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Hayden Panettiere murió a los 36: “Ya no hay mucho que de verdad pueda sacudirte”

Molly Se-kyung

Hayden Panettiere decía las cosas más difíciles sin rodeos. Ese siempre fue su instinto: tomar lo peor que le había ocurrido y ponerlo en palabras que otros pudieran sostener. Ahora que ya no está, una de esas frases vuelve a leerse, y ya no suena como sonaba cuando ella la pronunció.

“Porque cuando algo tan horrible, tan profundo, tan catastrófico sucede en tu vida, no hay mucho que realmente pueda sacudirte”.

Se lo dijo a People hace dos años, al hablar de la muerte de su hermano menor, Jansen, una pérdida que describió como perder la mitad de su alma. Variety recordó la frase esta semana en su cobertura de su propia muerte. Leída literalmente, es un lema sobre la fortaleza, la calma de quien sobrevive: la prueba de que una persona puede atravesar una catástrofe y salir de pie.

Nunca fue tan simple. La misma mujer que dijo que nada podía sacudirla también habló, en ese mismo momento de franqueza, sobre la agorafobia que la mantenía en casa, el peso que llegó con el duelo, el largo trabajo de reconstruir un yo que la pérdida había deshecho. La frase no era una armadura. Era un mapa de todo lo que ya le había tocado cargar.

Esa es la parte que vale la pena conservar. Panettiere fue una estrella infantil que se convirtió en estrella adulta —Claire Bennet en ‘Heroes’, Juliette Barnes en ‘Nashville’, Kirby Reed en ‘Scream’— y que, de manera inusual para alguien que creció frente a las cámaras, se negó a representar invulnerabilidad. Procesó sus pérdidas en voz alta. Dejó que la gente la viera desmoronarse y luego, lentamente, volver a sostenerse. La cita impacta porque fue ganada, no porque fuera fácil.

Fue encontrada inconsciente en una vivienda de Greenville, Carolina del Sur, y declarada muerta a los 36 años; su representante lo confirmó, y su padre, Skip Panettiere, la llamó “una luz increíble y una fuerza de la naturaleza”. La policía no ha reportado indicios de un crimen, y la causa de muerte aún está por determinarse. Esos son los únicos hechos, y sería una traición a la cautela con la que ella hablaba ir más allá de ellos en busca de una historia más ordenada.

La resiliencia suele venderse como una meta: algo a lo que llegas y que luego puedes conservar. Sus palabras describen algo más áspero y más honesto: no la inmunidad al dolor, sino una recalibración de este, la dura claridad de alguien que ya sobrevivió a lo peor y sabe con precisión cuánto valen las pequeñas cosas. Ofreció esa claridad a cualquiera que la necesitara, que era lo más propio de Hayden Panettiere que podía hacer.

Nada podía sacudirla, dijo. Lo que quiso decir, al final, fue que ya había sido derribada y que había aprendido, cada vez, a volver a ponerse de pie.

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