega absoluta de su protagonista son difíciles de ignorar.

Dirección

Stephen Gaghan
Photo via The Movie Database (TMDB)

Stephen Gaghan

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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